19 de noviembre de 2013

«Los misterios de Madrid» – Breve apunte

Los Misterios de Madrid es una obra del escritor Antonio Muñoz Molina. Esta novela es el producto de un encargo que realizo el periódico El País. Se publicó por entregas entre el once de agosto y el siete de septiembre de 1992. Esta considerada como una obra menor, tanto por su extensión como por su profundidad literaria. 

 A pesar de estos factores y aunque la consideremos como una obra sencilla y ligera, encierra en su interior, como no podíamos esperar menos de este autor, una serie de elementos muy interesantes. Cuando apareció esta obra en El País provocó opiniones y críticas encontradas. Sus detractores vieron en esta novela un intento del autor por buscar la inspiración perdida. Vaticinaron que Muñoz Molina no volvería a escribir ninguna gran obra. 

Afortunadamente para sus lectores estos malos augurios no se cumplieron, pudiendo sus lectores disfrutar con posterioridad de grandes obras como Plenilunio o Ardor Guerrero. Por descontado, que la obra también encontró lectores y críticos que la acogieron con gusto. Que disfrutaron leyendo una novela más ligera de Muñoz Molina pero, sin duda, con su calidad de siempre. 


La obra comienza con la llegada a Madrid de su protagonista, Lorencito Quesada, para realizar un encargo de un aristócrata de Mágina, ciudad de provincias de donde es natural Lorencito, Don Sebastián Guadalimar, para intentar recuperar la imagen del Cristo de la Greña, que había sido robada, según todos los indicios, por Matías Antequera, cantante flamenco, también, natural de Mágina. Lorencito acude a Madrid como reportero del periódico provincial Singladura. A lo largo de esta aventura se verá envuelto en todo tipo de esperpenticas situaciones. La obra se presenta en forma de folletín y es una parodia de la situación Española del momento en el que se publicó. Tiene algunas características cervantinas y la parodia está claramente presente. Como en Cervantes esta es ácida y provoca algunas veces la risa y otras la sensación de estar presenciando un esperpento. Como es habitual en las novelas por entregas tiene los ingredientes de muertes, misterios, desapariciones, amores etc. 

Como en cualquier folletín, Lorencito se verá en un principio solo frente a todas las peripecias de su aventura, pero finalmente aparecerá un amor, Olga, bailarina, que resultará, naturalmente, hija de la condesa. Su lenguaje es sencillo y poco elaborado, lleno de expresiones tópicas que consiguen darle ese aire paródico que el autor deseaba imprimirle a la obra. Para entender esta novela debemos situarnos en la España de principios de los noventa, en la que tuvieron lugar una serie de acontecimientos como la Expo de Sevilla, Las Olimpiadas de Barcelona, Madrid Capital Cultural etc. Así cómo también todos los casos de corrupción y el comienzo de la llamada «Cultura del Pelotazo» Algunos de sus personajes son producto de la cultura anterior como Sebastián Guadalimar o Lorencito Quesada y otros claramente de la nueva situación como J.D. Y Pepín Godino. 

En esta obra Muñoz Molina no quiere parodiar a la Semana Santa sino a las falsas exageraciones que para el autor suponen un lastre en el desarrollo de la sociedad española. Lo más destacable e interesante de la novela, Los Misterios de Madrid, es el estudio de sus personajes y escenarios. Como ya ha declarado el autor y el lector podrá comprobar, los personajes y escenarios se repiten en algunas de las obras de Muñoz Molina. Incluso en algunas ocasiones el lector podrá identificar un lugar, sin que el autor nos hable de él. Lorencito Quesada, personaje que ya hemos conocido en otras obras del mismo autor, como «El jinete polaco» o la narración breve «El cuarto del fantasma», protagoniza esta historia. Lorencito realiza en Los Misterios de Madrid un viaje iniciático. 

Lorencito será un provinciano convertido en periodista de investigación, lo que enfatiza la intención paródica. Desde su llegada a Madrid, asustado por el tamaño y la mezcla de gentes de distintas nacionalidades hasta su regreso a Mágina sufrirá una clara transformación. Como el propio autor ha declarado sus libros están habitualmente protagonizados por un personaje solitario y que se siente culpable. Lorencito Quesada se ve en Madrid fuera de su vida cotidiana e inmediatamente acusa el sentimiento de soledad. Su vida en Mágina era ordenada y transcurría sin mayores sobresaltos así que su llegada a Madrid supone un enorme cambio para él. 

El viaje, como ya hemos dicho anteriormente resulta iniciático, marcado por distintas pruebas por las que tendrá que pasar el protagonista. Lorencito en Madrid se debate entre lo nuevo que esta viviendo y su moral católica y franquista, lo que le produce sentimientos encontrados y de culpabilidad. En este viaje, muchos de sus antiguos valores, se desmoronarán y en la última parte de la novela aparecerá un Lorencito más maduro y seguro de sí mismo. 

El apellido Quesada, del protagonista, es un apellido que viene de la zona del norte de Jaén, cercana a la localidad del mismo nombre y que depende económicamente de la ciudad de Úbeda, ciudad natal del autor. Este personaje de ficción tiene una parte de realidad, como muchos de los personajes de Muñoz Molina. 

En Úbeda hay muchos habitantes que reconocen en la figura de Lorencito Quesada a uno de sus paisanos, incluso otros van más allá reconociendo se a sí mismos como Lorencito Quesada. El conde, Sebastián Guadalimar, que es el que propone a Lorencito el viaje a Madrid y la investigación de la extraña desaparición del Cristo de la Greña, es el representante de los valores tradicionales. Por eso, en la obra no sólo es aristócrata, sino también presidente de una de las cofradías más antiguas de la Semana Santa de Mágina, la del Santo Cristo de la Greña. 

El apellido lo toma el autor de un río cercano también a Úbeda y podría representar a uno de los herederos de la familia Cobos promotores de la Úbeda del renacimiento por medio del mecenazgo que llegó a se secretario de Carlos V. El auténtico heredero de la familia Cobos sigue manteniendo su vinculación a esta tierra, manteniendo allí diversas posesiones. El conde, Sebastián Guadalimar, representa en la obra los antiguos valores. Este resulta un ingrediente fundamental en la parodia. Otro personaje, también sacado de la realidad de Úbeda, es Matías Antequera. Representa a un cantante folclórico local, Paco Santa Cruz, que llegó incluso a realizar alguna gira internacional y que contribuye económicamente con la cofradía de la Virgen de los Dolores de la Iglesia de la Trinidad ubicada enfrente de los almacenes «El métrico». 

Los lectores de esta obra, naturales de Úbeda, reconocen en Pepín Godino a una persona que durante muchos años fue representante de la casa de Úbeda en Madrid. En la obra representará a la cultura del pelotazo, de los personajes que se enriquecen con rapidez apegados al poder. 

El personaje J.D., que tiene una breve aparición, no representa a una sola persona de la realidad, sino que podría ser el prototipo de los más importante ejecutivos de la época. Jacob Bustamante es también un personaje al que se le identifica con un poeta local de Úbeda. Bocarrape y Bimbollo son dos personajes planos. Al tratarse de un folletín tampoco pretende nada más que presentarlos como modelo de matones sin otro relieve. 

El Santo Cristo de la Greña no es ninguna imagen real de la Semana Santa de Úbeda pero, por la descripción que se nos da, es un tipo de Cristo habitual en Andalucía desde el barroco, que utiliza peluca incluso de pelo natural. Tenemos ejemplos como «El Greñudo» de Cádiz y la cofradía «La Greñúa» de Granada. 

Otro punto importante en el que debemos fijar nuestra atención, en esta novela, es el espacio físico. La acción se desarrolla en Mágina y en Madrid. Los dos se convertirán en símbolos de la obra. 

Mágina representara los valores tradicionales y la vida tranquila y en orden y Madrid representa la vida nueva con nuevos valores y con una actividad trepidante. Un escenario en el que se pueden vivir todo tipo de aventuras. 

Mágina existe en los mapas pero no como ciudad de provincias, sino como una sierra de Huelva, que se puede divisar desde los miradores de Úbeda, ciudad natal del autor y ciudad real a la que representa Mágina, aunque con algunas diferencias. 

Mágina representa la Úbeda de los barrios antiguos de la gente humilde, sencilla y de costumbres rurales. Muñoz Molina dice que eligió el nombre de Mágina porque le gusta mucho y porque era el único paisaje lejano que podía divisar desde los miradores de Úbeda durante su infancia.


En la obra nos encontramos con la Plaza del General Orduña, en la realidad, Plaza del General Saro. 

También encontramos la Torre del Salvador edificio emblemático de la Úbeda renacentista y que en la actualidad sigue perteneciendo a la familia Cobos. 



La Plaza de Vázquez de Molina que es el centro religioso y administrativo de Úbeda. 

El Sistema Métrico, tienda real de tejidos ubicada en el centro en la calle Trinidad. 

Además Muñoz Molina ha declarado: «Yo me inventé Mágina para contarme a mi mismo las experiencias de mi propia vida y la de mis mayores con un grado de intensidad y una posibilidad de lejanía que sólo podía darme la ficción» «Úbeda está en los mapas y en el tiempo presente. Mágina es un lugar de mis libros y mi pasado» 

El otro espacio donde se desarrollará la mayor parte de la acción es la ciudad de Madrid. Dentro de este folletín Madrid aparecerá como depositaría de lo malo, de todas las tentaciones de una vida diferente, en muchos casos, carente de valores o con unos valores nuevos y muy distintos a los de Mágina, representante de la parte positiva, de los valores clásicos y la vida de orden. Pero al mismo tiempo Madrid representará lo desconocido, lo innovador y será lo que definitivamente empujara a Lorencito a evolucionar.  

En la obra, aparecen las zonas más castizas del centro donde sucederá la acción y donde Lorencito encontrará los mayores peligros. 

También aparecerá el extrarradio que nos lo presentará como una consecuencia de lo que sucede en el centro. 

En este extrarradio se enncontrará lo más bajó de la sociedad pero también zonas agradables en la que vive la gente de los nuevos valores. 

La parte nueva de Madrid, La Castellana y las Torres Kio, aparecerán como símbolo del nuevo Madrid. 



El final de la novela, resulta, como en casi toda la obra de Muñoz Molina, sorprendente. Es como una toma de cine en al que la cámara se va alejando del suelo hacia la torre del reloj. 

En Úbeda, después de esta aventura, todo recupera su orden, aunque Lorencito Quesada habrá sufrido una evolución tras su viaje y sus experiencias. 

Lo más sorprendente de todo será cuando nos damos cuenta de que la novela es una parodia dentro de otra. Lorencito Quesada periodista aficionado del periódico local Singladura, no será capaz de escribir su propia historia sino que se la encargará a un mancebo de una farmacia, que también la podemos encontrar en la Úbeda actual, la farmacia de la Licenciada Mataró.

24 de octubre de 2013

Matar a un ruiseñor

En octubre, tocaremos el célebre libro de Harper Lee:
MATAR A UN RUISEÑOR.
Y después de leer, quedamos para el quinto encuentro 
del club de lectura Tocando libros.
Nos vemos el 24 de octubre, a las 10h, 
en Mon petit monde.
23 de octubre de 2013

«Matar a un ruiseñor» – Breve apunte

«Matar a un ruiseñor» es una de las novelas más vendidas de la segunda mitad del siglo XX, convirtiéndose en un clásico de la literatura Norteamericana. Obtuvo un gran éxito nada más publicarse en 1960. Esta es la única obra publicada por su autora Harper Lee, consiguiendo el Premio Pulitzer en 1961. La historia se sitúa en Maycomb, un pueblo sureño y pequeño en el estado de Alabama, en la Norteamérica profunda de la época de La Gran Depresión. La obra tiene mucho de autobiográfica. Harper Lee nació y vivió toda su infancia en el pueblo sureño de Monroeville en Alabama, pudiendo así plasmar a la perfección, de manera muy verosímil, la vida de un pueblo de esta parte de Estados Unidos. El motivo principal de la novela está basado en un suceso ocurrido en una localidad cercana a la de la escritora, cuando esta contaba diez años de edad y que tuvo también como protagonista a un negro que, en este caso, acabó suicidándose. El padre de Harper Lee era abogado y ella misma, también había estudiado derecho en la Universidad de Alabama, por lo que conocía de forma directa el mundo de los juicios, jurados, fiscales, jueces etc. Matar a un ruiseñor nos cuenta la historia de la familia Finch a lo largo de, aproximadamente, tres años. Atticus, abogado de profesión y sus hijos Jem y Scout. Durante este tiempo, tendrán lugar una serie de acontecimientos que nunca podrán olvidar. El título del libro hace referencia a una recomendación hecha por Atticus a sus hijos «No se debe matar a un ruiseñor porque sólo canta para hacernos la vida más agradable». Scout reproducirá estas mismas palabras, casi al final del libro, cuando Atticus y el Sheriff discuten cuál sería la decisión más correcta que deberían tomar ante el hecho que se les plantea y en el que se ven implicados sus hijos, el señor Bob Ewell, causante del problema y Boo Radly, vecino de los Finch. Scout dice a su padre que exponer a Boo Radly a la luz pública sería como «matar a un ruiseñor», dada la ingenuidad de este y su incapacidad manifiesta. El apellido Finch lo toma, Harper lee, de su propia madre. Y el de Atticus, hace referencia a Tito Pomponio Atticus, amigo del orador romano Cicerón y que despertaba la admiración de Lee por su dominio de la palabra y por ser un hombre sabio y muy humano. Además de esta familia, en la trama intervendrán otros muchos personajes. Algunos de la misma familia y, otros, vecinos del pueblo. Algunos con una importancia capital en la historia como Bob Ewell, Boo Radly o Tom Robinson y otros con pequeñas intervenciones que ayudarán a darle verosimilitud a la historia. La vida para la familia Finch, transcurre, con sus peculiaridades, sin ningún suceso reseñable, casi podríamos decir de manera aburrida, hasta que un día un vecino acusa a otro de haber atacado y violado a su hija, con el agravante de que el presunto delincuente es negro, Tom Robinson. El juez designará a Atticus como abogado defensor de la causa. La obra está narrada en primera persona, teniendo como narradora a Scout, la hija pequeña de Atticus Finch, que cuenta una historia propia y que actuará al mismo tiempo como narradora y protagonista. Aunque la narración adquiere, en algunos pasajes, tintes dramáticos, no podrá desprenderse de la sencillez, ingenuidad y dulzura de una niña de ocho años. Este tipo de narración se utiliza con frecuencia para acercar el personaje al lector, produciéndose en algunas ocasiones una identificación. La trama se desarrolla en los años treinta. Consta de treinta y un capítulos. Al principio del primer capítulo hace una transgresión del orden, anticipando algunos hechos que conoceremos casi al final del libro. Hasta el capítulo ocho, nos plantean la vida en el pueblo y nos va presentando los personajes secundarios, que formarán la estructura que sostendrá y hará coherente la narración. En el capítulo nueve, los niños empezarán a conocer la situación en la que se encuentra su padre. Es en este momento, cuando comienzan a tener algún problema incluso con algún familiar, como cuando un primo de Scout le incita a meterse en una pelea con él. Desde este momento los tres miembros de la familia vivirán algún que otro incidente con los vecinos del pueblo, aunque no todos lo habitantes de Maycomb se posicionarán en su contra. En el capítulo doce, empieza la segunda parte del libro. El ritmo de la narración cambia ostensiblemente. En los primeros once capítulos la autora nos transmite una sensación de lentitud. La vida de los niños transcurre muy despacio como cuando somos pequeños y nos parece que la vida es eterna y que siempre seremos niños. En la segunda parte, este ritmo cambiará. Los niños pierden parte de su ingenuidad y se van haciendo poco a poco adolescentes. La vida adquiere para ellos otro ritmo, pierde su sensación de perdurabilidad. En ese momento aparecerá, en su casa, la tía Alexandra que realizará algunas aportaciones de interés para la educación de los niños, ya no tan niños. En el capítulo dieciséis comenzará el juicio, uno de los acontecimientos más importantes en la vida de Maycomb, así como para Atticus Finch y por supuesto para Jem y Scout, que terminará en el capítulo veintiuno con el veredicto de culpabilidad para Tom Robinson. Desde este capítulo hasta el veintisiete, los personajes hacen distintas reflexiones sobre aquel importante suceso, fundamental en la trama de la historia. En el capítulo veintisiete, como la propia narradora nos indica, las cosas parecen volver a su cauce, pero sorprendentemente, en el siguiente capítulo tendrá lugar el último acto de una historia que la cerrará y que nos llevará directamente hasta el final de la obra. Como ya hemos dicho anteriormente, los hechos que se nos describen son, en algunos momentos, de gran dureza pero el lector los percibe de forma poco hiriente y con una dulzura e ingenuidad, que su lectura resultará agradable y adecuada para casi cualquier tipo de público. En la historia se nos muestra lo mejor y lo peor de los comportamientos sociales. El racismo y la injusticia. El fanatismo de algunos blancos hacia los negros que, incluso, viendo claramente la inocencia de Tom Robinson, no son capaces de declararle inocente. Además Robinson morirá antes de poder presentar la apelación de la que Atticus le dice que obtendrán buenos resultados. Según cuentan, Robinson intentó escaparse y un funcionario de prisiones le dispara, no con la intención de matarle, pero falla y este resulta muerto. No darán más explicaciones y no tendrán más remedio que admitir esta versión de los hechos. Atticus Finch Conseguirá, durante el juicio dejar en evidencia a Bob Ewell, padre de la víctima, a pesar del veredicto del jurado. Por eso este le odiará y urdirá una venganza que, finalmente, acabará con su propia vida. Atticus se nos presenta como un héroe social de justicia y coherencia. Un modelo a seguir, a pesar de que muchos vecinos critican su actitud hacia los negros. Finalmente, parece que Atticus consigue abrir una pequeña vía hacia la tolerancia. Por lo menos consigue que el jurado tenga que deliberar más de dos horas para declararle culpable y eso parece resultar un avance importante. Atticus es un padre viudo que se esfuerza por educar a sus hijos lo mejor que puede. La obra ofrece numerosas pautas de educación. Casi podríamos decir que el libro encierra en su historia todo un manual de educación. A lo largo de toda la narración podremos ver ejemplos de coherencia, justicia, tolerancia, paciencia y sobre todo de amor y comprensión hacia los demás. Esto queda claramente descrito en una frase que Scout recuerda de su padre; «Uno no conoce de verdad a un hombre hasta que se pone en su pellejo y se mueve como si fuera él». Hacia el final de la historia Scout tiene también un pensamiento en el que plasma la importancia real que tuvieron aquellos sucesos en su proceso de maduración y pérdida de la ingenuidad. «Jem y yo llegaríamos a mayores, pero ya no podríamos aprender muchas cosa más, excepto, álgebra». (Pilar Aguilar)

¿Quién es Harper Lee?

Harper Lee nació en 1926 en Monroeville, una pequeña localidad, en el Estado de Alabama en los Estados Unidos. Hija de un abogado amigo de la familia Truman Capote con quien entabla amistad en la escuela primaria de Monroeville, en los años treinta. Comenzaron a escribir como un juego con una vieja máquina Underwood, regalo del padre de Harper Lee. Aunque Capote se trasladó a vive a Nueva York durante sus estudios de secundaria, siguieron manteniendo la amistad, porque él regresaba todos los veranos a Monreeville, sirviendo esta situación para la construcción del personaje de Dill en «Matar a un ruiseñor». Harper lee estudió Derecho en la Universidad de Alabama, licenciándose en 1949. Trabajó en una revista de humor del Campus de la Universidad, Rammer Jammer, convirtiéndose en su redactora jefe. Su padre pensaba que permanecería en Alabama para convertirse en una abogada de éxito local como su hermana Alice y como él mismo, pero Harper Lee prefirió elegir el camino de la literatura. En cierto modo, la pasión por la escritura la heredó de su padre que, durante años, editó el periódico local de Monroeville. Ya, en la escuela secundaria tuvo una profesora que acrecentó en ella la pasión por la lectura y la escritura. Sus preferencias se focalizaban en la literatura británica del XIX y como ella misma declaró: «mi ambición es convertirme en la Jane Austen de Alabama». En los cincuenta se trasladó a vivir a Nueva York para trabajar en una compañía aérea. Transcurrieron ocho años hasta que consiguió que un editor se interesara por el manuscrito de su novela. Fue Tay Hohoff, editor de JB Lippincott, quien primero mostró interés indicándole algunas modificaciones que debía realizar. Para esto contó con la ayuda de su amigo Truman Capote. La novela vio, finalmente, la luz en 1960, ganando el premio Pulitzer en 1961. La historia fue llevada al cine por Robert Mulligan con gran éxito, interpretada entre otros por Gregory Peck. Sus fans siempre esperaron una segunda parte que nunca llegó. Le presentaron otros proyectos pero no los aceptó. Colaboró, con Truman Capote en las investigaciones de un caso en Kansas para la novela «A sangre fría». Mantuvo la amistad con él durante las décadas de los sesenta y setenta, hasta que él se dejó llevar por el alcohol y se introdujo en ambientes que a Lee no le gustaban. Se distanciaron de tal forma que no volvieron a verse. Cuando Capote murió en 1984, Lee declaro que hacía años que no sabía nada de él. Abrumada por el éxito de su libro, no quiso vivir la fama, que ya conocía por su amigo Capote y regreso a Alabama, viviendo una vida de total privacidad, concediendo muy pocas entrevistas, a lo largo de los años. Su único libro «Matar a un ruiseñor» ha vendido más de treinta millones de copias y ha sido traducido a dieciocho idiomas. En el año 2011 el presidente Obama le otorgó la Medalla Nacional de las Artes. En una entrevista concedida en 1964 Lee declaró: «La escritura es un proceso de autodisciplina que uno debe de aprender antes de poder decir que es escritor. Hay gente que escribe pero creo que muchas veces no es realmente la gente que debería escribir».(Pilar Agular)

26 de septiembre de 2013

El barón rampante

En las vacaciones de verano,
seguimos las peripecias de Cosimo, el barón rampante,
contadas en la voz de su hermano Biaggio.
«El barón rampante» 
es una de las obras más conocidas y reconocidas 
del escritor italiano 
Italo Calvino.
Encuentro: el 26 de septiembre, a las 10h.
25 de septiembre de 2013

¿Quién es Italo Calvino?

Italo Calvino nació en 1923 en Santiago de las Vegas (Cuba). Era hijo de un ingeniero agrónomo, que dirigía, junto con su madre, licenciada en ciencias naturales, una estación experimental de agronomía. A los dos años la familia regresó a Italia, también a dirigir una estación experimental, pero esta vez de floricultura, en San Remo, Liguria.
Allí pasó la mayor parte de su infancia hasta que se trasladó, en 1941, a La Universidad de Turín para realizar los mismos estudios que su padre. Aunque se vió obligado a abandonarlos a causa del estallido de la II Guerra Mundial.
Al terminar la guerra volvió a Turín para estudiar pero, esta vez, estudios literarios, donde se licencio con una tesis sobre Joseph Conrad.
En 1944 se afilió al Partido Comunista Italiano, abandonándolo, desencantado, en 1959.
Tres años más tarde publicó, animado por Cesare Pavese, su primera novela, «Los senderos de los nidos de araña», en la que relataba sus experiencias durante la guerra.
Gracias a Pavese entró en la prestigiosa editorial Einaudi, donde Calvino obtuvo parte de su formación cultural y con la que colaboraría toda su vida. Allí desempeñaría una importante labor como editor.
Comenzó escribiendo de forma realista, sobre sus experiencias, pero más tarde dió un giro a su estilo literario escribiendo una trilogía de carácter fantástico, «Nuestros antepasados» que, incluso, en algunos momentos ralla con el neorrealismo, sin llegar a serlo.
Esta trilogía está formada por «El vizconde demediado», «El barón rampante» y «El caballero inexistente».
También centró su interés  en la sociedad industrial contemporánea publicando otra trilogía compuesta por «La especulación inmobiliaria», «La nube de smog» y «La jornada de un interventor electoral»
En 1963 publica «Marcovaldo» en la que aúna sus dos vertientes, la fantástica y la realista. Después abre una nueva vía en su literatura fijando su interés en un nuevo tipo de escritura, basándose en argumentos científicos y matemáticos, escribiendo sus «Cosmicómicas» y «Ti con zero»
En 1964 viajó a Cuba donde pudo visitar los lugares donde habían vivido, así como también donde sus padres habían trabajado. Igualmente, tuvo la oportunidad de encontrarse con Ernesto Che Guevara. Ese mismo año se casa con la argentina Esther Judith Singer con la que se trasladó a vivir a Roma, donde nació su hija Giovanna.
De 1967 a 1980 vivió en París. Allí aumento su interés por los temas científicos y sobre todo por las matemáticas y escribe unas obras basándose en la combinación de un  determinado número de elementos similares a un tarot. Como ejemplo de esto tenemos su obra «La ciudad invisible» entre otras.
En 1983 regresa con su familia a Roma donde publica su obra «El palomar» en la que reduce al máximo la anécdota para centrarse en las descripciones y lo metafísico.
En 1985 sufre un ictus estando en su casa de veraneo, en Roccamare y es llevado a Siena donde, al día siguiente, finalmente muere. En aquel momento escribía «Seis propuestas para el próximo milenio».
Calvino es considerado uno de los escritores fundamentales del siglo XX, no sólo de la literatura italiana, sino también de la literatura universal.(Pilar Aguilar)

«El barón rampante». Breve apunte

“El barón rampante” es una de las obras más reconocidas del escritor Italo Calvino, así como de la literatura italiana del siglo XX. Esta novela es la primera de una trilogía “Nuestros antepasados”, publicada por primera vez en 1957. De estas tres novelas, esta es la menos conceptual y también la menos fantástica, resultando, quizá, la más asequible para el lector. Las otras dos novelas que forman parte de esta trilogía son: “El vizconde de mediado” y “El caballero inexistente”. A pesar de tener menos rasgos fantásticos que las otras dos, “El barón rampante” es una novela extraordinariamente original, en la que detrás de una narración aparentemente sencilla se esconde una profundidad compleja. Su lectura resulta fácil e incluso divertida, dado el tono irónico impreso en muchas ocasiones a lo largo de la narración. Aunque también encontramos pasajes líricos, algunos con tintes dramáticos y otros incluso románticos o apasionados. Finalmente, podemos decir que narra una vida completa. La historia se sitúa en el siglo XVIII y nos cuenta la vida de Cósimo Piovasco de Rondó, Barón de Ombrosa, un niño de doce años que un día, rechazando comerse un plato de caracoles decide, por rebeldía, subirse a los árboles de los que nunca volverá a bajar. En realidad, la actitud de Cósimo tiene que ver con una postura de oposición a unas normas y costumbres de los adultos de su casa. La familia de Cósimo está férreamente apegada a las costumbres tradicionales y a la monarquía. Su padre vive únicamente preocupado por las apariencias y su madre, hija de militar, quiere imponer siempre sus normas inflexibles, ganándose el nombre de “la Generala”. El espacio en el que se desarrolla la acción es un pueblo ficticio de Italia, al que llama Ombrosa, situado en la Riviera Liguria, que parece tener algunas similitudes con la ciudad de San Remo, donde el autor pasó su infancia y juventud. Aunque más que desde el lugar, lo que tenemos es una vista de pájaro desde los árboles, ya que Cósimo participará de la vida del pueblo pero nunca desde el suelo. Esto le proporcionará una visión diferente de la vida. La historia está contada de forma episódica en treinta capítulos breves. La novela podemos decir que está estructurada en tres partes. La primera parte está formada por el primer capítulo, donde se nos presenta a la familia y el escenario donde va a transcurrir la acción. La segunda parte de la novela se extiende del capítulo dos al XXIX, y es aquí donde transcurren todas las aventuras que vivirá Cósimo durante toda su vida. La última parte y la más impactante está en el capítulo XXX, donde Cósimo desaparecerá de una manera sorprendente, a la edad de 65 años para no volver nunca más. El narrador de la novela es Biagio di Rondó, hermano de Cósimo, con lo que esta forma parte de la historia nos será contada siempre desde su punto de vista. El narrador se comporta unas veces como narrador interno y otras como narrador externo, usando tanto la primera persona como la tercera, dependiendo de que se trate de algo vivido por Biagio o algo relatado por su hermano Cósimo. En el capítulo XXVII Biagio le cede la palabra a Cósimo donde contará algunas de sus hazañas realizadas durante la guerra. Toda la historia la cuenta Biagio de forma retrospectiva desde su vejez, aunque esta contada de forma lineal, cronológicamente, desde los 12 años de Cósimo hasta su vejez y desaparición. Biagio ayudará a Cósimo, desde un primer momento, con todo lo que está al alcance de su mano, a pesar del asombro que le produce en un primer momento la decisión tomada por su hermano. Con el tiempo irá comprendiendo la postura que este había adoptado subiendose a los árboles. Biagio será el que finalmente hará una vida más adaptada a la normalidad de la época. El padre de Cósimo y Biagio, nunca entenderá la postura de su hijo. En un primer momento piensa que este se cansará y bajará del árbol antes de que caiga la noche. Incluso lo amenaza con castigarlo cuando baje. Esto nunca sucederá y finalmente no le quedará más remedio que aceptar la situación. La madre, Corradina di Rondó, es una mujer que deja ver sus sentimientos pero que muchas veces toma una cierta distancia de la situación y acaba aceptándola sin querer buscar una explicación lógica. Cósimo que en un principio pareció separarse del mundo y de toda persona con su actitud, siguió participando de la vida social y familiar incluso con mayor intensidad que antes. Desde los árboles descubrió la vida y el carácter de su tío Enea Silvio Carrega y le comprendió mejor de lo que le hubiera comprendido nunca, en su soledad. Cósimo mantuvo relaciones que desde su antigua situación hubieran resultado imposibles, como su relación con el maleante Gian dei Brughi que nadie se la reprochó. En su nueva situación se encontraba por encima de todos los convencionalismos. Obteniendo, como consecuencia de está situación una nueva ideología opuesta en muchas cosas a la que había recibido en su casa. Siendo un personaje cargado de fantasía, Cósimo resultará uno de los más verosímiles de la novela, cargado de coherencia. A pesar de su situación participará de todos los acontecimientos familiares y sociales de su pueblo y una situación que en principio parecía casi ridícula resulto finalmente ser casi la más digna de esta historia. Cósimo por su rigurosidad, su bondad, su erudición obtenida de su pasión por la lectura, su ecuanimidad y otros muchos valores terminará siendo el personaje mas respetado del pueblo. A pesar de su situación desarrollará una vida amorosa. Su verdadero amor será Viola, vecina de la casa de al lado, que perderá de vista siendo un adolescente y que recuperará en la edad adulta. Además vivirá otros amoríos, como el de una aventura con una chica española. También mantendrá relaciones con distintas situaciones y personajes históricos como Napoleón, Voltaire o Diderot. En definitiva, Cósimo que representará el espíritu de la ilustración, rechazará todo lo que le viene impuesto, se manifestará en contra de las ideas tradicionales y planteará algunas cuestiones como las de la libertad, la igualdad o el papel de las mujeres. Cósimo realizará una vida coherente y será respetado por ello. Ni siquiera en el último momento de su vida traicionara la decisión tomada siendo casi un niño y desaparecerá en esa bonita imagen del Montgolfier elevándose al cielo y Cósimo, de un salto, enganchándose al ancla y perdiéndose definitivamente en el mar. (Pilar Aguilar)

16 de julio de 2013

¿Quién es Thomas Mann?

Thomas Mann nació en Lübeck el 6 de junio de 1875, en el seno de una familia de comerciantes adinerados. Su padre era alemán y su madre de ascendencia brasileña.

Por motivos laborales se trasladaron a vivir a Munich en 1891, donde terminó sus estudios con un aprovechamiento que no podríamos calificar precisamente de bueno.

Thomas Mann no obtuvo su bagaje cultural durante la etapa escolar. A lo largo de toda su vida adulta fue un autodidacta. En ese momento, sí podríamos decir que con un aprovechamiento excelente.

Si alguien le ayudó, en su camino hacia el conocimiento, fue su hermano Heinrich, también escritor, que en más de una ocasión le acompañó en sus viajes culturales, especialmente a Italia.

Thomas Mann comenzó escribiendo poesía, considerándose, más un poeta al estilo de Heine o Schiller, que un narrador. Pero lo primero que pudo publicar fue un relato titulado «El pequeño señor Friedemann» en la revista “Simplicissimus” donde entró a trabajar en el año 1900.

En uno de sus viajes a Italia, donde permaneció un año, empezó a escribir «Los Budenbrook» que finalmente se publicó en el año 1901, siendo la novela que le lanzaría a la fama.

A principios de 1904 conoció a Katia Pringsheim, hija de una familia de prestigiosos intelectuales de origen judío, con la que se casó y tuvo 6 hijos.

Durante la Primera Guerra Mundial apoyó el nacionalismo, lo que le llevó a enemistarse con su hermano Heinrich, que adoptó una postura totalmente contraria.

En 1922 Heinrich contrajo una grave enfermedad que puso en riesgo su vida lo que provocaría la reconciliación de los dos hermanos.

En 1924 publicó «La montaña mágica» y en 1929 le dieron el Nobel de literatura, principalmente por sus obras: «Los Budenbrook», «La montaña mágica» y una serie de relatos cortos.

Sus ideas políticas no fueron siempre coherentes. Apoyó ardientemente la República de Weimar y a sus líderes de ideología socialdemócrata, llegando incluso a aceptar algún cargo oficial como el de miembro del Consejo Censor Cinematográfico y posteriormente miembro de La Academia de las Artes de Prusia.

A diferencia de otros intelectuales con ideas conservadoras y nacionalistas, Thomas Mann se opuso al nazismo de principio a fin. Lo que le llevó a exiliarse primero a Suiza en 1933, después a Checoslovaquia, donde adquirió la nacionalidad checoslovaca en 1936 y finalmente a Estados Unidos tras haber conseguido un trabajo en la Universidad de Princeton.

En 1953, regresó a Suiza de forma definitiva y murió en Zürich en 1955 a consecuencia de una trombosis.

Una de sus principales preocupaciones fue la posición del artista en la sociedad, así como el desgaste que debía soportar en su intento de reproducir la belleza.
El tema de la muerte era también un tema muy presente en sus pensamientos. Producto, tal vez,  de los suicidios de su padre, dos de sus hermanas y dos de sus hijos varones. Asimismo, la idea del tiempo, la enfermedad y la juventud frente a la vejez fueron temas de preocupación constante en su vida.

Sus hijos le calificaban como una persona terriblemente seria, lo que quizá, le convirtió en un padre excesivamente severo.

En cuanto al tema de la homosexualidad que siempre estuvo presente, uno de sus hijos declaró, que la homosexualidad de su padre siempre había sido platónica. Se casó con su madre y tuvo seis hijos, pero jamás miró a ninguna otra mujer.

Siempre fijaba su atención en los jovencitos, considerándolos modelo de belleza y admirándolos, aunque generalmente estos ni siquiera llegaban a enterarse.

Durante la República de Weimar, dado que el ambiente era mas permisivo, firmó un manifiesto a favor de la despenalización de la homosexualidad, aunque él nunca se reconoció como tal.

A los setenta y cinco años se enamoró de un joven camarero al que dedicó numerosas páginas de su diario, aunque este nunca lo supo. Thomas Mann quería ser un hombre de orden y de valores tradicionales.

Vivió convencido de su importancia en el mundo de la literatura y por eso destruyó la mayoría de sus poemas y escritos de juventud al considerarlos de poca o ninguna importancia.

Esto se puso claramente de relieve, cuando al morir dejó un legado de escritos y un diario que sólo podrían abrirse transcurridos veinte años de su muerte.

En esos escritos no se encontró nada de interés que aportar a su obra. Eran escritos sobre la parte más prosaica de su vida personal. Hablaba con frecuencia de sus problemas estomacales e intestinales, así como de algunos de sus enamoramientos en  los que estaban implicados algunos jóvenes, aunque siempre de forma platónica.

En cuanto a su obra, hemos hablado ya de obras tan importantes como «Los Budenbrook»  y «La montaña mágica » pero no podemos dejar de mencionar otras obras importantes como: «Tonio Kröger», «La muerte en Venecia», «Mario y el mago», «José y sus hermanos» o «Doctor Faustus» además de algunos ensayos sobre literatura y música, que era una de sus pasiones. Estos ensayos resultan bastante desconocidos en España, a pesar de que algunos de ellos se han publicado en distintas ocasiones.

En la actualidad, Thomas Mann está considerado un clásico de la literatura contemporánea.

(Pilar Aguilar)

15 de julio de 2013

«La muerte en Venecia» – Breve apunte



La muerte en Venecia es una novela corta escrita por Thomas Mann y publicada en 1912.
La novela narra, aparentemente, un sencillo relato de manera lineal. Sin embargo, podemos calificar de impresionante, las numerosas interpretaciones que se pueden dar a esta obra, así como la cantidad de temas y simbología que se incluyen en ella.
Mann utiliza como recurso técnico, la introducción de pinceladas de la realidad como símbolo para llevarnos de manera sutil hasta donde él quiere llegar.
Asimismo, la obra contiene muchos datos autobiográficos.
En toda obra narrativa se refleja algo de la personalidad del autor y siempre nos parece ver una parte de su verdadera historia. En este caso, esto es una certeza.
Todos los críticos han reconocido que la situación social, familiar e incluso profesional del personaje coincide con la del autor.
Son dos escritores alemanes, con una buena posición social, bien considerados y admirados por sus principios y su dignidad. Con una férrea voluntad para el trabajo en  busca del ideal de la belleza.
Los dos tenían como una de sus preocupaciones principales la posición del artista en la sociedad. Otro tema que afectaba a ambos era la muerte y la vejez o decadencia enfrentada a la juventud.
La propia hija del autor Erika Mann declaró que el viaje a Venecia había sido autobiográfico incluso en los detalles, a excepción de la pasión por Tadzio, cuyo interés fue puramente estético y  no tuvo nada que ver con la pasión de la que fue víctima  Aschenbach en la novela.


La historia transcurre, principalmente, en un hotel del Lido. Gustav von Ashenbach viaja hasta allí desde Múnich, donde reside habitualmente. Ya el nombre del protagonista está cargado de simbología, pudiendo traducirse de forma literal como «arroyo de cenizas», que podría querer simbolizar la corriente de la vida que le llevará de forma irremediable hasta su destino final.
También podremos ver en el nombre de Gustav una referencia a Gustav Mahler. Mann quiso escribir esta novela en homenaje a Mahler, al que admiraba, según declaró el propio Mann, porque «Mahler era el modelo de voluntad artística más sagrada y férrea de nuestro tiempo».
Mahler falleció en 1911 como consecuencia de la complicación de una amigdalitis a la edad de 51 años. Mann conoció la agonía que pasó Mahler hasta su muerte y se inspiró en estos hechos para crear a su personaje.
Aschenbach inicia el viaje en un momento poco fructífero de su vida debido a una terrible falta de inspiración. Aunque realmente se decide a realizar el viaje después de haber visto a un turista extranjero al lado de un cementerio donde se encontraba esperando al autobús. La aparición de este turista le suscita una serie de sentimientos de aventura, que hacía muchos años que no tenía.
Aschenbach decide ir a Venecia buscando algo exótico pero cercano, ya que se encontraba muy mermado de fuerzas como para realizar un largo viaje.


Esta aparición, casi fantasmagórica, con tintes de cierta irrealidad, al lado del cementerio es el primer recurso técnico con el que Mann nos indica el destino final del protagonista.
Encontramos otro apunte hacia este destino final, cuando Aschenbach llega a Venecia y un gondolero le quiere llevar hasta el Lido. Tendrá un pequeño incidente con él que le suscitará una reflexión sobre la propia góndola. Al observarla piensa que es negra como un ataúd y el silencio de los canales, le hace sentirse casi en el silencioso viaje final.
Allí, en Venecia, conocerá a un jovencísimo Tadzio, del que primero admirará su belleza para posteriormente reconocer su loco enamoramiento, aunque siempre de una forma platónica. No sabemos si por su miedo al escándalo y al rechazo o por que buscaba con pasión la belleza sin querer realmente 
una relación carnal.

En este punto de la historia Mann sostiene una importante lucha interior entre lo bueno y lo malo, la vejez y la juventud y habla sobre el poder de la belleza. Tadzio representa la juventud y él la vejez, aunque intenta taparla con maquillaje y tiñéndose el pelo. Esto en un principio será un intento de ocultar su decadencia apareciendo casi como una caricatura de si mismo. Este maquillaje se transformará, al final, en una dramática máscara mortuoria.
El relato termina con la muerte de su protagonista, causada, no se sabe muy claramente sí por la ingestión de una fruta demasiado madura y blanda que le transmite la enfermedad que asolaba en ese momento a Venecia, o por el puro desgaste que ya tenía Aschenbach al llegar a esta ciudad. Sumándose a esto la agitación que le produce su enamoramiento de Tadzio, no pudiendo, quizá, su corazón ya cansado aguantar esta situación.
Aschenbach utiliza el viaje a Venecia como forma de evolución personal. El viaje como aprendizaje, tantas veces utilizado en la literatura, pero en este caso tratado con la delicadeza y la agudeza de Thomas Mann utilizando sus magníficas descripciones, que nos llevan a sentir casi de forma táctil la hermosura de Venecia unida a su decadencia, sus olores, su suciedad, su calor sofocante, sus gentes y por supuesto el ambiente del hotel y la belleza extraordinaria de Tadzio.
En este viaje, Aschenbach transforma su rígida moral tradicional que va cediendo ante aquel dios de la belleza, Tadzio. Su férrea disciplina y sus rigurosos valores se van hundiendo y trastornando, aunque esta transformación se realiza exclusivamente en el plano intelectual.
El tema que nos quiere plantear Mann, con esta evolución moral del personaje, es la posición del artista en la sociedad y el arduo camino que debe recorrer en su búsqueda de la belleza.
Otra de las interpretaciones posibles, sería que Mann quisiera mostrarnos esta ciudad decadente, llena de malos olores, de suciedad y podredumbre como símbolo de la decadencia europea de la época. Estaban viviendo el final de la Belle Epoque y acercándose a la Primera Guerra Mundial. Se vivían momentos de calma tensa y con una hostilidad importante hacia los valores tradicionales de los cuales Mann era defensor a ultranza.
Mann se vio muy afectado por todos estos cambios que se estaban produciendo.
Venecia había vivido su esplendor, pero en aquel momento era un símbolo de la  belleza decadente llena de enfermedad y falsedad. En ella se representa el declive de la época. Esperando la llegada de un tiempo nuevo.
Lo que es indiscutible es que Aschenbach fue a Venecia buscando algo diferente a su cotidianeidad, buscando la belleza y la inspiración.
Quería encontrar algo exótico e insólito de fácil acceso. Encontró la belleza y finalmente la muerte.
Como dijo el poeta Karl August von Platen: «Quien ha contemplado con sus ojos la belleza está consagrado ya a la muerte».


(Pilar Aguilar)