11 de abril de 2020

Don Quijote de la Mancha – Prólogo y capítulos del 1 al 5 de la segunda parte

Don Quijote segunda parte

Pequeños comentarios

El Quijote de la segunda parte se edita en 1615. En líneas generales, sigue la misma estructura que la primera parte. 
 
Cambia la dedicatoria del libro. La primera parte estaba dedicada al duque de Béjar y esta segunda la dedica al Conde de Lemos.
 
Además, cambia el título del libro. Probablemente este cambió se debió a que había aparecido publicado el año anterior una segunda parte del Quijote con el titulo de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, segunda parte; escrita por un tal Avellaneda. 
 
La primera parte se titulaba El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha y la segunda El ingenioso caballero don Quijote de La Mancha. Este cambio tiene su razón en el cambio que se produce en la vida de don Quijote, ya que en la primera parte había sido armado caballero.
 
Al tratarse de una segunda parte, el autor quiso dejar claro, que él era el autor de la primera. De esta manera, se puede ver en la segunda parte que Cervantes escribió su nombre y a continuación, para despejar toda duda, indica: autor de la primera parte.
 
El nombre de Avellaneda, era un nombre falso y Cervantes lo sabía. Es casi seguro, que sabía de quién se trataba, pero no quiso nombrarlo por no darle publicidad. Se cree que el autor podría ser alguien cercano a Lope de Vega o incluso el propio Lope.
 
Prólogo

En esta segunda parte del Quijote, el lector se encontrará con personajes, que habían sido lectores de la primera. 
 
Entre las dos partes del Quijote median diez años (1605 – 1615). El lector deberá tener en cuenta durante su lectura, que la primera parte había tenido un éxito arrollador y además que se había publicado una segunda parte “falsa” y que Cervantes no quería dejar pasar la oportunidad de despejar toda duda sobre su no autoría de esa segunda parte aparecida en 1614.
 
El prólogo del libro más que presentarse él como autor y presentar la obra, como era la costumbre habitual, lo utiliza para arremeter de una forma irónica, pero muy dura contra Avellaneda, autor de esa segunda parte “falsa”. Aquí, Cervantes responde a los insultos que le había dirigido Avellaneda en su obra. Le había llamado manco, viejo, etc. 
 
Cervantes se defiende y después ataca y deja en ridículo a Avellaneda. Utiliza el recurso de explicar que no se va a decir lo que de esa manera sí se dice.
 
¡Válame Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre o quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas riñas y vituperios del autor del segundo Don Quijote, digo, de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona! Pues en verdad que no te he dar este contento, que puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla. Quisieras tú que lo diera del asno, del mentecato y del atrevido; pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya.
 
Cervantes alude a la batalla de Lepanto con orgullo y habla de sus heridas y de su brazo maltrecho con satisfacción.
 
Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.
 
En el prólogo, alude directamente a Lope de Vega, pero no como autor del otro Quijote. Explica que fue nombrado ministro de la Inquisición, gracias a su vida virtuosa y que se hizo sacerdote en 1604. Esto lo narra con ironía, porque era bien sabido que Lope había llevado una vida licenciosa y no precisamente ordenada.
 
He sentido también que me llame invidioso, y que como a ignorante, me describa qué cosa sea la invidia; que, en realidad de verdad, de dos que hay, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bienintencionada; y siendo esto así, como lo es, no tengo yo de perseguir a ningún sacerdote, y más si tiene por añadidura ser familiar del Santo Oficio; y si él lo dijo por quien parece que lo dijo, engañóse de todo en todo; que del tal adoro el ingenio, admiro la obras, y la ocupación continua y virtuosa. Pero, en efecto, le agradezco a este señor autor el decir que mis novelas son más satíricas que ejemplares, pero que son buenas, y no lo pudieran ser si no tuvieran de todo.
 
Lo que sí queda claro en este prólogo es que Cervantes se había sentido profundamente ofendido con el autor de esa segunda parte del Quijote: con Avellaneda.
 
 
Dedicatoria
 
Esta segunda parte está dedicada a Don Pedro Fernández de Castro, séptimo conde de Lemos, Virrey de Nápoles y protector de Cervantes.
 
Además de esta segunda parte del Quijote, Cervantes le dedicó las Novelas ejemplares, el Persiles y Segismunda y las Ocho comedias y ocho entremeses.
 
La dedicatoria está llena de guasa. Además, cuenta con el respaldo de el arzobispo de Toledo y del Virrey de Nápoles. Esto anula social y literariamente al osado Avellaneda.
 
Cervantes, en tono jocoso, quiere mostrar su extensa fama, frente a la del impostor, Avellaneda.
 
Es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe para quitar el hámago  la náusea que ha causado otro don Quijote, que con nombre de segunda parte se ha disfrazado y corrido por el orbe; y el que más ha mostrado desearle ha sido el grande emperador de la China, pues en lengua chinesca habrá un mes que me escribió una carta con un propio, pidiéndome, o, por mejor decir, suplicándome se le enviase, porque quería fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana y quería que el libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote.
 
 
Capítulo primero

Aunque en esta segunda parte, no narra la historia del manuscrito encontrado, Cervantes comienza el primer capítulo, dando por hecho que el lector ya conoce a Cide Hamete Benengeli, que supuestamente era el autor del manuscrito arábigo, traducido al castellano y que Cervantes narra por medio de un narrador omnisciente al lector.
 
Cuenta Cide Hamete Benegeli en la segunda parte desta historia y tercera salida de don Quijote, que…
 
La segunda parte, comienza sin los acostumbrados poemas iniciales que siempre se escribían en todas las obras de la época. En la primera parte, Cervantes ya se había reído de esta costumbre, sustituyendo los supuestos poemas escritos por poetas de prestigio, por unos poemas escritos por él mismo.
 
Desde la publicación de la primera parte han transcurrido diez años, pero en la historia de don Quijote, supuestamente, ha transcurrido solo un mes. Así que, el cura y el barbero, solamente, hace un mes que lo habían visto y le habían dejado en su cama, después de la segunda salida.
 
El cura y el barbero intentan probar, con gran desconfianza, si don Quijote está cuerdo o no. Para ello entablan los tres una conversación, que prácticamente ocupa el resto del capítulo. Don Quijote se produce con mucha prudencia y se da perfecta cuenta de la situación.
 
Aparecen, en este capítulo, algunas pautas que se repetirán a lo largo de toda la segunda parte: más diálogo, mayor participación de don Quijote en situaciones de cordura y el ritmo de la acción es más tranquilo.
 
La conversación se desarrolla con toda normalidad hasta que el cura, a propósito, saca a colación un tema peligroso para don Quijote: los rumores de un ataque inminente por parte de los turcos. En ese momento, don Quijote expresa su deseo de poder aconsejar al rey.
 
Su Majestad ha hecho como prudentísimo guerrero en proveer sus estados con tiempo, porque no le halle desapercbido el enemigo, pero si se tomara mi consejo, aconsejárale yo que usara de una prevención, de la cual Su Majestad la hora de agora debe estar muy ajeno de pensar en ella. 

Apenas oyó esto el cura, cuando dijo entre sí: –¡Dios te tenga de su mano , pobre don Quijote; que me parece que te despeñas de la alta cumbre de tu locura hasta el profundo abismo de tu simplicidad!
 
Ahí, se despierta su parte poco cuerda y opina sobre lo que se deba aconsejar al rey: acudir a la ayuda de todos los caballeros andantes del reino. El cura y el barbero comprueban que su locura permanece intacta.
 
¿Hay más sino mandar A su Majestad por público pregón que se junten en la corte para un día señalado todos los caballeros andantes que vagan por España, que aunque no viniesen sino media docena, tal podría venir entre ellos, que solo bastase a destruir toda la potestad del Turco? 
En las obras del Siglo de Oro era muy frecuente que se contaran historias y especialmente historias de locos. Ya en la primera parte hemos asistido al recurso de introducir múltiples historias de diferente tipo en la trama principal. En este capítulo, es el barbero el que cuenta el cuento del loco de Sevilla, que tiene muchas similitudes con don Quijote. Al igual que este, el loco de Sevilla parece cuerdo hasta que le tocan el tema en el que se centra su locura. Este loco se creía Neptuno, dios de las aguas.
 
No tenga vuestra merced pena señor mío ni haga caso de lo que este loco ha dicho; que si él es Júpiter y no quisiere llover, yo, que soy Neptuno, el padre y el dios de las aguas, lloveré todas las veces que se me antojare y fuere menester.

Otro recurso literario que utiliza Cervantes con cierta frecuencia es la antítesis como vestido y desnudo, cuerdo y loco, estómagos vacíos y cerebros llenos.
 
En definitiva, el lector comprueba que vuelve a aparecer el tema de la locura de don Quijote, que toma por reales a todos los personajes de los libros de caballerías. Al mismo tiempo, muestra su cordura al sustentar su opinión sobre la existencia de los gigantes, en la autoridad de la Santa Escritura y en una prueba paleontológica.
 
Como el lector puede apreciar, esta segunda parte arranca con un Quijote más cuerdo, pero conservando el punto de locura sobre los personajes de los libros de Caballerías.
 
 
Segundo capítulo
 
Como en la primera parte del Quijote, Cervantes utiliza el recurso de encadenar los capítulos. En la situación exacta que termina el primera capítulo, comienza el segundo.
 
Este segundo capítulo, junto con el tercero y el cuarto, forman una unidad, con un coloquio y los tres mismos personajes. En este capítulo segundo, es verdad que no aparece al bachiller Sansón Carrasco, pero Sancho Panza lo introduce y va a buscarlo para que les de información.
 
Mas si vuestra merced quiere saber todo lo que hay acerca de las caloñas que le ponen, yo le traeré aquí luego al momento quien se las diga todas, sin que les falte una meaja, que anoche llegó el hijo de Bartolomé Carrasco, que viene de estudiar en Salamanca, hecho bachiller, y yéndole yo a dar la bienvenida me dijo que andaba ya en libros la historia de vuestra merced, con nombre de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha; y dice que me mientan a mí en ella con mi mesmo nombre de Sancho Panza, y  a la señora Dulcinea del Toboso, con otras cosas que pasamos nosotros a solas, que me hice cruces de espantado cómo las pudo saber el historiador que las escribió.
 
Los tres capítulos se desarrollan en el mismo lugar y el diálogo nos retrotrae a la primera parte de la obra, recordando las aventuras del caballero y su escudero.
 
Don Quijote y Sancho recuerdan como salieron juntos de viaje y juntos corrieron las distintas aventuras que les tocó vivir. Ambos sufrieron las desventuras de los dos como si fueran en carne propia.
 
Sancho le informa a don Quijote de las opiniones de la gente sobre su figura y sus aventuras. Existen diversas opiniones, pero ninguna se ajusta a lo que don Quijote quiere oír.
 
Sancho le cuenta como algunos comentan que utiliza el tratamiento de “don” sin tener derecho a ello. En aquella época los hidalgos no tenían derecho a ese tratamiento. Asimismo, hablaban de lo ridículo de sus ropas y de su pobreza en el vestir.
 
Los hidalgos dicen que no conteniéndose vuestra merced en los límites de la hidalguía, se ha puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yugadas de tierra y con un trapo atrás y otro adelante.
 
Aparece nuevamente Cide Hamete Benegeli como narrador de los hechos. A don Quijote le sorprende, pero le halaga, lo que le cuenta Sancho. Parece que sus aventuras están plasmadas en un libro, que mucha gente ya ha leído. El máximo halago que se le puede hacer a don Quijote es verse convertido en un personaje literario.
 
–Yo te aseguro, Sancho  –dijo don Quijote–, que debe de ser algún sabio encantador el autor de nuestra historia; que a los tales no se les encubre nada de lo que quieren escribir.

–Y ¡cómo –dijo Sancho– si era sabio y encantador pues (según dice el bachiller Sansón Carrasco que así se llama el que dicho tengo) que el autor de la historia se llama Cide Hamete Berenjena.
Aquí se produce una prevaricación idiomática de las muchas que hace Sancho a lo largo de la historia. Confunde dos palabras de origen árabe. Nombra a Cide Hamete Berenjena, en vez de Cide Hamete Benengeli. Esto imprime a esta parte de la narración un aire jocoso.
 
En el capítulo dos, se produce también un desajuste cronológico. El lector sabe que solo hace un mes que terminó la primera parte, pero resulta que esta ya ha sido publicada y leída por miles de lectores. 
 
Además, también quedará clara la quijotización de Sancho. Los dos quedan unidos por un mismo destino.
 
Finalmente, se puede decir que se trata de un capítulo introductorio y que nos sitúa para la entrada en escena de Sansón Carrasco y el diálogo que los tres entablarán en los dos siguiente capítulos.
 
Además quedará planteada la novedad de la situación que desea don Quijote en toda la segunda parte. Busca y encuentra los lectores de su primera parte. De esta manera, queda inmortalizado de manera literaria.
 
 
Capítulo tercero
 
En este capítulo aparece, en persona, Sansón Carrasco, ya anunciado en el capítulo anterior.
 
Este le va a dar a conocer a don Quijote, cómo han sido publicadas sus aventuras, incluso en distintos países, y cuánta gente las ha leído ya. La obra había tenido una aceptación extraordinaria.
 
–Déme vuestra grandeza las manos, señor don Quijote d la Mancha; que por el hábito de San Pedro que visto aunque no tengo otras órdenes que las cuatro primeras, que es vuestra merced uno de los más famosos caballeros andantes que ha habido, no aun habrá, en toda la redondez de la tierra. Bien haya Cide Hamete Benengeli, que la historia de vuestras grandezas dejó escritas, y rebién haya el curioso que tuvo cuidado de hacerlas traducir de arábigo en nuestro vulgar castellano para universal entretenimiento de las gentes.

Cervantes se introduce nuevamente en la narración, porque él fue el que encontró realmente el manuscrito y lo hizo traducir.
 
Sansón Carrasco, le hace saber a don Quijote, que es famoso en el mundo entero.
 
Don Quijote desconfía del autor de la obra por ser moro. Pero Sansón Carrasco le tranquiliza.
 
–Si por buena fama y si por buen nombre va –dijo el bachiller–, solo vuestra merced lleva la palma a todos los caballeros andantes; porque el moro en su lengua y el cristiano en la suya tuvieron cuidado de pintarnos muy al vivo la gallardía de vuestra merced, al ánimo grande en acometer los peligros, la paciencia en las adversidades y el sufrimiento así en las desgracias como en las heridas, la honestidad y continencia en los amores tan platónicos de vuestra merced y de mi señora doña Dulcinea del Toboso.
 
Un elemento importantísimo que introduce Cervantes con la aparición de Sansón Carrasco, no es ya como en la primera parte, que de vez en cuando, aparezca Cervantes en su propia obra, sino que ahora los personajes de ficción don Quijote y Sancho al introducirlos en una ficción dentro de la ficción pasan a ser personas reales de los que se ha escrito una obra con sus aventuras. Aquí, en la obra, aparece un libro que se llama El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. 

En la primera parte ya se habían introducido algunos recursos de ficción para que los personajes parecieran más reales, pero la aparición de la obra, en la propia obra, es el recurso definitivo para conseguir el objetivo del autor.
 
Cervantes también consigue darle una sensación de inmediatez. El lector está leyendo la obra al mismo tiempo que está pasando. Es como si el lector asistiera desde un punto, como observador a lo que sucede en la trama. 
 
La sensación del lector es de tal inmediatez que parece no existir el narrador. Podría ser una obra teatral. 
 
Además, este recurso no va a valer solo para poner en la realidad a don Quijote y Sancho, sino que va a servir para que Cervantes haga apología de su obra y de su concepción de la narrativa.
 
Esto marca la diferencia también, entre la primera parte y la segunda. En la primera parte, el lector tiene la sensación de que el narrador cuanta hechos pasados y en esta segunda parte la sensación para el lector es de estar asistiendo a los hechos presentes según van discurriendo.
 
Sancho también tiene necesidad de cierto protagonismo y pregunta a Sansón Carrasco por su personaje. Introduciendo además, en ese momento uno de los habituales errores de lenguaje de Sancho
 
–Y de mí –dijo Sancho–; que también dicen que soy yo uno de los principales presonajes della. –Personajes, que no presonajes, Sancho amigo –dijo Sansón. –¿Otro reprochador de voquibles tenemos? –dijo Sancho –respondió el bachiller–, si no sois vos la segunda persona de la historia, y que hay tal que precia más oíros hablar a vos que al más pintado de toda ella, puesto que también hay quien diga que anduvistes demasiadamente de crédulo en creer que podía ser verdad el gobierno de aquella ínsula ofrecida por el señor don Quijote, que está presente.
 
Además, Sansón Carrasco aprovecha la situación y pide a Sancho que le explique dos sucesos que no quedaron claros en la primera parte y, aquí, este le contesta que primero va a comer y después volverá para aclarar lo que quiera pedirle. Con esto, Cervantes aprovecha, también, para volver a traer a la escena dos fallos que se habían producido en la primera parte.
 
Y algunos han puesto falta y dolo en la memoria del autor, pues se le olvida de contar quién fue el ladrón que hurtó el rucio a Sancho que allí no se declara y sólo se infiere de lo escrito que se le hurtaron, y de allí a poco le vemos a caballo sobre el mesmo jumento, sin haber parecido. también dice que se lo olvidó poner lo que Sancho hizo de aquellos cien escudos que halló en la maleta en Sierra Morena, que nunca más los nombra, y hay muchos que desean saber qué hizo dello o en qué los gastó, que es uno de los puntos sustanciales que faltan en la obra.
 
El capítulo termina con la vuelta de Sancho después de la comida y enlazará con el siguiente capítulo que realmente es donde dará las explicaciones pedidas.
 
 
Capítulo cuarto
 
Después de que Sancho regresa a casa de don Quijote, se pone a disposición de Sansón Carrasco para que le pregunte lo que desee.
 
La primera parte del Quijote se convierte aquí en un elemento más de esta segunda parte y se introduce con toda naturalidad. No aparece de forma forzada.
 
Sansón Carrasco pregunta a Sancho por los dos sucesos que en la primera parte causaban confusión en el lector.
 
Sancho aclara, en esta segunda parte, los dos sucesos de manera natural y sin causar ninguna duda al lector.
 
Así quedan redimidos dos fallos narrativos de la primera parte, sin asumir ninguna culpa, solamente se piensa que pudo ser el historiador o el impresor, quién causó la confusión.
 
–A eso –dijo Sancho–, no sé qué responder, sino que el historiador se engañó, o ya sería descuido del impresor. –Así es, sin duda –dijo Sansón–

–Yo tendré cuidado –dijo Carrasco– de acusar al autor de la historia que si otra vez la imprimieren no se le olvide esto que el buen Sancho ha dicho, que será realzarla un buen coto más de lo que ella se está.
 
En este capítulo, se empieza a vislumbrar la tercera salida. El Bachiller Sansón Carrasco les aconseja ir hacia Zaragoza, pero finalmente Cervantes alterará el itinerario y el objetivo no será Zaragoza, sino Barcelona.
 
No había bien acabado de decir estas razones Sancho, cuando llegaron a sus oídos relinchos de Rocinante; los cuales relinchos tomó don Quijote por felicísimo agüero, y determinó de hacer de allí a tres o cuatro días otra salida; y declarando su intento al bachiller, le pidió consejo por qué parte comenzaría su jornada; el cual le respondió que era su parecer que fuese al reino de Aragón, y a la ciudad de Zaragoza.
 
Cervantes no quiso seguir el itinerario de Zaragoza para poner distancia entre el Quijote de Avellaneda y su segunda parte.
 
En este punto hay un desajuste cronológico. Se supone que desde el final de la primera parte había transcurrido un mes. La segunda salida había finalizado en verano y ahora pretenden ir a Zaragoza para San Jorge, cuya festividad se celebra el 23 de abril.
 
…a la ciudad de Zaragoza, dadonde de allí a pocos días se habían de hacer unas solemnísimas justas por la fiesta de San Jorge…
 
Asimismo, en esta parte, Sancho vuelve a Quijotizarse, con el tema de la ínsula y su gobierno, en esto Sansón Carrasco le sigue la corriente. Además, vuelve a su utilización frecuente de refranes y a la defensa de la limpieza de sangre.
 
Casi al final del capítulo, hablan de los versos que van a escribir para hacer un acróstico con el nombre de Dulcinea del Toboso
 
Las coplas castellanas tenían veros octosílabos en oposición a los metros italianos introducidos en el siglos XVI, y décimas o redondillas eran entonces los diez versos octosílabos de dos estrofas llamadas redondillas. Hoy llamamos décima a la estrofa espinela, redondilla a la copla de cuatro versos y quintilla a la de cinco, en cambio en aquella época la quintilla era considerada como la redondilla.
 
Capítulo quinto
 
Este capítulo, trata del diálogo que mantienen Sancho y su mujer. La discusión comienza porque Sancho comunica a su mujer su intención de hacer una nueva salida con don Quijote. Teresa Panza está preocupada por el futuro de sus hijos y muy en particular por el de su hija. Sanchica tiene una edad en la que ya habría que pensar en casarla.
 
Sancho contagiado por las fantasías de don Quijote, sueña con el ascenso social, expresa su deseo de casar a su hija con alguien de la nobleza y Teresa, mucho más pegada a la realidad, desea casar a su hija con alguien de igual condición que ella. 
 
En esta discusión se crea un contraste entre los elevados objetivos que tiene Sancho y que ha aprendido de su amo, la ambición desmedida y el afán de ascender en la escala social y los de Teresa Panza, que encarna la moderación y el sentido común, pegado a la realidad.
 
El habla de Teresa recuerda a como era Sancho cuando conoció a don Quijote. Esta cargada de refranes como viva la gallina, aunque sea con su pepita, apelativos populares como Juan Tocho y sufijos despectivos como condazo o caballerote. En contraste, está el habla de Sancho que toma el mismo papel que don Quijote, en relación con su mujer y habla de manera engolada y llena de cultismos, como mentecata e ignorante.
 
Cervantes, complica el problema de la autoría de la obra.  Ya no es la obra escrita por Cide Hamete Benegeli, ni de Cervantes, que sería el transcriptor de ella, sino que es el traductor el que opina que este capítulo es apócrifo. 
 
Llegando a escribir el traductor desta historia este quinto capítulo dice que le tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho Panza con otro estilo del que se podía prometer de su corto ingenio y dice cosas tan sutiles, que no tiene por posible que él las supiese; pero que no quiso dejar de traducirlo, por cumplir con lo que a su oficio debía, y así, prosiguió diciendo: …
 
Precisamente, este argumento lo basa en el diálogo mantenido por Sancho y su mujer en el que cambia completamente el registro en el que habla Sancho. Tanto, que su mujer casi no lo entiende. Sancho pasa de hablar de forma coloquial a hablar como un letrado.
 
–Mirad, Sancho –replicó Teresa–; después que os hicistes miembro de caballero andante habláis de tan rodeada manera, que no hay quien os entienda.

Además, corrige los errores de habla que comete su mujer, exactamente igual que hace don Quijote con él y adopta una actitud de superioridad, equivalente a la que adopta también don Quijote con él. Esto demuestra la imparable quijotización de Sancho.
 
–Yo no os entiendo, marido –replicó Teresa–; haced lo que quisiéredes, y no me quebréis más la cabeza con vuestras arengas y retóricas. Y si estáis revuelto en hacer lo que decís.. –Resuelto has de decir, mujer –dijo Sancho–, y no revuelto.
 
Aunque, habría que decir, que la diferencia entre el amo y el escudero estriba en que don Quijote desea hacer justicia y el bien a la humanidad y el objetivo de Sancho es medrar y conseguir la consideración social.
Aquí, Sancho desoye las advertencias prudentes de su mujer exactamente igual que don Quijote desoyó las que le hizo Sancho con los molinos de viento o los rebaños de ovejas, de la primera parte.
 
Encontramos, en este punto, una reivindicación femenina muy moderna en Teresa frente al dominio absoluto del marido. 
 
…pero otra vez os digo que hagáis lo que os diere gusto; que con esta carga nacemos las mujeres, de estar obedientes a sus maridos, aunque sean unos porros.  
 
Finalmente, Sancho consigue infundir en Teresa cierta ilusión y esperanza, en cuanto a su ascenso social. Aunque, siempre con mucha prudencia y desconfianza y ridiculizando la vida de caballero de don Quijote.
 
Este capítulo está considerado una de las joyas del lenguaje coloquial de la literatura española.
20 de septiembre de 2019

Don Quijote de la Mancha – Capítulos del 47 al 52 de la primera parte

Capítulo cuadragésimo séptimo

En este capítulo, se narra el traslado de don Quijote hacia su casa, dentro de una jaula. Parece una manera poco digna de trasladar a una persona. El cura y el barbero que son los que finalmente se hacen cargo de él mantienen el tono burlón, pero lo hacen también por su bien. Es la única manera posible que han pensado que podía dar resultado para llevarlo directamente hasta su casa.

Después de algunos momentos muy lúcidos, que don Quijote tiene en la venta, como en el momento, en el que dos viajeros quieren marcharse sin pagar y don Quijote se da cuenta de que no son caballeros, pero no sabemos como, con buenas razones, consigue que estos paguen su factura antes de marcharse. 

Asimismo, en el capítulo anterior, se produce un momento de tensión entre todos los personajes, debido a todas las tramas abiertas, que habían quedado sin solucionar, y don Quijote, con un discurso lleno de cordura, convence a todas las partes para que arreglen los problemas de manera razonada y sin violencia.

La locura de don Quijote, a lo largo de toda esta primera parte, aparece siempre, cuando los hechos tienen coherencia con lo que sería el modelo de un libro de caballerías. Si el suceso no se identifica con este modelo, don Quijote mantiene su cordura. Por este motivo, piensa que puede ser posible la profecía del mago que le promete esponsales con Dulcinea y una vida en familia con hijos. Lo único que le hace dudar del encantamiento es el hecho de que ningún otro caballero fuera trasladado por encantamiento de esa manera.

“Cuando don Quijote se vio de aquella manera enjaulado y encima del carro, dijo:
–Muchas y muy graves historias he yo leído de caballeros andantes, pero jamás he leído, ni visto, ni oído, que a los caballeros encantados los lleven desta manera y con el espacio que prometen estos perezosos y tardíos animales; porque siempre los suelen llevar por los aires, con extraña ligereza, encerrados en alguna parda y escura nube, o en algún carro de fuego, o ya sobre algún hipogrifo o otra bestia semejante; pero que me lleven a mí agora sobre un carro de bueyes, ¡vive Dios que me pone en confusión! Pero quizá la caballería y los encantos destos nuestros tiempos deben de seguir otro camino que siguieron los antiguos.” 

Por si finalmente, don Quijote cambia de opinión, don Fernando, Cardenio y Sancho agilizan todo lo que pueden los preparativos de la marcha y en el último momento, la ventera, su hija y Maritornes salieron a despedirse, como si de damas del castillo se tratara y lloraron la marcha de don Quijote y el encantamiento, pero este responde:

“–No lloréis, mis buenas señoras, que todas estas desdichas son anexas a los que profesan lo que yo profeso, y si estas calamidades no me acontecieran no me tuviera yo por famoso caballero andante; porque a los caballeros de poco nombre y fama nunca les suceden semejantes casos, porque no hay en el mundo quien se acuerde dellos. A los valerosos sí, que tienen envidiosos de su virtud y valentía a muchos príncipes y a muchos otros caballeros, que procuran por malas vías destruir a los buenos.”
Por otra parte, el resto de los personajes también se despiden, prometiendo dar cuenta de sus destinos. En ese momento, llega el ventero y ofrece al cura unos papeles, diciéndole que los había encontrado en la misma manera que la Novela del curioso impertinente. El ventero no sabía leer, así que el cura tomo los papeles que llevaban el título de Novela de Rinconete y Cortadillo. 

Como tantas otras veces Cervantes hace un ejercicio de metaliteratura y además, de la aparición dentro del Quijote de títulos de otras obras suyas, que los personajes comentan. Asimismo, encontramos la crítica hacia otras obras.

Cuando ya están en marcha, el grupo que había salido de la venta con don Quijote se encuentran con seis o siete hombres que venían a caballo. Uno de ellos resultó ser canónigo de Toledo y el resto eran sus acompañantes. El canónigo se sorprende de ver así a don Quijote y piensa que es un delincuente, más aun porque iba acompañado de los cuadrilleros de la Santa Hermandad que llevaban su insignia.

El cura se adelanta al grupo y lleva con él al canónigo para explicarle la situación. Estos charlan animadamente sobre la locura de don Quijote y la literatura. El canónigo tiene una postura muy crítica hacia las novelas de caballerías, pero aunque es crítico, también dice que ha leído el principio de casi todas.

“–Verdaderamente, señor cura, yo hallo por mi cuenta que que son perjudiciales en la república estos que llaman libros de caballerías. Y aunque he leído, llevado de un ocioso y falso gusto, casi el principio de todos los más que hay impresos, jamás me he podido acomodar a leer ninguno del principio al cabo, porque me parece que, cuál más, cuál menos, todos ellos son una mesma cosa, y no tiene mas éste que aquél, ni estotro que el otro. Y según a mí me parece, este género de escritura y composición cae debajo de aquel de las fábulas que llaman milesias, que son cuentos disparatados, que atienden solamente a deleitar, y no a enseñar, al contrario de lo que hacen las fábulas apólogas, que deleitan y enseñan juntamente”

El cura escucha al canónigo atentamente y está de acuerdo con él, viendo que era un hombre sensato, le cuenta como habían censurado la biblioteca de don Quijote.

“y así, le dijo que, por ser él de su mesma opinión, y tener ojeriza a los libros de caballerías, había quemado todos los de don Quijote, que eran muchos, Y contóle el escrutinio que dellos había hecho , y los que había condenado al fuego y dejado con vida, de que no poco se rió el canónigo”

El canónigo se muestra contrario a estos libros no sólo por el mal que pueden producir, sino por su mala escritura. Dice que tiene una factura descuidada tanto en su escritura como en su composición. Además, habla de su falta de verosimilitud, por estar sus historias tan apartadas de la realidad. Asimismo, el canónigo quiere sentar las bases de las pautas que debe seguir toda obra novelesca. Cervantes habla, aquí, por boca del canónigo y dice que en la virtud de la obra novelesca “tanto la mentira es mejor cuanto más parece verdadera”

Tesis que Cervantes desarrollara en su “Viaje al Parnaso”.

Como ve el lector, finalmente, queda clara la crítica al género de las novelas de caballerías. Además, este es uno de los temas principales del libro.



Capítulo cuadragésimo octavo

Como el título del capítulo anuncia, aquí se continúa la crítica a los libros de caballerías.

“Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías, con otras cosas dignas de su ingenio.”

El canónigo admite tener escritas más de cien páginas de un libro de este género, pero no quiere continuarlo por tratarse de un libro que sería más leído por el vulgo que por los sabios y no parece estar interesado en ello.

A continuación, aprovecha el mismo discurso para comparar los libros de caballerías con las comedias del momento, que según dice también son seguidas con éxito por el populacho.

“Si éstas que ahora se usan, así las imaginadas como las de historia, todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto y las tiene y las aprueba, por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las componen y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de otra manera, y que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide no sirven sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender su artificio, y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos, que no opinión con los pocos, de este modo vendrá a ser mi libro, al cabo de haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos, y vendré a ser el sastre del cantillo. Y aunque algunas veces he procurado persuadir a los actores que se engañan en tener la opinión que tienen, y que más gente atraerá y más fama cobrarán representando comedias que sigan el arte que no con las disparatadas, ya están tan asidos e incorporados en su parecer, que no hay razón ni evidencia que de él los saque”

Cervantes hace una crítica sobre la comedia de la época y aprovecha para criticar entre otros a Lope de Vega y dice que la culpa no la tiene el público, que ve lo que le dan. Si al público se le ofrece algo de calidad, lo verá y además, mejorará su formación. Si al público se le dan cosas sin calidad, embrutecido se quedará.

“Así que no está la falta en el vulgo, que pide disparates, sino en aquéllos que no saben representar otra cosa. Si, que no fué disparate La ingratitud vengada, ni le tuvo La Numancia, ni se la halló en la de El mercader amante, ni menos en La enemiga favorable ni en otras algunas compuestas, para fama y renombre suyo y para ganancia de los que las han representado”

En resumen, aquí se muestra la postura de Cervantes ante la literatura de la época. Por un lado defiende el género narrativo en prosa, propio de los libros de caballerías españoles, sabiendo que no siguen la idea aristotélica de la narración. Por otra parte, defiende a ultranza la comedia renacentista frente a la tragicomedia de Lope de Vega, que se toma unas libertades en cuanto a la forma.

El canónigo expresa exactamente la idea de Cervantes, en cuanto a como debería de ser el género teatral. El canónigo habla de la obra Numancia de Cervantes como modelo de tragedia que sigue las normas, y que además gusta a todos. 

El cura propone que deberían existir unos censores que cuidaran lo que se puede y no representar en público.

Para terminar el capítulo, todos deciden descansar. En ese momento Sancho aprovechará para acercarse a don Quijote e intentar convencerle de que no está encantado, pero esto será casi imposible. Don Quijote tendrá respuestas para todo.




Capítulo cuadragésimo noveno


En este capítulo, Sancho sigue con su idea de convencer a don Quijote de que el asunto del encantamiento es falso.
Le pone el ejemplo de otros caballeros encantados y le dice que durante el encantamiento ninguno tenía necesidad de comer, beber u otras necesidades, pero don Quijote comía, bebía y tenía otras necesidades.
A pesar de las razones de Sancho, don Quijote prefiere pensar que el suyo es un nuevo modo de encantamiento.  
Al principio del capítulo, en el diálogo entre escudero y caballero, el lector puede observar que se ha producido la quijotización de Sancho, que habla a don Quijote como si realmente fuera un caballero y don Quijote empieza a sanchificarse porque da algunas pinceladas de realidad a su conversación.
El diálogo es uno de los recursos imprescindibles del Quijote, no podría existir la obra sin el diálogo constante entre escudero y caballero.

Como escribe Avalle-Arce: 

“Una de las tantas maravillas que encierra el Quijote es la perfecta relación entre diálogo y narración” 

“Con una extraordinaria adaptación y aplicación del método socrático […] en forma dialéctica el escudero obliga en esta ocasión al caballero a admitir que no va encantado”

El diálogo se ha utilizado como recurso en distintas obras clásicas como por ejemplo en los diálogos de Platón. 

El cura y el canónigo van a dejar salir a don Quijote de la jaula, con la promesa de caballero de no apartarse de aquel lugar. Cuando don Quijote se ve en libertad, lo primero que hace es hablar con Rocinante y con esas palabras el canónigo queda convencido de su locura.

“–Aún espero en Dios y en su bendita Madre, flor y espejo de los caballos, que presto nos hemos de ver los dos cual deseamos: tú, con tu señor a cuestas, y yo, encima de ti, ejercitando el oficio para que Dios me echó al mundo”

El canónigo, que no puede dar crédito a la locura de don Quijote, le insta a que vuelva a la razón y se de cuenta de que todo aquello no puede ser cierto: es una cuestión de recuperar la dignidad.

“¡Ea, señor don Quijote, dúelase de sí mismo, y redúzgase al gremio de la discreción, y sepa usar de la mucha que el cielo fue servido de darle, empleando el felicísimo talento de su ingenio en otra lectura que redunde en aprovechamiento de su conciencia y en aumento de su honra! Y si todavía, llevado de su natural inclinación, quisiere leer libros de hazañas y de caballerías, lea en la Sacra Escritura el de los Jueces; que allí hallará verdades grandiosas y hechos tan verdaderos como valientes.”

A continuación, el canónigo intenta hacerle a don Quijote la reflexión de que la culpa de su trastorno la tiene la lectura de libros de caballerías, que le han hecho perder la razón. Además, añade que estos libros no dicen más que mentiras y que sería mucho mejor que leyera libros de héroes históricos, cuyas hazañas sí son verdaderas y se ajustan a la realidad. 

El fragmento está lleno de ironía. Al hablar con tanto conocimiento de los libros de caballerías, se ve claro que el canónigo había disfrutado ampliamente de su lectura. Además, le recomienda leer libros de héroes auténticos que se ajusten a la realidad y cita algunos que de ninguna manera se ajustan a esta.

Después de escuchar las recomendaciones del canónigo, don Quijote hace un discurso en defensa de los libros de caballerías. 

En su discurso don Quijote hace una larga lista de héroes y hechos heroicos, que muchos de ellos son ciertos y otros pertenecen a leyendas e historias fabulosas. 

Ahí, es donde reside la confusión. Don Quijote no sabe distinguir la historia real de las historias fabulosa. Todas se mezclan entre sí.

El canónigo también cita como verdadero al héroe Bernardo del Carpio que, aunque hasta el siglo XVIII se pensó que había existido, ahora sabemos que es un personaje de ficción.

El canónigo intenta que don Quijote distinga entre realidad y ficción.

“–No puedo yo negar, señor don Quijote, que no sea verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho, especialmente en lo que toca a los caballeros andantes españoles; y asimesmo quiero conceder que hubo doce Pares de Francia; pero no quiero creer que hicieron todas aquellas cosas que el arzobispo Turpin dellos escribe; porque la verdad dello es que fueron caballeros escogidos por los reyes de Francia, a quien llamaron pares por ser todos iguales en valor, en calidad y en valentía; a lo menos, si no lo eran, era razón que lo fuesen, y era como una religión de las que ahora se usan de Santiago o de Calatrava, que se presupone que los que la profesan han de ser, o deben ser, caballeros valerosos, valientes y bien nacidos; […]  –Todo puede ser –respondió el canónigo–, pero por las órdenes que recebí que no me acuerdo haberla visto. Mas puesto que conceda que está allí, no por eso me obligo a creer las historias de tantos Amadises, ni las de tanta turbamulta de caballeros como por ahí nos cuentan, no es razón que un hombre como vuestra merced, tan honrado y de tan buenas partes, y dotado de tan buen entendimiento se dé a entender que son verdaderas tantas y tan extrañas locuras como las que están escritas en los disparatados libros de caballerías.”

En este fragmento se habla de las ordenes de Santiago y de Calatrava. Estas son ordenes militares y religiosas fundadas en el siglo XII, como también es la de Alcántara, que la cita posteriormente.







Capítulo quincuagésimo 

Estamos llegando al final de la primera parte, y aunque Cervantes ha ido cerrando las tramas que estaban abiertas, comienza a insinuar también algunas historias que quedaran en suspenso, para que el lector se sienta atraído para seguir leyendo la segunda parte, que aparecerá en 1615.

El capítulo se desarrolla, en gran parte, con un diálogo entre don Quijote y el canónigo.  Estos discuten sobre la veracidad o falsedad de las historias y los héroes que aparecen en los libros de caballerías.

El canónigo intenta que don Quijote entienda que no todas las historias que se cuentan, y menos en este género de los libros de caballerías, son verdad.

Pero el canónigo no consigue nada. Don Quijote responde con gran elocuencia y con su fantasía. Este diálogo entre el canónigo y don Quijote no consigue nada nuevo: no hay solución.

Existe también una discusión estilística, donde don Quijote no aparece solo como lector de novelas de caballerías, sino también como escritor.

Don Quijote no solo hace un alegato, en cuanto a la veracidad de los libros de caballerías, sino argumenta que curan la melancolía y hacen disfrutar, por su cuidada estética 

“Aquí descubre un arroyuelo, cuyas frescas aguas, que líquidos cristales parecen, corren sobre menudas arenas y blancas pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan; acuyá vee una artificiosa fuente de jaspe variado y de liso mármol compuesta; acá vee otra a lo brutesco adornada, adonde las menudas conchas de las almejas con las torcidas casas blancas y amarillas del caracol, puestas con orden desordenada, mezclados entre ellas pedazos de cristal luciente y de contrahechas esmeraldas, hacen una variada labor, de manera que el arte, imitando a la naturaleza, parece que allí la vence. Acullá de improviso se le descubre un fuerte castillo o vistoso alcázar, cuyas murallas son de macizo oro, las almenas de diamantes, las puertas de jacintos, finalmente, él es de tan admirable compostura, que con ser la materia de que está formado no menos que de diamantes, de carbuncos, de rubíes, de perlas, de oro y de esmeraldas, es de más estimación su hechura.”

A continuación, el lector encuentra una ironía muy cervantina. Después, de narrar don Quijote toda una historia de maravillas delicadas le pone al héroe, que se atrevió a lanzarse a las aguas bullentes del lago, un mondadientes en la boca después de comer.

“¿Y, después de la comida acabada y las mesas alzadas, quedarse el caballero recostado sobre la silla, y quizá mondándose los dientes, como es costumbre, entrar a deshora por la puesta de la sala otra mucho mas hermosa doncella que ninguna de las primera, y sentarse al lado del caballero, y comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél, y de cómo ella está encantada en él, con otras cosas que suspenden al caballero admiran a los leyentes que van leyendo su historia?”

También, en este capítulo, queda nuevamente constancia de la quijotización de Sancho

“–Trabaje vuestra merced, señor don Quijote, en darme ese condado tan prometido de vuestra merced, como de mí esperado, que yo le prometo que no me falte a mí habilidad para gobernarle; y cuando me faltare, yo he oído decir que hay hombres en el mundo que toman en arrendamiento los estados de los señores, y les dan un tanto cada año, y ellos se tienen cuidado del gobierno, y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que le dan sin curarse de otra cosa; y así haré yo, y no repararé en tanto más cuanto, sino que luego me desistiré de todo, y me gozaré mi renta como un duque, y allá se lo hayan”

Un nuevo personaje se anuncia, sirviéndose Cervantes de un recurso utilizado en numerosas ocasiones: oímos primero una voz o un ruido y después descubrimos al personaje. 

“Y estando comiendo, a deshora oyeron un recio estruendo y un son de esquila, que por entre unas zarazas y espesas matas que allí junto estaban sonaba, y al mesmo instante vieron salir de entre aquellas malezas una hermosa cabra, toda la piel manchada de negro,  blanco y pardo. Tras ella venía un cabreo dándole voces, y diciéndole palabras a su uso, para que se detuviese, o al rebaño volviese.”

Interrumpe la relajada comida de los que estaban sentados en la hierba un cabrero que va persiguiendo una cabra. 

Esta aparición sirve para disponer al lector a leer la historia que va a contar el cabrero. Los allí presentes se prestan, con gusto, a escuchar esta historia.

Cervantes termina el capítulo, también, con el recurso numerosas veces utilizado de enlazar un capítulo con otro dejando la historia con dos puntos para ser comenzada en al capítulo siguiente.

“Parece que lo entendió la cabra, porque en sentándose su dueño, se tendió ella junto a él con mucho sosiego, y mirándole al rostro daba a entender que estaba atenta a lo que el cabrero iba diciendo; el cual comenzó su historia desta manera:”





Capítulo quincuagésimo primero

En este capítulo, el cabrero comienza a contar su historia. Esta historia, a diferencia de las otras que están insertadas en la trama principal, comienza de una manera casi precipitada. Cervantes no da al lector ningún dato antecedente. Así como otras historias se entrelazaban con la trama principal de una manera paulatina y suave, lo que le daba naturalidad al proceso, en este caso la historia comienza de manera casi repentina y corta las disertaciones filosóficas entre don Quijote y el canónigo sobre los cánones de la literatura y sobre la verdad y la realidad de los textos literarios.

En este caso ha sido un cabrero que corría detrás de una de sus cabras para que volviera al rebaño, el que ha interrumpido la conversación y se presta a contar una historia que todos van a escuchar gustosamente.

La historia tiene otra peculiaridad y es su brevedad.  El resto de cuentos insertados en la trama del Quijote se desarrollan a lo largo de varios capítulos. En este caso, realmente, la historia se resuelve en uno solo. Al final del capítulo cincuenta, anuncia la historia, y en el cincuenta y uno la cuenta, la termina y la soluciona al principio del cincuenta y dos, pero ya no es propiamente la historia, sino otras consideraciones que se hacen de la misma.

El cuento trata de la hermosa Leandra, sus enamorados y la mala cabeza que tuvo ella marchándose con quien no debía.

Eugenio, el cabrero y Anselmo, pastor de ovejas eran los dos pretendientes que tenía Leandra y que eran del gusto de su padre. Entre los dos que al padre le parecieron correctos por ser limpios de sangre, dio a su hija la libertad de escoger. Pero Leandra prefirió marcharse con el hijo de un labrador que, después de una larga ausencia como soldado, volvió al pueblo fanfarrón, bien vestido y con muchos aires de grandeza. Leandra se vio deslumbrada por su colorido y creyó todo lo que él le contó. La desgracia fue que, en cuanto comenzaron su viaje, él la desvalijó y la abandonó en una cueva, aunque afortunadamente para el padre, Leandra conservaba su virginidad.

La expresión “limpios de sangre” se refiere a que su sangre no estaba mezclada con sangre judía ni morisca, sino que eran descendientes de cristianos viejos. Hay que tener en cuenta, que hacía solamente un poco más de cien años que había caído el último estado musulmán de la península Ibérica, en 1492 el Reino nazarí de Granada, y quedaban en España muchos descendientes de moriscos y también de judíos.

Leandra fue encerrada en un convento. Los jóvenes que la habían pretendido, quedaron desolados y la mayoría se convirtieron en pastores de cabras y ovejas. Estos se fueron a un paraje idílico, bucólico, un valle que quedó convertido en una Arcadia.

“A imitación nuestra, otros muchos de los pretendientes de Leandra se han venido a estos ásperos montes usando el mismo ejercicio nuestro, y son tantos, que parece que este sitio se ha convertido en la pastoral Arcadia, según está colmo de pastores y de apriscos, y no hay parte en él donde no se oiga el nombre de la hermosa Leandra.”

Lo que comienza siendo una novela de corte Italiano con unas familias bien acomodadas, en un mismo pueblo y una hermosa dama con muchos pretendientes, termina siendo una novela pastoril, donde unos pastores lloran su amor y además con un lenguaje que no es propio de pastores por su registro culto.
“Tres leguas deste valle está una aldea que, aunque pequeña, es de las más ricas que hay en todos estos contornos, en la cual había un labrador muy honrado, y tanto, que aunque es anexo al ser rico el ser honrado, más lo era él por la virtud que tenía que por la riqueza que alcanzaba…”

Anselmo llora la ausencia de Leandra y Eugenio habla de la mala cabeza de las mujeres.

En este fragmente del capítulo se hacen las únicas consideraciones machistas de toda la obra que en muchos casos llama la atención por la libertad y consideración que concede a la mujer.

“El mismo día que pareció Leandra la desapareció su padre de nuestros ojos, y la llevó a encerrar en un monasterio de una villa que está aquí cerca, esperando que el tiempo gaste alguna parte de la mala opinión en que su hija se puso. Los pocos años de Leandra sirvieron de disculpa de su culpa, a lo menos con aquellos que no les iba algún interés en que ella fuese mala o buena; pero los que conocían su discreción y mucho entendimiento no atribuyeron a ignorancia su pecado, sino a su desenvoltura y a la natural inclinación de las mujeres, que, por la mayor parte suele ser destinada y mal compuesta.”

Eugenio hace un paralelismo entre la conducta caprichosa de su cabra, que es hembra y de las mujeres.

“Yo sigo otro camino más fácil, y a mi parecer el más acertado, que es decir mal de la ligereza de las mujeres, de su inconstancia, de su doble trato, de sus promesas muertas, de su fe rompida, y, finalmente, del poco discurso que tienen en saber colocar sus pensamientos e intenciones que tienen. Y ésta fue la ocasión, señores, de las palabras y razones que dije a esta cabra cuando aquí llegué; que por ser hembra la tengo en poco, aunque es la mejor de todo mi apero.”

El final de la historia queda en el aire y no sabemos que sucede finalmente con Leandra, ni lo que sucede con Anselmo y Eugenio.

Este cuento podría parecer paralelo al de Marcela y Grisóstomo, pero no lo es. En el anterior relato pastoril, Marcela rechaza a Grisóstomo porque ella no está enamorada. Es un canto a la libertad de la mujer que elige no casarse con Grisóstomo por que no lo quiere. 

Leandra es un caso muy distinto, es una mujer caprichosa que se deja deslumbras por los aires de grandeza y el oropel de Vicente de la Rosa y que finalmente se verá engañada por este.





Capítulo quincuagésimo segundo

En este capítulo, es el final de la primera parte de don Quijote publicada en 1605.

Cervantes deja algunos cabos sueltos que quedan en suspenso a la espera de una posible segunda parte.

En la primera parte del capítulo, se realizan unas consideraciones a la historia de Leandra contada por el cabrero, Eugenio, en el capítulo anterior.

El cuento que narra Eugenio, podríamos clasificarlo como pastoril y tiene una de las características principales de este genero: El lenguaje de los pastores no se ajusta a su condición, al ser mucho más culto de lo esperado.

“General gusto causó el cuento del cabrero a todos los que escuchado le habían; especialmente le recibió el canónigo, que con extraña curiosidad notó la manera con que le había contado, tan lejos de parecer rústico cabrero cuan cerca de mostrarse discreto cortesano; y así, dijo que había dicho muy bien el cura en decir que los montes criaban letrados.”

A continuación, don Quijote le hace a Eugenio un ofrecimiento que este acoge con asombro, especialmente por su aspecto y su forma de hablar.

Don Quijote vuelve a mostrarse como un caballero.

“–Por cierto, hermano cabrero, que si yo me hallara posibilitado de poder comenzar alguna aventura, que luego luego me pusiera en camino porque vos la tuviérades buena; que yo sacara del monesterio donde, sin duda alguna, debe de estar contra su voluntad, a Leandra, a pesar de la abadesa y de cuantos quisieran estorbarlo, y os la pusiera en vuestras manos, para que hiciérades della a toda vuestra voluntad y talante, guardando, pero, las leyes de la caballería, que mandan que a ninguna doncella se le sea fecho desaguisado alguno; aunque yo espero en Dios Nuestro Señor que no ha de poder tanto la fuerza de un encantador malicioso, que no pueda más la de otro encantador mejor intencionado, y para entonces os prometo mi favor y ayuda, como me obliga mi profesión, que no es otra si no es favorecer a los desvalidos y menesterosos.”

El cabrero se siente incomodado y se lanza contra don Quijote. Estos se enzarzan en una pelea a la que, finalmente, pondrá fin el sonido de una trompeta. 

Se trata del sonido de la trompeta que llevan unos diciplinantes que van en procesión con una imagen de la Virgen a la que imploran para que llueva.

Don Quijote se siente aludido por aquella situación, que no está interpretándola con realidad, sino con su imaginación de caballero. Don Quijote interpreta que la Virgen es una señora en apuros a la que se la están llevando unos enmascarados. Arremeterá contra este grupo y al final saldrá abatido de tal forma que Sancho piensa que su señor está muerto.

“–Agora, valerosa compañía, veredes cuánto importa que haya en el mundo caballeros que profesen la orden de la andante caballería; agora digo que veredes, en la libertad de aquella buena señora que allí va cautiva, si se han de estimar los caballeros andantes.
Y en diciendo esto, apretó los muslos a rocinante, porque espuelas no las tenía, y a todo galope, porque carrera tirada no se lee en toda esta verdadera historia que jamás la diese Rocinante, se fue a encontrar con los diciplinantes, bien que fueran el cura y el canónigo y el barbero a detenelle; mas no les fue posible, ni menos le detuvieron las voces que Sancho le daba…”

Mientras que los demás se divierten con la situación, Sancho sufre por su señor.

Sancho está tan agobiado que no se da cuenta de lo que dice y Cervantes para aumentar la comicidad del momento pone en boca de Sancho:

“¡Oh humilde con los soberbios y arrogante con los humildes”

En este fragmento, el único que llora la desgracia de don Quijote es su fiel amigo Sancho.  A Sancho no le divierte la pelea entre el cabrero y don Quijote y mucho menos el problema con los diciplinantes, que además casi termina en desgracia.

“–¿Adónde va, señor don Quijote? ¿Qué demonios lleva en el pecho, que le incitan a ir contra nuestra fe católica? Advierta, mal haya yo, que aquélla es procesión de diciplinantes, y que aquella señora que llevan sobre la peana es la imagen benditísima de la Virgen sin mancilla; mire, señor, lo que hace, que por esta vez se puede decir que no es lo que sabe.
Fatigóse en vano Sancho, porque su amo iba tan puesto en llegar a los ensabanados y en librar a la señora enlutada que no oyó palabra; y aunque la oyera, no volviera, si el rey se lo mandara.”

Cuando el grupo que iba con don Quijote se acerca al lugar del suceso, los dos curas, tanto el que iba con los diciplinantes como el que iba en el grupo de don Quijote, se reconocen y se explican mutuamente la situación. Tanto. por una parte, la locura de don Quijote, como por otra, el motivo de la procesión. Y finalmente, todo queda en paz.

Don Quijote en su jaula. Sancho junto con el cura y el barbero seguirán su camino. Los cuadrilleros y el canónigo se despedirán y los diciplinantes y el cura de aquella aldea volverán por donde vinieron.

Al llegar don Quijote y Sancho a su casa, la sobrina y el ama de este, saldrán a recibirles. A Sancho le espera su mujer, que en este momento la llaman Juana, pero que en la segunda parte se llamará Teresa.

Hay un diálogo entre Juana Panza y Sancho. Juana queda asombrada de la forma de hablar de su marido. 

“–dijo Panza–, y por agora estad contenta, que siendo dios servido de que otra vez salgamos en viaje a buscar aventura, vos me veréis presto conde, o gobernador de una ínsula, y no de las de por aquí, sino la mejor que pueda hallarse.
–Quiéralo así el cielo, marido mío; que bien lo habemos menester. Mas decidme: ¿Qué es eso de ínsulas, que no lo entiendo?
–No es la miel para la boca del asno –respondió Sancho–; a su tiempo lo verás, mujer y aun te admirarás de oírte llamar señoría de todos tus vasallos.
–¿Qué es lo que decís, Sancho, de señorías, ínsulas y vasallos? –respondió Jana Panza, [..] –No te acucies, Juana, por saber todo esto tan apriesa; basta que te digo verdad, y cose la boca.”

Finalmente, aparecerá en primer plano don Quijote, totalmente desorientado y tendido en su cama y el cura pidiendo al ama y a la sobrina que tengan cuidado con él y no le permitan volver a salir de viaje, una vez más.

Al final del capítulo, reaparece Cervantes, que dice que no ha encontrado ningún manuscrito auténtico con la tercera salida de don Quijote, aunque sí aparece en las memorias de la Mancha. Donde se narrará como don Quijote volvió a salir de viaje camino de Zaragoza.





Los últimos poemas que cierran la primera parte de la novela

Los poemas que cierran esta primera parte son burlescos. Sitúan una academia en Argamasilla con académicos

“el Monicongo, académico de la Argamasilla, a la sepultura de don Quijote”

“Del Paniaguado, académico de Argamasilla”

“Del Caprichoso, discretísimo académico de la Argamasilla, en loor de Rocinante, caballo de don Quijote de la Mancha.”

“Del Burlador, académico argamasillesco, a Sancho Panza”

“Del Cachidiablo, académico de la Argamasilla, en la sepultura de don Quijote”

“Del Tiquitoc, académico de la Argamasilla, en la sepultura de Dulcinea del Toboso”

Además, de tono burlesco, estos poemas tienen tono fantástico. No hay más que fijarse en los nombres de los académicos.

Se utiliza también el nombre se Sierra Negra por el de sierra Morena y en el mismo tono, se habla de Aranjuez, lugar en el que don Quijote jamás dijo que hubiera estado.

Estos poemas son epitafios, que pueden indicar el final de la novela, pero que en cuanto a los personajes no son adecuados porque ninguno de ellos fallece al terminar esta primera parte de la obra. Esto indica, que es probable, que Cervantes no tuviera en ese momento la intención clara de escribir una segunda parte.

Como dice Adrienne L. Martín:

“Al final de I, 52 el autor de la historia de don Quijote cuenta cómo el fin del héroe se narra en ciertos pergaminos contenidos en una caja de plomo que se había hallado en los cimientos derribados de una antigua ermita. Ya se ha indicado cómo Cervantes parodia aquí el extravagante descubrimiento de los apócrifos del Sacromonte unos quince años antes. Crea además un ambiente misterioso y exótico característico de los libros de caballerías, junto con una nota de engaño humorístico”

“Los absurdos epitafios satirizan la poesía de túmulo que se estilaba en la época y, sobre todo, la institución de la academia literaria española. Las sesiones académicas concluían con el vejamen, una composición burlesca en la cual se insultaba descaradamente a los miembros, con el propósito de hacer reír. En este caso, los ridículos académicos de la Argamasilla son vejadores que injurian impunemente a don Quijote y sus amigos. Mientras los versos preliminares se servían de la sátira para elogiar irónicamente a don Quijote y sus compañeros, los epitafios son abiertamente insultantes.”

“En última instancia, los epitafios son ejemplos perfectos de la poesía de ínfima categoría que puede esperarse de una academia radicada en la Argamasilla (de argamasa, con sus connotaciones de dureza, inflexibilidad e ignorancia) manchega. La primera parte de la novela termina, entonces, con otra burla manchega que pone en ridículo la noción de la Mancha como espacio académico y caballeresco.

10 de septiembre de 2019

Don Quijote de la Mancha – Captítulos del 42 al 46 de la primera parte

Capítulo cuadragésimo segundo

El cautivo ha terminado su relato y don Fernando expresa la satisfacción que realmente sienten todos ante la emocionante narración. 

“Todo es peregrino, y raro y lleno de accidentes que maravillan y suspenden a quien los oye. Y es de tal manera el gusto que hemos recibido en escuchalle, que aunque nos hallara el día de mañana entretenidos en el mesmo cuento, holgáramos que de nuevo se comenzara.”

Aquí, se quiere expresar tanto el gusto por escuchar la historia del cautivo, como lo que de novedoso tenía el relato escrito por Cervantes en el que se mezcla lo maravilloso con lo real o verosímil. 

“Estaba don Fernando diciendo estas palabras y el resto de los allí presentes, prestándose a ayudarles, cuando al poco llega la noche y entra en la venta un oidor.” 

Aquí, hay un desfase horario, porque cinco capítulos antes, en el capítulo treinta y siete, ya llegaba la noche cuando don Quijote pronunció su discurso de las armas y las letras. En ese momento, se disponían a cenar. 

Con la llegada del oidor, se reanuda la historia principal, cuando don Quijote le da la bienvenida al oidor (un juez). 

Don Quijote retoma aquí su idea de las armas y las letras.

“Seguramente puede vuestra merced entrar y espaciarse en este castillo, que aunque es estrecho y más acomodado no hay estrecheza ni incomodidad en el mundo que no dé lugar a las armas y a las letras, y más si las armas y letras traen por guía y adalid a la fermosura, como la traen las letras de vuestra merced en esta fermosa doncella, a quien deben no sólo abrirse y manifestarse los castillos, sino apartarse los riscos, y devidirse y abajarse las montañas para dalle acogida.” 

Don Quijote hace en este fragmento un resumen de la historia. Vuelve a la idea de que las letras traen riquezas y las armas pobreza. 

La anagnórisis (reconocimiento) no se da, en este fragmento, como en otros anteriores, en los que el reconocimiento era casi inmediato. Aquí, Cervantes lo desarrolla de forma más complicada, en un proceso que se asemeja a todos los vividos por el cautivo: largos y dificultosos.

Es necesaria la intervención del cura, que narra una historia al oidor, como si fuera propia, para que este vaya descubriendo que de quien le habla es de su hermano. En este momento, ponemos nombre al cautivo, Ruy Pérez de Viedma.

“Del mesmo nombre de vuestra merced, señor oidor, tuve yo una camarada en Constantinopla, donde estuve cautivo algunos años; la cual camarada era uno de los valientes soldados y capitanes que había en toda la infantería española. Pero tanto cuanto tenía de esforzado y valeroso tenía de desdichado. –Y ¿cómo se llamaba ese capitán, señor mío? –preguntó el oidor. –LLamábase –respondió el cura –Ruy Pérez de Viedma, y era natural de un lugar de las montañas de León…”

La idea de dos hermanos que se separan y después se reconocen tras haber vivido, particularmente el cautivo, una serie de peripecias y aventuras, apunta hacia la novela bizantina.

En este capitulo se descubre que los tres hermanos, realmente, no se habían dedicado de manera exacta a lo que el cautivo había narrado en su historia. Por lo que se puede ver, en su relato, el hermano segundo había tomado la opción de viajar a las Indias y el menor había seguido el camino de la iglesia. Pero, realmente, esto no fue así. El oidor cuenta que él es el hermano segundo y el hermano menor había viajado a Perú en busca de fortuna.

Cervantes, maestro de mantener la atención del lector, pasa al final de este capítulo, de lo novelesco bizantino con la trama de los dos hermanos a la introducción de un personaje nuevo, misterioso, que canta una bellísima canción y que desconocemos su identidad.

“–Quien no duerme, escuche; que oirán una voz de un mozo de mulas, que de tal manera canta, que encanta.”



Capítulo cuadragésimo tercero

Este capítulo, como el XVII y el XL, comienzan con una canción o poema que enlaza con el capítulo anterior, haciendo de la trama un continuo que fluye, consiguiendo también, mantener de un capítulo a otro la atención del lector.

La canción es una composición de cuatro sextetos lira de seis versos cada una. Este sexteto lira es una estrofa de seis versos heptasílabos y endecasílabos alternos, con una rima consonante, en la que riman el primero con el tercero, el segundo con el cuarto y el quinto con el sexto. A partir del romanticismo fueron posibles algunos cambios, en cuanto al esquema métrico de este tipo de composición.

Esta forma fue introducida en el siglo XVI por influencia de la literatura italiana. Fray Luis de León utilizó este tipo de composición, particularmente para sus traducciones de la obra de Horacio. Después del romanticismo este tipo de composición cayó en desuso.

En este capítulo, termina la historia del cautivo y entran en juego otros personajes, doña Clara y don Luis con una nueva trama que se introduce en la trama principal, que Cervantes tampoco deja de lado. 

Junto con la maravillosa canción y la historia que doña Clara cuenta a Dorotea, Cervantes entrelaza la mofa de Maritornes, la hija del ventero, a don Quijote.

Esta historia de don Quijote es, tal vez, una de las que mejor entrelazadas están de toda la primera parte, porque una trama se ve mezclada con la otra con toda naturalidad y verosimilitud.

La historia de doña Clara y don Luis se ve afectada, como tantas otras obras de esta época, por problemas generacionales y estamentales.

En este capítulo, se entremezclan dos tratamientos del amor. El amor serio y verdadero de doña Clara y don Luis, que se incluye dentro de la narración, con estilo cortesano sentimental, con un enamorado disfrazado y unas poesías líricas y el amor falso y caballeresco de don Quijote, que aúna las fantasías del caballero con las insensibles y malintencionadas doncellas, que Cervantes denomina semidoncellas.

Se puede contemplar una burla paródica, en la que don Quijote queda colgado por la muñeca, a consecuencia del intento de burla de Maritornes y la hija del ventero.

Además, en este capítulo, se hacen algunas alusiones interesantes como la alusión a la luna que en la obra de Horacio se llamaba la “diosa triforme” por las tres formas que puede adoptar la luna: llena, menguante y creciente. 

“Dame tú nuevas della, ¡oh luminaria de las tres caras!”

Asimismo, se hace alusión a la fábula mitológica de Apolo y Dafne, que ya había sido utilizada por otros grandes autores como el soneto XIII de Garcilaso de la Vega:
“A Dafne ya los brazos le crecían, 
y en luengos ramos vueltos se mostraba; 
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían…”

Cervantes escribe:

“Y tú, sol, que ya debes estar apriesa ensillando tus caballos, por madrugar y salir a ver a mi señora, así com la veas, suplícote que de mi parte la saludes; pero guárdate que al verla y saludarla no le des paz en el rostro, que tendré más celos de ti que tú los tuviste de aquella ligera ingrata que tanto te hizo sudar y correr por los llanos de Tesalia, o por dónde corriste entonces celosos y enamorado.”

Otra elemento mitológico es la introducción de Medusa.

“que yo os juro por aquella ausente enemiga dulce mía de dárosla en continente, si bien me pidiésedes una guedeja de los cabellos de medusa, que eran todos culebras, o y lo mesmos rayos del sol, encerrados en una redoma.”

Medusa era una de las tres gorgonas de la mitología griega, que tenía en vez de cabellos, serpientes y convertía en piedra al que la miraba.

Cervantes hace alusión, también, a otra obra literaria y menciona a Ligandeo, que era un sabio y cronista del Caballero de Febo; (obra de caballerías, español, escrita por Esteban Corvera y publicada en Barcelona en 1576) Alquife, esposo de Urganda era de Amadís de Grecia y Urganda era la maga amiga de Amadís de Gaula.

Cervantes menciona a Urganda, varias veces en el Quijote. Además de en este capítulo, Cervantes introduce a Urganda, la desconocida, en los poemas burlescos preliminares.

Aquí, Cervantes hace alusión, también, a lo sucedido en la venta en el capítulo XVI, dándole así a la obra verosimilitud y continuidad.

“A cuyas señas y voz volvió don Quijote la cabeza, y vio, a la luz de la luna, que entonces estaba en toda su claridad, cómo le llamaban del agujero que a él le pareció ventana, y aun con rejas doradas, como conviene que las tengan tan ricos castillos como él se imaginaba que era aquella venta; y luego en el instante se le representó en su loca imaginación que otra vez, como la pasada, la doncella fermosa, hija de la señora del castillo vencida de su amor, tornaba a solicitarle; y con este pensamiento…”




Capítulo cuadragésimo cuarto

En este capítulo los sucesos siguen ocurriendo en la venta. Unos personajes dejan de ser principales para dejar paso a otros que contarán una nueva historia. Al mismo tiempo, don Quijote sigue con sus peripecias.

La venta es, finalmente, como el escenario de un teatro, donde los personajes entran y salen de la escena y pasan de principales a secundarios y viceversa.

Don Quijote sigue atado por la muñeca y subido en Rocinante, a consecuencia de la jugarreta que había propiciado Maritornes.

“Maritornes, que ya había despertado a las mismas voces, imaginando lo que podía ser, se fue al pajar y desató, sin que nadie lo viese, el cabestro que a don Quijote sostenía y él dio luego en el suelo, a vista del ventero y de los caminantes, que, llegándose a él, le preguntaron qué tenía, que tales voces daba.”

Esta circunstancia, se mezcla con la llegada de los criados de don Luis y el suceso de los dos viajeros que pretendían marcharse de la venta sin pagar. Además, se añade la llegada del barbero al que don Quijote había arrebatado su bacía, creyendo que se trataba del yelmo de Mambrino.

Este capítulo tiene la peculiaridad de mezclar las tramas de forma simultánea. Repentinamente, se encuentran casi todos los personajes al mismo tiempo en la escena. Cervantes se vale del recurso de apartar a don Quijote del plano principal, haciendo que los criados de don Luis le ignoren, lo que supone una afrenta intolerable para un caballero como don Quijote, pero de esta manera se da paso al tema, que aquí se quiere destacar, que son los amores de doña Clara y don Luis.

Don Quijote queda momentáneamente fuera de la escena principal, pero no deja de aparecer alternativamente para que su presencia no desaparezca totalmente. Además, hay que tener en cuenta la llegada del barbero a la venta, lo que al final del capítulo vuelve a traer a don Quijote al primer plano, aunque realmente aquí la historia principal sean los amores juveniles.

En este capítulo, se acelera el ritmo narrativo de manera ostensible con respecto a los capítulos anteriores; donde don Quijote hace su discurso de la armas y las letras o cuando llega el oidor y se encuentra con su hermano, el cautivo, en la venta; en el que el ritmo era mucho más pausado y la cantidad de personajes en escena era bastante inferior.

Aquí, encontramos también, un tema, que es recurrente y principal en Cervantes: el tema de la libertad.

Como en otras ocasiones, don Luis, en este caso, se proclama libre para decidir su destino.

“y todos estamos aquí a vuestro servicio, más contentos de lo que imaginarse puede, por el buen despacho con que tornaremos, llevándoos a los ojos que tanto os quieren.
–Eso será como yo quisiere, o como el cielo lo ordenare –respondió don Luis”

Cervantes utiliza el suspense y deja la historia de don Luis y doña Clara en suspenso, cuando quedan a solas el oidor y don Luis, habiéndose reconocido como vecinos y, habiendo conseguido el oidor calmar a los criados del padre de don Luis. Cuando este se dispone a contar su historia, el autor introduce a los viajeros que querían marcharse sin pagar. El lector está ahora en esta historia, cuanto Cervantes se dirige directamente a él y le explica que van a volver a la historia anterior para ver lo que don Luis contó al oidor.

“Esto pasaba en la puerta de la venta, y en ella andaban las puñadas y mojicones muy en su punto, todo en daño del ventero y en rabia de Maritornes, la ventera y su hija , que se desesperaban de ver la cobardía de don Quijote, y de lo mal que lo pasaba su marido, señor y padre.

Pero dejémosle aquí, que no faltará quien le socorra; si no, sufra y calle el que se atreve a más de a lo que sus fuerzas le prometen, y volvámosnos atrás cincuenta pasos, a ver qué fue lo que don Luis respondió al oidor, que le dejamos aparte preguntándole la causa de su venida a pie y de tan vil traje vestido.”

Como en otras muchas novelas renacentistas los obstáculos que deben superar doña Clara y don Luis son generacionales y estamentales. Son demasiado jóvenes para quererse y además pertenecen a clases distintas: lo tienen todo en contra.

Volviendo a don Quijote, en esta capítulo, se da también una situación paradójica, que tiene que ver con su estado de locura. En el episodio de los viajeros, que quieren marcharse sin pagar, don Quijote ve con claridad y realidad que no se trata de caballeros y por tanto, aunque consigue el permiso de la princesa Micomicona, se niega a intervenir en el suceso, pero sigue viendo la venta como un castillo y al ventero como a un castellano. Aquí se ve claramente la dualidad de la locura de don Quijote que, a veces, se comporta con plena lucidez y otras veces, ve lo que él quiere ver. también encontramos una incoherencia narrativa, ya que don Quijote olvida todo el suceso de los cueros, el vino y los gigantes. Asimismo, resultará algo contradictorio el que don Quijote no quiera intervenir en el suceso, pero gracias a sus buenas artes finalmente todo se soluciona, no sabemos como.

Todo parece estar en orden porque además, el oidor a calmado a los criados y está hablando de forma razonable con don Luis, hasta que repentinamente aparece en escena, en la venta, el barbero al que don Quijote quitó la bacía, tomándola por el yelmo de Mambrino.

“Ya a esta sazón estaban en paz los huéspedes con el ventero, pues por persuación y buenas razones de don Quijote, más que por amenazas, le habían pagado todo lo que él quiso y los criados de don Luis aguardaban el fin de la plática del oidor y la resolución de su amo, cuando el demonio, que no duerme, ordenó que en aquel mesmo punto entró en la venta el barbero a quien don Quijote quitó el yelmo de Mambrino y Sancho Panza los aparejos del asno, que trocó con los del suyo” 

En este episodio veremos como Sancho Panza habla del baciyelmo, creando una palabra que le evita tomar partido entre la fantasía de don Quijote y la realidad.



Capítulo cuadragésimo quinto

Lo primero que el lector encuentra en este capítulo, es la pregunta que hace el barbero, que va a ser burlado. 

Cervantes encamina la narración hacia la resolución de los conflictos que se dan en la venta y a la salida de los personajes de la escena.

El autor reúne a todos los personajes que van a dar su opinión sobre la bacía y el yelmo, la albarda y el jaez y con este recurso se recuerdan todas las historias sucedidas en la venta.

La disputa entre don Quijote y el barbero se convierte en una disputa general entre todos los personajes, llena de burla e ironía.

Asimismo, se deja una puerta abierta a la esperanza para la solución del problema de doña Clara y don Luis.

Aquí, la narración ha dado un vuelco. Como todos los personajes ya conocen a don Quijote, se ponen de acuerdo para burlarse de él. Esto anticipará y preparará el carácter de la segunda parte.

El barbero exige que se le reconozca su razón por la experiencia y don Quijote, precisamente, por sus experiencias vividas en la venta, cree saber que la magia está presente y que allí pueden suceder cosas imprevisibles. Por eso, él también alude a su experiencia, pero no quiere comprometerse totalmente a reconocer su razón porque cabe la posibilidad de que por algún encantamiento las cosas no sean lo que parecen.

“–Por Dios, señores míos –dijo don Quijote–, que son tantas y tan extrañas las cosas que en este castillo, en dos veces que en él he alojado, me han sucedido, que no me atreva a decir afirmativamente ninguna cosa de lo que acerca de lo que en él se contiene se preguntare, porque imagino que cuanto en él se trata va por vía de encantamento”

Todo el capítulo tiene un tono de burla y complicidad entre los personajes que ya estaban en la venta y que conocían a don Quijote. Los que llegaron, en el último momento, no entendían porque en esa venta todo parecía ser lo contrario de lo que era.

“Para aquellos que la tenían del humor de don Quijote era todo esto materia de grandísima risa; pero para los que le ignoraban les parecía el mayor disparate del mundo, especialmente a los cuatro criados de don Luis, y a don Luis ni más ni menos, y a otros tres pasajeros que acaso habían llegado a la venta, que tenían parecer de ser cuadrilleros, como, en efecto, lo eran.”

El barbero, era el que estaba más atónito e indignado, porque él veía claramente que la bacía era bacía y no yelmo y la albarda no era jaez, frente a la opinión de la mayoría de las personas que estaban en la venta y que parecían haberse vuelto todas locas.

“Pero el que más se desesperaba era el barbero, cuya bacía allí delante de sus ojos se le había vuelto en yelmo de Mambrino, y cuya albarda pensaba sin duda alguna que se le había de volver en jaez rico de caballo; y los unos y los otros se reían de ver cómo andaba don Fernando tomando los votos de unos en otros, hablándolos al oído para que en secreto declarasen si era albarda o jaez aquella joya sobre quien tanto se había peleado. Y después que hubo tomado los votos de aquellos que a don Quijote conocían, dijo en alta voz:

–El caso es, buen hombre, que ya yo estoy cansado de tomar tantos pareceres, porque veo que a ninguno pregunto lo que deseo saber que no me diga que es disparate el decir que ésta sea albarda de jumento, sino jaez de caballo, y aun de caballo castizo; y así, habréis de tener paciencia, porque, a vuestro pesar y al de vuestro asno, éste es jaez y no albarda, y vos habéis alegado y probado muy mal de vuestra parte”

Para no cortar la trepidante narrativa que ya viene del capítulo anterior y que parecía calmarse, Cervantes introduce a los cuadrilleros de la Santa Hermandad y se arma una trifulca que curiosamente apacigua don Quijote con toda cordura.

“–Ténganse todos; todos envainen; todos e sosieguen; óiganme todos, si todos quieren quedar con vida.

A cuya gran voz todos se pararon, y él prosiguió, diciendo:

–¿No os dije yo, señores, que este castillo era encantado, y que alguna región de demonios debe de habitar en él? En confirmación de lo cual quiero que veáis por vuestros ojos cómo se ha pasado aquí y trasladado entre nosotros la discordia del campo de Agramante. Mirad cómo allí se pelea por la espada, aquí por el caballo, acullá por el águila, acá por el yelmo, y todos peleamos, y todos no nos entendemos. Venga, pues, vuestra merced, señor oidor, y vuestra merced, señor cura, y el uno sirva de rey Agramante, y el otro de rey Sobrino, y póngannos en paz, porque por Dios Todopoderoso que es gran bellaquería que tanta gente principal como aquí estamos se mate por causas tan livianas.”

En ese momento, en la venta se encuentran representados todos los estamentos sociales que existían en España. El cura, el noble, la justicia, los criados, etc.

En el discurso de don Quijote, que cierra el capítulo, se habla de temas serios, pero en un tono de broma que parece quitarle importancia. Se habla sobre el problema de la verdad y los puntos de vista. Asimismo, se habla de la sociedad de la época y de los conflictos estamentales. 



Capítulo cuadragésimo sexto

En este capítulo, se cierran algunas de las aventuras y sucesos que habían ocurrido durante los capítulos anteriores.

Aunque han sucedido muchas cosas, realmente toda la acción ha pasado en solo dos días.

El cura, don Fernando y el oidor van a ir cerrando los asuntos abiertos que producían discordia.

El primer asunto y más importante por su transcendencia judicial es el que afecta a don Quijote y a los cuadrilleros, representantes del poder judicial.

El cura consigue convencerles de la falta de culpa de don Quijote, debido a su estado de locura.

Además, los cuadrilleros ayudan al cura con la enemistad entre el barbero y Sancho Panza. El asunto del yelmo lo cierra el cura ofreciéndole una cantidad de dinero suficiente como para que este quedara contento.

“En efecto, tanto les supo el cura decir, y tantas locuras supo don Quijote hacer, que más locos fueran que no él los cuadrilleros si no conocieran la falta de don Quijote; y así, tuvieron por bien de apaciguarse, y aun de ser medianeros de hacer las paces entre el barbero y Sancho Panza, que todavía asistían con gran rancor a su pendencia. Finalmente, ellos, como miembros de justicia, mediaron la causa y fueron árbitros della, de tal modo, que ambas partes quedaron, si no del todo contentas, a lo menos en algo satisfechas, porque se trocaron las albardas, y no las cinchas y jáquimas. Y en lo que tocaba a lo del yelmo de Mambrino el cura, a socapa y sin que don Quijote lo entendiese le dio por la bacía ocho reales, y el barbero le hizo una cédula del recibo y de no llamarse a engaño por entonces, no por siempre jamás amén.”

Después de haber zanjado lo principal, quisieron cerrar también el problema de doña Clara y don Luis. Asimismo, zanjaron el problema de don Quijote y el ventero por los cueros y el vino y preparan la vuelta a casa de don Quijote, en una jaula que construyen a tal propósito. Convencen a don Quijote de que se trata de un encantamiento y que de esta manera le llevarán junto a Dulcinea con la que podrá contraer matrimonio.

El último suceso, que además es cómico, que ocurre en la venta, es el beso que se supone que Sancho ha visto que Dorotea le había dado a Fernando. El asunto se resolverá con un diálogo y con la intervención de Dorotea. En este fragmento se puede observar el magistral manejo que tiene Cervantes de todos los registros lingüísticos de la época.

En este capítulo, se cierra todo lo sucedido en la venta y comienza la transición hacia el final de la primera parte.

Don Quijote es llevado a su casa nuevamente, dentro de una jaula y engañado con una farsa.  Los otros personajes aparecen disfrazados para convencerle de que lo que le cuentan es real.

Como es tradición en los libros de caballerías, que están llenos de profecías, aquí, también hay una profecía: don Quijote se va a casar con Dulcinea y tendrá hijos.

Se termina para él el amor cortés y gracias a la magia, que hasta este momento le había resultado tan negativa, ahora le llevará hasta la felicidad.

Este paso del amor cortés al amor real es otra de las varias incoherencias que comete Cervantes al poner fin a todo el enredo que se había formado en la venta.

“Quedó don Quijote consolado con la escuchada profecía, porque luego coligió de todo en todo la significación de ella, y vio que le prometían el verse ayuntado en santo y debido matrimonio con su querida Dulcinea del Toboso, de cuyo felice vientre saldrían los cachorros, que eran sus hijos, para gloria perpetua de la Mancha; y creyendo esto bien y firmemente, alzó la voz, y dando un gran suspiro, dijo:

–¡Oh tú, quienquiera que seas, que tanto bien me has pronosticado! Ruégote que pidas de mi parte al sabio encantador que mis cosas tiene a cargo, que no me deje perecer en esta prisión donde agora me llevan, hasta ver cumplidas tan alegres e incomparables promesas como son las que aquí se me han hecho; que como esto sea, tendré por gloria las penas de mi cárcel, y por alivio estas cadenas que me ciñen, y no por duro campo de batalla este lecho en que me acuestan, sino por cama blanda y tálamo dichoso.”




















7 de septiembre de 2019

Don Quijote de la Mancha – Capítulos del 37 al 41 de la primera partede la Mancha

La narrativa renacentista

Antes de acometer el comentario de los siguientes capítulos, quería haceros un recordatorio sobre los tipos de novela que encontraremos en la narrativa renacentista.

En este período de la literatura, se seguirán cultivando las novelas de caballerías. Estas son narraciones largas, donde un caballero valiente y heroico, casi rayando lo sobrehumano, supera con honor y dignidad una serie de aventuras que le harán digno del amor de su dama.  

El valor del caballero y su fe religiosa, gozaron de un importante éxito en el siglo XVI. Estas novelas se van distanciando de las novelas artúricas, que habían sido su origen, y va tomando fuerza el carácter cristiano del caballero. Asimismo, perderá fuerza, aunque no desaparecerá por completo, el componente mágico y fantástico de sus orígenes.

La obra más representativa de este subgénero narrativo es el Amadís de Gaula. Una narración de Garci Rodríguez de Montalvo, publicada en 1508. En cierto modo, Cervantes lo tomó como modelo para su Quijote, pero de una forma satírica.
Como ya hemos dicho, las novelas de caballerías eran un género heredado de la Edad Media. Pero en el renacimiento se practicarán también otros tipos de novela, propiamente renacentistas:

La novela pastoril

Este tipo de novela viene de la tradición clásica de la poesía bucólica, representada por Garcilaso de la Vega. Es una narración en la que los pastores cuentan, a través del diálogo, sus amores frustrados hacia unas pastoras idealizadas, en un paisaje también idealizado (locus amoenus), con un lenguaje elevado impropio de los pastores. 

Estas obras tenían influencia italiana, en particular de Sannazaro autor de La Arcadia,    publicada en 1504.

Fue un subgénero que tuvo mucho éxito en el renacimiento y era muy normal que en otro tipo de relatos, se incluyeran escenas pastoriles. En España, se escribieron tres obras de importancia de este subgénero que no se pueden dejar de mencionar:

– Jorge de Montemayor: Los siete libros de la Diana, publicada en 1559. 
– Gil Polo: Diana enamorada, publicada en 1564.
– Cervantes: La Galatea, publicada en 1585.
La novela Bizantina 

Esta novela es un subgénero narrativo, que había nacido en la antigüedad clásica, como ya sabemos en el renacimiento retornó el gusto por lo clásico.  Se trata de una narración en la que dos enamorados tienen que pasar difíciles aventuras para poder llegar a estar unidos. Esto lo conseguirán gracias a su perseverancia y a su fe religiosa. Por lo tanto, tenían una finalidad ejemplarizante.

La novela bizantina más destacada de la literatura española es La selva de aventuras, de Jerónimo Contreras, así como Los trabajos de Persiles y Segismunda, obra de Miguel de Cervantes publicada en 1617.
La novela morisca

Es un subgénero narrativo creado en España y propiciado por el contexto histórico. Son novelas de frontera cristiano-musulmana, ambientadas en escenarios nobles. En ellas se narran historias amorosas y militares entre moros y cristianos, durante el período de la Reconquista. Sus protagonistas rivalizan por mostrarse más dignos y honorables.

La novelas más importantes de este subgénero son: Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa de 1551, de autor anónimo e Historia de los amores de Ozmín y Daraja, narración que apareció introducida en el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán.

Las novelas cortas o italianas 

Estas novelas son breves con origen en la literatura italiana, particularmente en la obra El Decamerón de Boccaccio. Este subgénero derivó en Cunetos y novelas cortas.

Las obras más destacadas son: El Patrañuelo, de Juan de Timoneda (colección de novelas cortas) y Sobremesa y alivio de caminantes (colección de cuentos) del mismo autor.

Dentro de la prosa del Renacimiento, no se puede olvidar la novela picaresca, de creación española. La obra que estrena el subgénero es el Lazarillo de Tormes (1554), de autor anónimo. Pero la novela que lo consolidó es Vida del Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán y publicada en 1559.




Capítulo trigésimo séptimo

Tras el desenmarañamiento de toda la trama amorosa entre Dorotea, Luscinda, Fernado y Cardenio, en este capítulo, prosigue la historia de la princesa Micomicona. Los personajes del enredo amoroso se ponen de acuerdo para que don Quijote consienta que le acompañen hasta su casa. De esta manera, una vez que han conseguido sacarlo de su retiro en Sierra Morena, pretenden conseguirlo. 

Asimismo, entra una nueva pareja en la historia: Zoraida y el cautivo, que anuncia el comienzo de una nueva historia. Zoraida lleva unas ropas extrañas que no definen claramente si se trata de una cristiana o no. 

Este capítulo es un espacio de transición entre el desenredo del lío amoroso de Dorotea, Fernando, Luscinda y Cardenio y la nueva historia que ya se vislumbra de Zoraida y el cautivo.

Además, aquí Cervantes hace un preámbulo al cuento del cautivo sobre las armas y las letras por medio de un discurso de don Quijote, como el que ya apareció en el capítulo  once, donde este hacía un discurso sobre la Edad de Oro, que precede a la historia de Marcela y Grisostomo.

Como siempre, la venta es el lugar donde se van cruzando los personajes, como si fuera el escenario de un teatro donde suceden todas las historias y unos personajes entran al primer plano y otros salen de él.

En la venta, todo se resuelve con los cambios de nombre, cambios de identidad y transformaciones en las que se mezcla la realidad con la ficción. Una de las transformaciones más simbólicas del capítulo es la transformación que se hace de la sangre del gigante en vino, o del vino en la sangre del gigante, dependiendo del punto de vista desde el que se mire.

“–Eso creo yo bien –respondió don Quijote–, porque he tenido con el gigante la más descomunal y desaforada batalla que pienso tener en todos los días de mi vida, y de un revés, ¡zas!, le derribé la cabeza en el suelo, y fue tanta la sangre que le salió que los arroyos corrían por la tierra como si fueran de agua”

Es muy significativa la pregunta retórica que hace don Quijote al principio de su discurso:

“¿Cuál de los vivientes habrá en el mundo que ahora por la puerta deste castillo entrara y de la suerte que estamos nos viere, que juzgue y crea que nosotros somos quien somos?

De todos los personajes del enredo amoroso, el único que sale perjudicado es Sancho, que al ver la realidad se da cuenta de que no podrá conseguir los bienes que creía que llegarían a ser suyos.

“–Bien puede vuestra merced, señor Triste Figura, dormir todo lo que quisiere, sin cuidado de matar a ningún gigante, ni de volver a la princesa su reino, que ya todo está hecho y concluido.”

Los amantes están los cuatro llenos de dicha y la ventera también por que sabe que todos los gastos de los desperfectos se le van a abonar.

El discurso de don Quijote es mucho más que una mera introducción del cuento de Zoraida y el cautivo. Se pone de relieve el espíritu evangélico de la milicia y también los trabajos y la parte ascética de la vida militar. Esta exaltación de armas y letras es una declaración de Cervantes de sus dos grandes ideales. Cervantes fue soldado en Lepanto y escritor universal.

El autor, además, trata aquí también el tema de la pobreza, que es un tema recurrente en su obra. No habla de capitanes y poetas, sino de soldados y escritores que pasan hambre. 

“acudir a los conventos a comer la sopa para pobres”

En la parte final de su discurso utiliza los símbolos de Sirtes, Scilas y Caribdis. que simbolizan todos los peligros que cualquiera se puede encontrar en el camino.

Sirtes como fondos marinos y arena que se mueve y cambia de lugar produciendo importantes cambios en las profundidades marinas y Scilas y Caribdis son dos peñascos situados a cada lado del estrecho de Mesina y que dificultan la navegación con terribles remolinos y otras alteraciones marinas y que dificultaron la vuelta a Itaca de Ulises.




Capítulo trigésimo octavo

Este capítulo que es el más breve de la primera parte, trata del discurso de don Quijote sobre las armas y las letras.

La primera parte del discurso está centrada en la finalidad del trabajo de las armas y el objetivo del trabajo de las letras. En la segunda parte, se centra más en destacar el mérito del trabajo del soldado y el letrado, aunque a la vista de su discurso don Quijote, encuentra mucho más sacrificado y honroso el trabajo de soldado, aunque con muchas menos posibilidades de conseguir con este trabajo una buena vida.

En este discurso hay mucha ironía y un trasfondo claramente autobiográfico.

Para poner en juego la ironía Cervantes utiliza la dilogía:

“Y a veces suele ser su desnudez tanta, que un coleto acuchillado le sirve de gala y de camisa, y en la mitad del invierno se suele reparar de las inclemencias del cielo…”

En este fragmento utiliza la palabra acuchillado para hablar tanto de la forma de las aberturas de su jubón, como de las cuchilladas que ha podido recibir en él.

Asimismo, Cervantes hace uso de la metáfora:

“lléguese un día de batalla, que allí le pondrán la borla en la cabeza, hecha de hilas, para curarle algún balazo, que quizá le habrá pasado las sienes, o le dejará estropeado de brazo o pierna…”

Con la expresión: “la borla en la cabeza” se refiere al vendaje que le pondrán cuando le hagan una herida que será el equivalente en honores a la borla que lucen los letrados cuando llegan a un grado académico superior.

También, es irónico cuando dice:

“Pero decidme, señores, si habéis mirado en ello: ¿cuán menos son los premiados por la guerra que los que han perecido en ella? Sin duda, habéis de responder, que no tienen comparación, no se pueden reducir a cuenta los muertos, y que se podrán contar los premiados vivos con tres letras de guarismo. Todo esto es al revés en los letrados, porque de faldas, que no quiero decir de mangas, todos tienen en qué entretenerse. Así que, aunque es mayor el trabajo del soldado, es mucho menos el premio. Pero a esto se puede responder que es más fácil premiar a dos mil letrados que a treinta mil soldados, porque a aquéllos se premian con darles oficios que por fuerza se han de dar a los de su profesión, y a éstos no se pueden premiar sino con la mesma hacienda del señor a quien sirven; y esta imposibilidad fortifica más la razón que tengo.”

Aquí, Cervantes, cuando dice con faldas, se refiere a las ganancias obtenidas de forma lícita y con mangas a sobornos con los que conseguir sustanciosos beneficios.

En este fragmento, también se aprecia su tendencia a considerar las armas como un trabajo de mayor dignidad y honradez.

La parte autobiográfica queda clara cuando habla de las armas y las heridas, recordando la herida que le había dejado mal herido y el brazo inutilizado de un arcabuzazo. 

“Aunque a mí ningún peligro me pone miedo, todavía me pone recelo pensar si la pólvora y el estaño me han de quitar la ocasión de hacerme famoso y conocido por le valor de mi brazo y filos de mi espada, por todo lo descubierto de la tierra”

A pesar de esto, hay controversia entre los estudiosos del Quijote. Algunos consideran que Cervantes estaba a favor de las armas, en consonancia con su personajes y otros opinan que Cervantes era un pacifista que no estaba de acuerdo con don Quijote.  En el discurso se introduce la nueva idea de las armas de fuego, que en cierto modo termina con el discurso caballeresco.

Finalmente, en el capítulo se pasa de forma suave y paulatina del discurso de don Quijote a la solicitud de los asistentes a la reunión para que el cautivo cuente su historia.

De esta forma, el capítulo se convierte en una transición, que terminará definitivamente con los enredos amorosos anteriores y da paso a una nueva historia que se narrará en los siguientes capítulos.


Capítulo trigésimo noveno

La historia del cautivo es otra de las historias intercaladas en la trama principal del Quijote

En este capítulo, el cautivo cuenta como ha sido su vida. 

Los reunidos en la venta solicitan, en el capítulo anterior, encarecidamente al cautivo, que cuente su historia y él comienza casi de forma paralela a como comienza la obra de Cervantes Don Quijote de la Mancha “En un lugar de las montañas de León…” 

La historia del cautivo está narrada con un narrador protagonista, en primera persona. Es el propio cautivo, presente en la venta, el que cuenta a los demás sus peripecias. Además de las aventuras personales, hace una radiografía de la sociedad de la época y el marco histórico en el que se desenvuelve.

En cuanto a los personajes históricos, todos están documentados. 

Fernando Álvarez de Toledo fue el tercer duque de Alba y llegó a Bruselas en 1567, así que es fácil saber que el relato del cautivo se desarrolla hacia 1589. 

El cautivo menciona también a los condes de Eguemón y de Hornos, que realmente eran el conde de Egmont y el conde de Horn. Estos eran unos insurrectos que fueron decapitados en Bruselas en 1568.

Diego de Urbina fue un capitán del tercio de Miguel de Moncada. En la compañía de este capitán fue en la que Cervantes luchó en la batalla de Lepanto. 

El Uchalí fue un renegado nacido en Calabria que luchó también en la batalla de Lepanto y llegó a ser virrey de Argel. 

Juan Andrea de Oria, sobrino de el genovés Andrea Doria, luchó en la batalla de Lepanto,
como capitán de galeras bajo bandera española.

Selim II era un sultán turco que gobernó desde 1566 hasta su muerte en 1574. 

Cuanto Cervantes menciona a don Juan se refiere a Juan de Austria. 

Cheredín Barbarroja fue un marino que llegó a ser general de la armada y rey de Argel. 

Álvaro de Bazán fue el primer marqués de Santa Cruz y uno de los marinos españoles más importantes de su época.

Por su estructura y sus características, los estudiosos del Quijote piensan que la historia del cautivo pudo ser un relato independiente.

Este relato podría considerarse encuadrado dentro de los cuentos maravillosos: la historia de tres hijos a los que se les da un dinero y emprenden vidas distintas. Es un cuento que se nos hace conocido.

La historia parte de un refrán, recurso muy utilizado en el comienzo de la tradición oral y al mismo tiempo sirve de base de la estructura del relato.

El padre dice a los hijos:

“Iglesia, o mar, o casa real, como si más claramente dijera: Quien quisiere valer ay ser rico, siga o la Iglesia, o navegue, ejercitando el arte de la mercancía, o entre a servir a los reyes en sus casas; porque dicen: Más vale migaja de rey que merced de señor.”

Este cuento parece un ejemplo del discurso de don Quijote que en el capítulo anterior hablaba de las armas y las letras y el mayor provecho que se saca de las segundas frente a las primeras, aunque estas te proporcionen mayor honor.

En un momento el cuento, que comienza como tantos otros cuentos maravillosos, da un giro, cuando el cautivo comienza a narrar sus experiencias como soldado. Ahí, el cuento se convierte en una crónica de lo que fue la batalla de Lepanto y todo lo que de ella se puede extraer como autobiográfico de la vida de Cervantes.

El cuento hace su giro hacia la autobiografía del soldado al rededor de la línea 115 donde el cautivo comienza a narrar sus aventuras al embarcar en Alicante camino a Genova.

“ Embarquéme en Alicante, llegué con próspero viaje a Génova, fui a Milán, donde me acomodé de armas y de alunas galas de soldado, de donde quise ir a asentar mi plaza al Piamonte; y estando ya de camino para Alejandría de la Palla, tuve nuevas que el gran duque de Alba pasaba a Flandes. Mudé propósito, fuime con él, servíle an las jornadas que hizo, halléme en la muerte de los condes de Eguemón y de Hornos, alcancé a ser alférez de un famoso capitán de Guadalajara, llamado Diego de Urvina…”

Y a continuación, hacia la línea 190 aunque la narración sigue estando en primera persona y sigue siendo un relato autobiográfico, podemos apreciar un cierto cambio hacia la crónica de lo que allí sucedió.

“En efecto, el Uchalí se recogió a Modón , que es una isla que está junto a Navarino, y echando la gente en tierra, fortificó la boca del puerto y estúvose quedo hasta que el señor don Juan se volvió. En este viaje se tomó la galera que se llamaba La Presa, de quien era capitán un hijo de aquel famosos cosario Barbarroja…” 

Durante este relato, Cervantes hace una alabanza a la valentía y la dignidad de los soldados españoles, aunque también realiza una cierta crítica a los mandos militares que no supieron aprovechar la victoria de la batalla de Lepanto y perdieron la Goleta a la que un tal Pedro Aguilar escribe unos sonetos.

Hacia la línea 320, comienza a hablar de Pedro Aguilar, que es el único personaje del capítulo que no se ha documentado históricamente.

Centrando la atención en este personaje, el cautivo suspende la narración, momentáneamente, y deja al lector en suspenso esperando leer los sonetos escritos por este soldado.

“Entre los cristianos que en el fuerte se perdieron, fue uno llamado don Pedro de Aguilar, natural no sé de qué lugar del Andalucía, el cual había sido alférez en el fuerte, soldado de mucha cuenta y de raro entendimiento; especialmente tenía particular gracia en lo que llaman poesía. Dígolo porque su suerte le trujo a mi galera y a mi banco, y a ser esclavo de mi mesmo patrón; y antes que nos partiésemos de aquel puerto hizo este caballero dos sonetos a manera de epitafios, el uno d la Goleta y el otro al fuerte.”

De esta manera se pasará al capítulo siguiente.




Capítulo cuadragésimo

El capítulo se inicia con los dos sonetos compuestos por Pedro de Aguilar en homenaje a la Goleta y al fuerte. Con esto se cierra la crónica histórica y se abre la aventura amorosa del cautivo, que podríamos calificarla de novela bizantina.  

Los sonetos los recita don Fernando que resulta ser el hermano de Pedro de Aguilar. Esta coincidencia añade verosimilitud al relato del cautivo.

Los sonetos, con los que comienza el capítulo, no son un mero elemento para adornar el relato, sino que imprimen un carácter trágico que influye en toda la narración.

“Y esta vuestra mortal, triste caída 
entre el muro y el hierro, os va adquiriendo
fama que el mundo os da, y el cielo gloria”


“De entre esta tierra estéril, derribada, 
destos terrones por el suelo echados, 
las almas santas de tres mil soldados
subieron vivas a mejor morada,”


Además, en este punto de la narración hay algunos datos históricos que se alteran y no se pueden tomar como fiables. En concreto, la fecha de la muerte de Uchalí, que murió en 1587 y no a los pocos meses del suceso de la Goleta que se produjo en 1574.

Asimismo, el cautivo recuerda a un tal Saavedra. Con esto, se refiere al propio Cervantes y a sus cinco años de cautiverio en Argel, de 1575 a 1580, a sus intentos de fuga y las veces que el rey Hasán Bajá le perdonó la vida. Esta parte de la narración tiene estrecha relación con la obra de Cervantes Los baños de Argel.

Será sobre todo a partir de este momento que el relato, que ya no es fiable históricamente se torna en novela bizantina, en la que los enamorados vivirán mil aventuras hasta poder estar a salvo. 

La huída se preparará con la ayuda de un renegado y mucho dinero para comprar una barca y otras cosas necesarias.

También, se mezcla el tema religioso, que dará lugar a la huída del cautivo con Zoraida y otros hombres.

El relato llega un momento que se centra especialmente en Zoraida, como dama misteriosa y convertida al cristianismo por una criada que le hablaba de la Virgen y le enseñó a rezar.

Tanta era su fe, que fue capaz de traicionar a su padre, aunque no quisiera hacerle sufrir. Para hacerlo notar, Cervantes pone en boca de Zoraida la palabra árabe “marfuces” que significaba traidores. Con esto Cervantes quiere indicar que ella tiene los mismos prejuicios hacia los árabes que cualquier cristiano. 

Durante el relato, Cervantes añade palabras árabes y turcas que añaden multiculturalidad y colorido lingüístico.

Así en la carta que Zoraida escribe al cautivo dice:

“Mira tú si puedes hacer cómo nos vamos, y serás allá mi marido, si quisieres, y si no quisieres, no se me dará nada, que Lela Marién me dará con quien me case. Yo escribí esto; mira a quién lo das a leer: no te fíes de ningún moro, porque son todos marfuces.”

Incluso en esta historia de Zoraida, Cervantes sigue utilizando elementos de su propia vida. Esta podría identificarse con la hija de Agi Morato que era un renegado, que Cervantes conoció en su vida en Argel. Aunque la historia de Zoraida y Zahara no llevan el mismo rumbo, ni tienen el mismo final.

Todos estos elementos, tanto lo histórico como lo literario y lo autobiográfico, son los que conforman esta historia del cautivo, que como en toda la obra del Quijote se van mezclando los hechos reales con los imaginarios. 




Capítulo cuadragésimo primero

En este capítulo continúa y termina la aventura del cautivo. 

El cautivo narra a los presentes en la venta, todas las peripecias vividas hasta llegar hasta allí. Desde el encuentro con Zoraida en el jardín de casa de su padre, hasta el viaje en barco y finalmente la llegada a España, con todas las vicisitudes vividas durante el periplo.

Resulta muy teatral y casi operística la escena vivida en el jardín, cuando el padre sorprende a Zoraida en una actitud demasiado cercana al cautivo y esta finge haberse desmayado.

En esta escena del jardín aparece un elemento autobiográfico de la vida de Cervantes. 

“Respondíle que era esclavo de Arnaute Mamí (y esto porque sabía yo por muy cierto que era un grandísimo amigo suyo)”

Arnaute Mamí era el comandante de los corsarios que capturaron la galera donde iba Cervantes de regreso a España, desde su cautiverio.

Asimismo, Cervantes habla de la lengua, refiriéndose a la lengua franca. Esta era castellano, turco y árabe para que todos se entendieran. Cervantes quiere reflejar el ambiente que él mismo había vivido durante su cautiverio. 

También, se viven momentos intensos de dramatismo, cuando el padre descubre que su hija es complice de aquel aparente secuestro y robo. Incluso, el lector no sabrá de parte de quien ponerse.

Este episodio es uno de los más dramáticos del Quijote. 

“Viéndose, pues, Zoraida ya en la barca, y que queríamos dar los remos al agua, y viendo allí a su padre y a los demás moros que atados estaban, le dijo al renegado que me dijese la hiciese merced de soltar a aquellos moros y de dar libertad a su padre, porque antes se arrojaría en la mar que ver delante de sus ojos y por causa suya llevar cautivo a un padre que tanto la había querido.”

Zoraida queda como la “mala mujer cristiana” y como la redentora por la salvación del grupo de cristianos. Este fragmento muestra, en parte, el conflicto entre las dos culturas. Además, Cervantes quería mostrar también que la liberación del cautiverio no era cosa fácil. Hacían falta muchas peripecias, valor y dinero para poder escapar. 

Zoraida se ve obligada a traicionar a su padre y sufrir el dolor que esto le produce, por un interés más alto: lo hace por su fe.

En este fragmento Cervantes hace una alusión a la leyenda medieval, en la que don Rodrigo, último rey visigodo, deshonra a la hija del conde moro don Julián, que para vengarse ayudo a los árabes en su conquista de España.

Zoraida, en la elección de su destino adquiere una actitud quijotesca, pasando por encima de todas las dificultades con tal de conseguir su objetivo con gran fuerza y entusiasmo, aunque algunas veces también de forma dramática, como el secuestro de su padre.

“–¿Es verdad lo que este dice, hija?, dijo el moro. –Así es, respondió Zoraida. –¿Qué, en efecto –replicó el viejo–, tú eres cristiana, y la que ha puesto a su padre en poder de sus enemigos? A lo cual respondió Zoraida: –La que es cristiana, yo soy; pero no la que te ha puesto en este punto; porque nunca mi deseo se extendió a dejarte ni a hacerte mal, sino a hacerme bien. Y–¿qué bien es el que te has hecho, hija? –Eso –respondió ella– pregúntaselo tú a Lela Marién; que ella te lo sabrá decir mejor que no yo.”

Casi al final del capítulo, cuando se encuentran ya en tierra Española se produce una anagnórisis o reconocimiento. Este es uno de los rasgos típicos de la novela bizantina. 

“¡–Gracias sean dadas a Dios, señores, que a tan buena parte nos ha conducido! Porque, si yo no me engaño, la tierra que pisamos es la de Vélez Málaga; si ya los años de mi cautiverio no me han quitado de la memoria el acordarme que vos, señor, que no preguntáis quién somos, sois Pedro de Bustamante, tío Mío.”






7 de julio de 2018

¿Quién es Orham Pamuk?

Orhan Pamuk es un escritor turco nacido el 7 de junio de 1952 en Estambul. Pertenece a una familia de clase media acomodada, su padre y su abuelo eran ingenieros, residentes en un barrio occidentalizado.

Pamuk estudió la secundaria en el colegio norteamericano Robert College de su ciudad natal y después comenzó a estudiar arquitectura, aunque tres años más tarde la abandonaría para dedicarse a la literatura a tiempo completo. En 1977 se graduó en el Instituto de periodismo de la Universidad de Estambul, aunque nunca llegó a ejercer la profesión.

Las Universidades de Columbia de Nueva York y más tarde la de Iowa le invitaron a impartir allí sus cursos desde 1985 hasta 1988.

Comenzó a realizar algunas publicaciones siendo aun muy joven, en 1974. Pero, realmente, su estreno como escritor fue con su obra Cevdet y sus hijos en 1982, por la que le concedieron el Premio Orham Kemal de Novela. A continuación, publicó La casa del silencio, en 1983, galardonada con el Premio Madarali, cuya traducción al francés recibió en 1991 el Premio del Descubrimiento Europeo.

En 1990, ya había conseguido renombre internacional, gracias a sus obras El libro negro (llevada la cine por Omer Kavur en 1991 con el título de El rostro secreto) y El astrólogo y el sultán (con el título actual de El castillo blanco).

En 2005, fue acusado de traición, debido a unas declaraciones que realizó a la prensa extranjera. En ellas responsabilizaba a Turquía de la masacre de un millón de armenios y 30.000 kurdos. El caso provocó tanta alarma internacional que importantes escritores de distintos países firmaron una declaración de apoyo a Pamuk, acusando al Gobierno turco de no respetar los derechos humanos. En enero de 2006 se aplazó el juicio y su causa fue archivada por el Ministerio de Justicia turco.

La posición de Pamuk ante los derechos humanos, especialmente, ante los problemas armenio y kurdo en Turquía, lo han convertido en un personaje que genera polémica en su patria, mientras allí unos lo admiran otros lo consideran un traidor.  La campaña de odio desatada en Turquía, después de una entrevista en la prensa suiza, lo obligó a abandonar el país por un tiempo.

Después del asesinato del periodista turco-armenio Hrant Dink, en enero de 2007 y las amenazas de muerte que recibió, Pamuk abandonó nuevamenteTurquía . Algunos medios turcos le acusaron de haber utilizado el asesinato de Dink como un pretexto para ir a Estados Unidos a ganar dinero, dando conferencias en la Universidad de Columbia. Aunque, en realidad, y según declaraciones de Pamuk al semanario alemán Der Spiegel, trás el asesinato de Dink, que le causo una profunda impresión, necesitaba alejarse de los hechos y aceptar la oferta de la Universidad de Columbia para impartir clases como profesor invitado. 

Sus estancias académicas en Estados Unidos le han resultado siempre productivas. Allí, terminó su última novela El museo de la inocencia y en 1990 El libro negro que fue su primer éxito internacional. 

El 28 de abril de 2012 abrió sus puertas en Estambul el Museo de la Inocencia basado en su novela homónima El museo de la inocencia, en el barrio de Cihangir.

Aunque ha recibido reiteradamente amenazas de muerte por parte de turcos fundamentalistas, Pamuk piensa que nada ni nadie lo obligará al exilio y siempre regresa a su ciudad natal, Estambul.

 Otros premios que ha recibido han sido Premios al Mejor Libro Extranjero en Francia (2002), Grinzane Cavour en Italia (2002), Internacional IMPAC de Dublín (2003), Médicis de Francia (2005) a la mejor novela extranjera por Nieve, Ricarda Huch de Alemania (2005) y el de la Paz de los Libreros Alemanes (2005). Su obra ha sido traducida a más de 40 idiomas.

Orham Pamuk fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2006. Según dijo la Academia Sueca, el premió se le concedió porque: “en búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal, ha encontrado nuevos símbolos para reflejar el choque y la interconexión de las culturas”,

6 de julio de 2018

Estambul – Breve apunte

Estambul, Ciudad y Recuerdos es una obra escrita en el 2003 por el escritor turco Orhan Pamuk. 
 
La obra se divide en treinta y siete capítulos en los que Pamuk va narrando los recuerdos de su casa, de su familia, de la escuela, de su primer amor, de la ciudad, de las calles que recorre con su cámara y de sus primeras pinturas realizadas con placer.
 
En esta obra, Pamuk recuerda su vida desde la primera infancia hasta los veinte años. Pero, no se puede considerar esta obra como una autobiografía, ni tampoco como una novela. Es una obra que está fuera de cualquier género. En ella, a sus recuerdos y a su vida, le añade un personaje principal e imprescindible que es la propia ciudad de Estambul, con todo lo que ella contiene y ofrece. Así que, tampoco podríamos considerarlo como un libro de historia sobre Estambul.
 
La obra comienza con el capítulo de su infancia, donde Pamuk habla sobre su especial familia y su vida en los apartamentos Pamuk, en el centro de la ciudad. 
 
El autor narra que fue entonces cuando tomó conciencia de que vivía en un espacio plagado de melancolía, que estaba cargado de los recuerdos de un pasado glorioso y que intentaba llegar a la modernidad occidental.
 
Pamuk no ofrece una imagen idílica de la ciudad, aunque si hace una declaración de amor hacia ella. El autor sigue viviendo en Estambul y dice que lo especial es haber permanecido cincuenta años en el misma ciudad, incluso en la misma casa. 
 
El autor siente y expresa de forma clara la dependencia que tiene de su ciudad y de su casa y se identifica de tal manera con ellas que declara que el destino de la ciudad es el suyo y que es la ciudad de Estambul la que ha forjado su carácter.
 
La identificación del autor y su ciudad es casi absoluta. Es la tolerancia y la melancolía, es la amargura y la alegría y el colorido, es oriente y occidente.
 
En realidad, Pamuk sentía la necesidad de expresar de alguna manera, todo lo que crecía en su interior. 
 
En un primer momento, lo intenta a través de la pintura. En sus años más infantiles, esta vía de expresión le resultaba satisfactoria y suficiente. Pero, a medida que pasan los años, Pamuk se da cuenta de que la pintura no es la forma de expresión idónea para él. Por este motivo, a los veinte años decide abandonar la pintura para dedicarse a la escritura.
 
“Un tiempo después de empezar la escuela, descubrí que pintar me proporcionaba un gran placer. Pero puede resultar un tanto equívoco usar el verbo descubrir en el sentido de encontrar algo que ya estaba ahí pero que ignorábamos que estuviera, como en el caso del descubrimiento de América. Dentro de mí tenía el talento y la afición por la pintura pero aún no los había desenterrado cuanto empecé la escuela. Sería más correcto decir que fue un invento la disposición espiritual y la capacidad que llamamos talento. Porque no existía tal cosa.”
La necesidad de profundizar en el alma de su ciudad es vital. Durante muchos tiempo, se dedicó a pintar. Sus padres entendieron esa necesidad o simplemente pensaron que necesitaba un espacio para desarrollar su pintura y le dejaron un piso que utilizaban como trastero, para que Pamuk instalara allí su estudio de pintor. 
 
Desde muy joven, paseaba por las calles y barrios de Estambul haciendo fotografías, que posteriormente plasmaba en sus cuadros. 
 
La influencia del arte francés es evidente en los ambientes culturales de Estambul de mediados del siglo XX. Los escritores franceses visitan y escriben sobre la ciudad. También los pintores  como Melling se interesaron por esta ciudad y este pintor realizó una obra titulada “Un viaje pintoresco por Estambul y las riberas del Bósforo. 
 
Pamuk en su estilo pictórico seguía a Dufy y a los impresionistas, con un estilo algo naif. 
 
El tema de su pintura, era su casa y su familia o la ciudad de Estambul, porque sentía fascinación por sus calles; por el Bósforo; por las ruinas de sus antiguos palacios, mezquitas, etc; por su historia imperial; por la mezcla de habitantes de su ciudad que mostraba los contrastes entre los barrios ricos, mucho más occidentalizados  y los barrios pobres, que seguían conservando las costumbres orientales.
 
Pamuk comienza a estudiar arquitectura, siguiendo los deseos de su familia. Cuando llevaba tres años estudiando decidió dejarlo, porque comprendió que él nunca iba a dedicarse a la arquitectura.
 
Pamuk, había nacido artista y necesitaba canalizar ese ímpetu artístico. Finalmente, no fue la pintura, fue la escritura.
 
En la primera parte cuando habla de su primera infancia, Pamuk habla del interior de su casa y de lo que pasaba también por su interior, así como de la relación con su hermano. 
 
Más adelante, durante la adolescencia, comienza su vida de caminante y observador de su ciudad.
 
Pamuk narra sus recuerdos de forma trepidante, están vividos con intensidad. Asimismo, realiza unos detallados retratos psicológicos de sus padres, su abuela y su hermano, así como de su primera amor. 
 
“La multitudinaria familia del edificio Pamuk era dispersa y fragmentad, y en las concurridas comidas surgía de cada boca una opinión distinta. La familia parecía unida de forma automática por el cariño y la necesidad de compañía, de conversación y de ser multitud, y por costumbres y normas que nadie discutía, como que nadie se peleara a las horas de la comida y de la radio. En casa, mi padre no era en absoluto un centro de poder y autoridad, sino alguien a quien se veía poco y que de vez en cuanto desaparecía. Y, lo más importante, a mi hermano y a mí jamás nos reñía, no siquiera fruncía el ceño aunque hiciéramos algo que le disgustaba. Mi padre realmente se merecía la frase que usaba cuando años más tarde nos presentaba a sus amigos: Estos son mis hermanos pequeños. Por eso en casa solo reconocí como autoridad a mi madre. Pero su poder sobe mí no procedía de algo exterior, de ser un centro de poder ajeno, sino de mi propio deseo de gustar, de ser querido y acariciado.”
 
Es muy interesante, la idea del doble que le persigue durante toda la infancia y que hará realidad en su libro El castillo blanco. Este doble puede tener distintos simbolismos. Puede ser la búsqueda de una vida mejor o más estable de la que tenía en su casa; puede ser la necesidad interior de llegar a ser otro mejor; También, podría representar el miedo a encontrarse con alguien tan parecido a él que pudiera arrebatarle su vida. 
 
Además, resulta muy interesante, la relación con su hermano. Existe una rivalidad, muy masculina, por destacar, mucho más acusada en el hermano. Realmente a Orhan, había muchas veces, que le resultaba más agradable la derrota, eso le producía un sentimiento de tristeza y melancolía con el que se sentía muy identificado.
 
El hermano estaba completamente inmerso en los nuevos tiempos. Le apasionaba todo lo que tenía que ver con la técnica y las matemáticas, así que se fue a estudiar a Estados Unidos y Orhan se quedó sólo con sus padres y particularmente con su madre. 
 
Pero, todos esos recuerdos y retratos son una de las dos caras de la misma moneda, donde se encuentra la ciudad de Estambul.

En esta obra, como ya hemos mencionado anteriormente, no se puede desligar la ciudad, de los recuerdos. 
 
En el libro el autor narra como en Estambul los monumentos históricos no se protegen como en otras ciudades Europeas, sino que se vive entre ellos, muchos de ellos en estado ruinoso. 
 
“Porque  el mejor atajo para desprenderse de la amargura que provoca ser lo que queda de un poderoso imperio consiste en ignorar los monumentos y no prestar atención a los nombres de los edificios ni a las características arquitectónicas que los diferencian. Eso es lo que hacen los estambulíes ayudados por la pobreza y la ignorancia. Por ejemplo, dejan totalmente de lado la idea de Historia y tratan esos monumentos como si se hubieran levantado hoy mismo, arrancando piedras de las murallas de la ciudad para usarlas en sus construcciones y pretenden restaurarlas utilizando hormigón.”
 
“Otra manera de olvidar es plantar en lugar de lo derruido o quemado un bloque de pisos occidental y modernos.”
 
“Todo ese desinterés y toda esa destrucción acaban por incrementar la sensación de amargura, añadiéndole además un toque de dejadez y miseria.”
 
Según la visión que tiene Pamuk sobre Estambul, en la ciudad se vive la amargura
 
“Llega un momento en que, mires donde mires, la sensación de amargura se hace tan patente en la gente y en los paisajes como la bruma que comienza a moverse poco a poco en las aguas del Bósforo las frías noches de invierno cuando de repente sale el sol”.

Esta amargura, según la visión del autor, es la melancolía unida al sentimiento de querer que se haga justicia y a la esperanza de que ocurra algún acontecimiento extraordinario.

“Para comprender los orígenes de la profunda amargura que despertaba en mí el Estambul de mi infancia hay que acudir por un lado a la Historia, a los resultados del desplome del Imperio otomano, y por otro a la manera en que se ha reflejado en los hermosos paisajes de la ciudad y en su gente.”

“En Estambul, la amargura es tanto un importante sentimiento de la música local y un término fundamental de la poesía como una manera de ver la vida, una actitud mental y lo que supone el material que hace a la ciudad ser lo que es. Como contiene todas esas particularidades al mismo tiempo, es un estado espiritual que la ciudad ha hecho orgullosamente suyo, o que aparenta hacerlo. Por esa razón es un sentimiento que se considera tanto negativo como positivo.”
 
En la obra, como vemos, el autor intenta reflexionar sobre la amargura de la ciudad y por eso habla también de la visión de los occidentales. Habla de los escritores que han escrito sobre su ciudad, principalmente de los escritores franceses del XIX como Nerval Flaubert, Gautier. Además, de otros escritores como Edmondo de Amicis, Hans Christian Andersen, Charles Baudelaire, Eugène Delacroix y él desea, también, tener su propia visión extranjera de la ciudad.
 
Hasta el XIX, apenas hubo escritores turcos que escribieran sobre Estambul. Estos escritores intentaron dar una idea diferente dede la ciudad, desde dentro, pero la mayoría estaban occidentalizados, así que también estaban en parte fascinados por su propia historia y esplendor, así como por las antiguas costumbres.
 
“La occidentalización nos ha dado a mí y a millones de estambulíes el placer de encontrar exótico nuestro propio pasado”
 
El más llamativo de estos escritores turcos, del que Pamuk hace un retrato y un análisis es Koçu. Autor de la increíble e inacabada Enciclopedia de Estambul. Pamuk también habla de Yahya Kemal, Ahmet Hamdi Tanpinar y sus descripciones de Estambul en su libro cinco ciudades y de su obra Paz, así como del novelista y escritor de memorias Abdülhak Sinasi Hisar.
 
“La poesía moderna turca posterior a la República también se ha abrazado a la amargura con el mismo punto de vista, viéndola como un destino inevitable y como un sentimiento capaz de liberar el alma humana dándole profundidad. Este sentimiento es también una especie de ventana cubierta de vaho entre el poeta y la vida. la imagen amarga de la vida es para el poeta más atractiva que la vida misma.”

“El problema de tantos escritores y poetas de Estambul que por una lado comparten la amargura con toda la ciudad y por otro, como Tanpinar, se han formado un gusto por la lectura y sienten pasión por la cultura occidental y el deseo de ser modernos, es más complejo y más triste. Se encuentra entre la sensación de comunidad, que les permite saborear la amargura, y la soledad racionalista, como Montaigne, o emocional, como Thoreau, que han aprendido de los libros occidentales que han leído.”
 
Pamuk narra, también, como la historia y la política han influido en los escritores turcos.
 
“Otro desafío para ellos fue el nacionalismo turco, primero se basó en el desplome de Imperio otomano y el peligro de convertirse en colonia de Occidente, y luego en la propia República de Turquía.”

“muchos elementos turísticos, como los harenes, los monasterios de derviches o los sultanes, desaparecieron junto con las casas de madera, y en que el lugar del imperio otomano lo ocupó la pequeña República de Turquía, que imitaba a Occidente. En 1985, a finales de esa época en que nadie venía a Estambul ni escribía sobre ella y en que la prensa local entrevistaba a cualquier extranjero que viniera la hotel Hilton, el poeta ruso-norteamericano Joseph Brodsky publicó en el New Yorker una largo artículo titulado Huida de Bizancio.”

“El Estambul de mi infancia y mi juventud era un lugar que iba pediendo a toda velocidad su configuración cosmopolita. En 1852, cien años antes de mi nacimiento, Gautier, después de observar como tantos viajeros antes que él que en las calles de Estambul se hablaba turco, griego, armenio, italiano, francés e inglés (y debería haber añadido ladino que se usaba más que estos dos últimos) y que en aquella torre de Babel mucha gente sabía varias de aquellas lenguas, se avergüenza un poco de hablar solo francés, como la mayoría de los franceses. El que la conquista prosiguiera después de la fundación de la República de Turquía, la violencia de la turquización de Estambul  el hecho de que el Estado provocara una especie de limpieza étnica en la ciudad restaron presencia a todas aquellas lenguas.  En mis recuerdos de infancia queda como parte de aquella limpieza cultural la manera en que se callaba a los que por la calle hablaban en voz alta griego o armenio (la verdad es que por aquel entonces no se veían por ahí a demasiados kurdo ni se oía su lengua): ¡Cuidado, habla turco! También había letreros por todos lados con el mismo mensaje”
 
También deja ver algunos de los problemas actuales de la ciudad

“El que Estambul esté dividida entre la cultura tradicional y la occidental, y entre una minoría inmensamente rica y los suburbios, donde viven millones de pobres, y el que permanezca constantemente abierta a una inmigración permanente, ha provocado que en los últimos ciento cincuenta años nadie sienta la ciudad como su verdadero hogar”
 
Como en toda su obra Pamuk expresa sus ideas con valentía y habla de la política y de la religión, así como de la cantidad de lenguas distintas que se hablaban en Estambul y que hoy en día, no se permite que las minorías se expresen en su lengua.
 
Este tipo de declaraciones es lo que ha colocado a Pamuk en el punto de vista de los políticos turcos, como elemento peligroso dentro del actual régimen. De hecho fue juzgado por alta traición, a consecuencia de unas declaraciones hechas a la prensa extranjera, en las que recordaba el genocidio armenio perpetrado por los turcos a comienzos del siglo XX. 
 
Con la concesión del Premio Nobel a Orhan Pamuk han salido a la luz de occidente otros autores de la literatura turca. 

 

7 de junio de 2018

¿Quién es Jean Echenoz?


Jean Echenoz es un escritor de novela y ensayo francés, nacido el 26 de diciembre de 1947 en Orange.

Jean Échenoz estudió Sociología e Ingeniería Civil. en la Universidad de Aix-en-Provence. 
Posteriormente, se trasladó a Paris, en1970, donde trabajó durante un tiempo para el periódico L´Humanité. 
Jean Echenoz está considerado como uno de los grandes escritores franceses contemporáneos y para muchos críticos el primer autor post-nouveau roman.

Publicó su primer libro en 1979 con el título de «El meridiano de Greenwich».

Sus obras se caracterizan por su estilo sencillo, pero condensado y en ocasiones casi cinematográfico, así como desprovisto de detalles superfluos. 

Echenoz es admirador de escritores como Flaubert, Queneau, Nabokov o Faulkner.

La música clásica ha estado muy presente en la vida de este autor. El mismo declara que la música ha tenido un papel fundamental en su vida y en su obra literaria.  Su madre y sus dos abuelos tocaban el piano y Echenoz el contrabajo. 

Una de sus ideas principales es que todo escritor tiene derecho a la libertad narrativa pudiendo innovar y salirse de las normas clásicas. Jean Echenoz es consecuente con sus ideas y las practica en su obra.

El autor ha escrito una trilogía sobre tres personajes reales: Ravel (músico) , Zápotek (corredor) y Tesla (científico), que se encuentran a caballo entre la novela y la biografía, no pudiéndose incluir en ningún género concreto de los establecidos.

Echenoz ha recibido importantes premios, como el Médicis por «Cherokee» en 1983, el Premio Goncourt por «Me voy» en 1999 o los Premios Aristeion y François Mauriac en 2006 por «Ravel». 

Otra actividad que ha desarrollado EchePnoz ha sido la escritura de varios guiones cinematográficos para distintos directores de cine franceses: Le rose et le blanc (de Robert Pansard-Besson), en 1982; Le tueur assis (de Jean-André Fieschi), en 1985, para TV; y Cherokee (de Pascal Ortega), en 1991.
Asimismo, ha tenido una breve actuación en el film Un an de Laurent Boulanger, en 2006.
Jean Echenoz fue elegido como el novelista internacional más relevante de la década de los noventa en una encuesta realizada por Le Nouvel Observateur


Algunas de sus obras son:

– Correr
– Ravel
– Me voy
– Rubias peligrosas
– Al piano
El meridiano de Greenwich
Relámpagos

       

5 de junio de 2018

14 – Breve apunte

14 es una novela del escrito francés Jean Echenoz. Este autor se enfrenta al reto de escribir y describir la Primera Guerra Mundial en noventa y ocho páginas.

Echenoz es capaz de componer en 15 capítulos una obra, casi minimalista, pero a la que no le falta nada para conseguir comunicar al lector de forma concentrada e inteligente la conmoción y las atrocidades causadas por la Primera Guerra Mundial.

Un crítico del diario Libération destaca el sentido flaubertiano de la gramática y el ritmo; afirma que a ratos recuerda a una película muda y otras veces a un cuadro cubista.

La novela transcurre en Francia y para transmitir las vivencias de la guerra Echenoz lleva al lector a acompañar en su camino a cinco amigos, ahora soldados, muy jóvenes,  que llevan una vida tranquila en la Vendée, provincia situada en el litoral atlántico del Loira, cuando estalla el conflicto en agosto de 1914.

14 es una novela que parece sencilla, pero podríamos decir que ofrece mucho con poco. En una primera lectura llama la atención la forma narrativa que utiliza Echenoz en escenas a veces sueltas pero que enganchan perfectamente en el tronco común. Podríamos decir que el autor utiliza una técnica casi cinematográfica en su narrativa.

El personaje principal es Anthine, acompañado por sus amigos Padioleau, Bossis y Arcenel y su hermano Charles.

El protagonista y sus amigos han sido inscritos en el 93º regimiento de infantería, el mismo número que eligiera Victor Hugo para su novela 93, a la que, según palabras del propio Echenoz rinde tributo.

La novela tiene un comienzo muy metafórico

“Anthime se topó con un fenómeno para él desconocido hasta entonces. En lo alto de todos los campanarios, de pronto acababa de ponerse en marcha un movimiento, mínimo pero continuo: la alternancia regular de una cuadrado blanco y otro negro, sucediéndose cada dos o tres segundos, como una luz alternativa, un parpadeo binario que recodaba el de la válvula automática de algunos aparatos en las fábricas. Anthime observó sin comprenderlos aquellos impulsos mecánicos, similares a disparadores o guiños, dirigidos desde lejos por otros tantos desconocidos.

A continuación, el fragor envolvente del viento, interrumpiéndose tan bruscamente como había surgido, dio paso al ruido que había ocultado hasta entonces: en realidad eran las campanas, que habían comenzado a repicar desde lo alto de los campanarios y tañían al unísono en un desbarajuste grave, amenazador, pesado, y en el que, aun sin conocerlo apenas, pues era demasiado joven para haber asistido a muchos entierros, Anthime reconoció instintivamente el toque de rebato, que suena en contadas ocasiones y del que tan sólo acababa de llegarle la imagen antes que el sonido.

El rebato, habida cuenta de la situación que atravesaba el mundo, anunciaba sin lugar a dudas la movilización.”

El protagonista, Anthine, es un contable de 23 años, al comienzo de la obra, cuando todo parece apacible, va recorriendo en bicicleta unos kilómetros por carreteras de campo y bajo un agradable y templado sol. Es muy metafórico el viento que aparece repentinamente y que todo lo cambia.

“Nada más llegar Anthime al montículo, sobrevino una brutal y estrepitosa ráfaga de viento que estuvo a punto de arrancarle la gorra y de desequilibrar  la bicicleta…”

“Ventoleras tan vivas, sonoras y repentinas no son habituales en pleno verano por esos pagos, sobre todo con semejante sol, y Anthime se vio obligado a plantar un pie en el suelo…”

“Con ser un paisaje sugestivo, se veía turbado momentáneamente por aquella irrupción ventosa, atronadora, a todas luces inhabitual en aquella estación y que, obligando a Anthime a sujetarse la visera, colmaba todo el espacio sonoro.”

Cuanto Anthime vuelve en su bicicleta hacia el pueblo en un bache del camino pierde su libro que queda abierto en la cuneta de manera también muy metafórica con una sentencia que él ya no leerá: Aures habet et non audiet (Tienen oídos y no oyen)

Los cinco amigos destacan entre la masa de soldados que marchan en las mismas condiciones que ellos, pero el lector no los personaliza.

Esta breve novela consigue dar una excelente visión de varias de las circunstancias que se vivieron durante la Primera Guerra Mundial. 

Una de estas situaciones fue la desaparición de las calles y plazas, así como de los puestos de trabajo de todos los hombres jóvenes. El autor describe la tensión que produce esta desaparición y la espera de lo desconocido.

“A primera hora de la mañana, los empleados municipales más ancianos que se han quedado en la ciudad han terminado de retirar los últimos ramilletes marchitos…”

“También todo está más tranquilo porque hay menos gente, sobre todo hombres jóvenes en la calle, o muy jóvenes, pues éstos , convencidos en su mayoría de que el conflicto será muy breve, lo ignoran y no quieren preocuparse. Los contados muchachos de su edad con quienes se cruza Blanche, de aspecto más o menos enfermo, han sido declarados inútiles al menos por el momento…”

“Las cervecerías están desiertas, los camareros han desaparecido, les toca a los dueños barrer personalmente la zona de las puertas y las terrazas. Y así, las dimensiones de la ciudad, cavidad de los varones como si se los hubieran tragado, parecen haberse extendido: aparte de las mujeres, Blanche sólo ve a ancianos y chiquillos, cuyos pasos suenen a hueco como en un traje demasiado holgado.”

Las mujeres entran en el mercado laboral para sustituir a los trabajadores masculinos que ya no están y que no se sabe por cuanto tiempo van a faltar, aunque pensaran que la ausencia sería breve.

“Transcurridos casi dos años de combates, con el reclutamiento acelerado sangrando incesantemente al país, cada vez había menos gente en las calles, fuese o no fuese domingo. Tampoco se veían ya muchas mujeres y niños, dada la carestía de la vida y la escasa posibilidad de salir de compras: las mujeres, que cobraban a lo sumo el subsidio de guerra se habían visto obligadas a buscar trabajo en ausencia de los maridos y hermanos: colgar carteles, repartir el correo, picar billetes o conducir locomotoras cuando no compartían trabajo en las fábricas, en especial las de armas. Y a los niños, que ya no iban a la escuela, tampoco les faltaba en qué ocuparse: muy solicitados desde los once años de edad, sustituían a sus hermanos mayores en las empresas y en los campos de alrededor de la ciudad, donde conducían los caballos, trillaban los cereales o apacentaban el ganado. Los demás eran fundamentalmente ancianos, indigentes, algún que otro inválido como Anthime y algún que otro perro con collar o sin él”

La vida en la Vendeé continua aunque transformada. Así el lector conocerá a Blanche y su familia, propietarios de la fábrica Borne-Séze.

“Como se esperaba, Anthime vio que al principio Blanche sonreía a Charles orgullosa de su porte marcial, pero cuando llegó a su altura, no sin sorpresa esta vez, recibió de ella otra clase de sonrisa, más seria e incluso, según le pareció, más emocionada, intensa, pronunciada, vete a saber.”

“Y, de lejos, por encima del hombro de Charles que estrechaba a Blanche en sus brazos, Anthime la vio clavar de nuevo la misma mirada en su persona.”

“Al abandonar la habitación, ha pasado delante del escritorio, que no habrá desempeñado papel alguno esa mañana: está acostumbrado, pues tan sólo sirve para albergar las cartas que Anthime y Charles envían regularmente a Blanche, cada cual por su cuenta, y que, ceñidas con cintas de colores dispares, descansan en cajones diferentes.”

Otra faceta del conflicto, que muestra la novela, es la ingenuidad con la que, en un principio, abordan los jóvenes su marcha hacia la guerra. 

A pesar de la situación, en el pueblo todo parecía tranquilo y todos comentaban que el conflicto no duraría más de quince días.

Anthime junto con sus amigos Padioleau, Bossis, Arencel y Charles, hacen cálculos sobre cuántos días tardarán en volver a casa. Todos piensan que será cuestión de quince días, luego piensan que serán treinta y así hasta darse cuenta con la perdida de la inocencia que aquella situación no terminará tan fácilmente, ni de forma gratuita.

Incluso Charles con su superioridad muestra la terrible ingenuidad del momento. 

“Charles, que llegó a última hora de la mañana, como siempre altivo y displicente, le adjudicaron al principio un uniforme de no le iba. Pero como se puso a protestar con desdén, montando un número y alegando su cargo de subdirector de fábrica, despojaron a otros –en este caso a Bossis y a Padioleau– de un capote y de un pantalón rojo que parecieron contentar al personaje, pese a su expresión hastiada y distante.”

La guerra y la desgracia terminarán igualando a todos.

ya con los uniformes puestos, los nuevos soldados marchan por la ciudad de forma alegre, parecía que sentirse soldados les sentaba bien.

“Al día siguiente ya empezaron a sentirse soldados: por la mañana el regimiento realizó una primera marcha antes de que el coronel pasara revista en el campo de maniobras después de que desfilaran por la ciudad a la espera de tomar el tren 

Aquel desfile resultó bastante alegre, todos formados y erguidos…”

Pero hasta que el conflicto no se volvió realmente crudo, la gente seguía pensando que aquello no duraría y que todos volverían a casa.

“Pero en general la gente sonreía confiada, pues a todas luces aquello duraría poco, regresarían enseguida…”

“Regresarán todos ustedes a casa, prometió el capitán Vayssière, levantando la voz en al medida de sus fuerzas. Sí, volveremos todos a la Vendée.”

“Lo que mata no son las balas, sino la falta de aseo, que es nefasta y que es lo primero que deben ustedes combatir. D modo que lávense, aféitense, péinense y nada tienen que temer.”

“Lo encontrarás todo en orden cuando volvamos. A saber cuándo, se dijo Anthime. Esto irá muy rápido, aseguró Charles, estaremos de vuelta para los pedidos de septiembre.”

“Lo sé, dijo Blanche, está Ruffier. Si, dijo Monteil, bueno, ya no desde el otro día, se ha ido como todo el mundo, pero será cosa de dos semanas, se solucionará rápido.”

“Asunto de quince días, había diagnosticado Charles tres meses atrás bajo el sol de agosto. lo mismo que dijo Monteil, y lo mismo que muchos creían por aquel entonces. Salvo que quince días después, treinta días más tarde, al cabo de más y más semanas, cundo comenzó a llover y los días pasaron a ser más fríos y cortos, las cosas no se desarrollaron como estaba previsto.”


La ingenuidad llegaba a tal extremo que el narrador, momentos antes de morir Charles, dice:

“Por lo demás, no tienen miedo, pues únicamente se les ha encomendado una misión de reconocimiento, pese a la novedad de dicha empresa, para la que apenas han recibido preparación.”

“Entonces brota un solo disparo del fusil de infantería: una bala atraviesa doce metros de aire a setecientos metros de altura y mil por segundo y penetra en el ojo izquierdo de Noblès para salir por encima de su nuca, detrás de la oreja derecha, y a partir de entonces el Farman, descontrolado, mantiene un momento su trayectoria para declinar en pendiente cada vez más vertical, y Charles boquiabierto, por encima del hombro desplomado de Alfred, ve acercarse el suelo en el que va a estrellarse, a toda velocidad y sin más alternativa que su muerte inmediata, irreversible, sin sombra de esperanza…”

La ingenuidad desaparecerá de forma repentina

“Sucedió también que las cosas parecieron concretarse un poco más cuando comenzaron a propagarse rumores, sobre todo tocantes al espionaje: al parecer, un maestro traidor fue sorprendido en tal o cual sector, a punto de volar un puente. Hacia Saint-Quentin, aparecieron supuestamente dos de aquellos espías amarrados aun árbol, acusados de transmitir con una linterna durante la noche información al enemigo, y cuando se acercaron a ellos vieron como el coronel los mataba a quemarropa con su revólver. “

“Si, no cabía duda de que todo parecía concretarse.”

“A partir de entonces tuvieron que enfrentarse a los hechos: allí comprendieron realmente que tenían que entrar en combate, montar una operación por primera vez, pero, hasta el primer proyectil que impactó cerca de él Anthime no se lo creyó de verdad.”

Es en la página 55 cuando nos damos cuenta de que Charles y Anthime son hermanos. Así que 14, en ese momento adquiere un matiz añadido: la relación entre los dos hermanos. El hermano aparentemente perfecto y el imperfecto. 

“Y su hermano, por cierto, inquirió Monteil. Perdón, dijo Blanche, ¿el hermano de quién? El hermano de Charles, le recordó Monteil, ¿tiene noticias suyas? Postales, contestó Blanche, las envía regularmente. Y hasta alguna carta, de vez en cuando. Ahora creo que andan por el Somme, no se queja mucho. Mejor, opinó Monteil, De todas formas, dijo Blanche, Anthime nunca ha sido una persona que se queje mucho. Ya sabe usted cómo es, se adapta a todo.”

Los dos hermanos van a representar el tiempo viejo y el tiempo nuevo.

“Y seis mese después, la manga de la chaqueta doblada y prendida en el costado derecho con un imperdible, y una cruz de guerra nueva prendida con otro imperdible al otro lado del pecho, Anthime se paseaba por un muelle del Loira. Volvía a ser domingo y con el brazo que le quedaba llevaba cogido el brazo derecho de Blanche.”

“Se levantó, atravesó el pasillo, abrió la puerta de enfrente y se dirigió en la oscuridad hacia la cama de Blanche, que tampoco dormía, Se acostó junto a ella, al abrazó, la penetro y la inseminó. el otoño siguiente, precisamente en el transcurso de la batalla de Mons, que fue la última, nació un varón al que llamaron Charles.”

El tiempo nuevo vence al tiempo viejo, con todas sus imperfecciones. Como símbolo de esto nace un varón, que será el heredero de la familia y su esperanza. 

Echenoz no tiene la intención de contar, ni regodearse con los horrores de la guerra. La guerra es horrible en sí misma y es capaz de cambiar la historia, el pensamiento de la humanidad, la sociedad. Finalmente, será una catarsis que lo cambiará todo.

Aun así, el autor da un par de pinceladas sobre el sufrimiento y los horrores que tuvieron que vivir los soldados.

“Muy pronto los hombres comenzaron a desplomarse sin cesar, sobre todo los reservistas, en especial Padioleau. Hasta que, al final de la etapa, estaban todos extenuados, nadie quería encargarse de cocinar y abrían latas de carne en conserva sin apenas bebida con que acompañarlas.”

“Cada vez cruzaban con más frecuencia pueblos abandonados por sus habitantes, a veces incluso derruidos, devastados o incendiados…”

“las calles desiertas estaban sembradas de cosas heterogéneas y degradadas…”

Así mismo, narra algunos pequeños episodios sobre la situación de los soldados en las las trincheras, palabra que se repetirá sin cesar en el discurrir de la guerra, con el fin de que el lector se de cuenta de que esta fue una guerra de trincheras y de como eran realmente.

No hay en ella nada prescindible, la obra está desprovista de elementos superfluos. La manera de narrar parece que no transmite emociones porque sólo nos muestra la fotografía aparentemente estática de todas las situaciones, pero en esas fotografías el lector consigue ver y sentir el horror de la guerra.

Echenoz describe a la perfección las trincheras. Allí podemos ver de forma precisa  los cuerpos muertos mezclados con las ratas, los proyectiles cayendo sin poderlos controlar. Echenoz transmite la sensación de que nadie es nadie todos forman una masa en la que la suerte juega un papel fundamental a la hora de conservar la vida.

Echenoz deja también constancia de las nuevas armas de guerra como el gas, los obuses , las bengalas o los aviones como en el que fallece Charles.

“Los soldados se aferran a su fusil y a su machete, cuyo metal oxidado, empañado, oscurecido por los gases, apenas reluce ya bajo el fulgor helado de las bengalas, en un ambiente corrompido por los caballos descompuesto, la putrefacción de los hombres caídos y, en la zona donde están los que se mantienen más o menos derechos en medio del lodo, el olor de sus orines, de su mierda y de su sudor, de su mugre y de sus vómitos, por no hablar de esos pegajosos efluvios a rancio, a moho, a viejo cuando en principio están en el frente y se hallan al aire libre, pues no: huele a cerrado, el olor se extiende sobre las personas y en su interior, tras las alambradas de púas de las que cuelgan cadáveres putrefactos y desarticulados que a veces sirven a los zapadores para fijar los cables telefónicos, que no es empresa fácil, los zapadores sudan de cansancio y de miedo, se quitan el capote para trabajar con mas comodidad y lo cuelgan de un brazo que, al salir del suelo, vuelto , les sirve de percha.”

“Luego todo pareció a punto de terminar: la opacidad iba disipándose poco a poco en la trinchera, retornaba una suerte de calma, aun cuando otras detonaciones enormes, solemnes, seguían sonando en derredor pero a distancia, como un eco. Los ilesos se incorporaron más o menos salpicados de fragmentos de carne milita, colgajos terrosos que ya les arrancaban disputándoselos las ratas, entre los restos de cuerpos diseminados, una cabeza sin mandíbula inferior, una mano con us alianza, un pie solo en su bota, un ojo.”

El mismo Echenoz dice:

“Todo esto se ha descrito mil veces, quizá no merece la pena detenerse de nuevo en esta sórdida y apestosa ópera” 

Hace una comparación con la ópera porque Echenoz tiene muy presente la música en todas las situaciones de la vida

“Puede ser, incluso, que no sea útil ni pertinente comparar la guerra a una ópera, y menos aún si no nos gusta la ópera y si, como es, es grandiosa, enfática, excesiva, llena de esperas penosas que hacen mucho ruido, y a menudo, a la larga, son bastante aburridas”.

En aquel horror los hombres preferían sufrir una buena herida de guerra que los sacara de allí. 

“Cinco horas después , en la enfermería de campaña, todo el mundo felicitó a Anthime. Sus compañeros manifestaron lo mucho que le envidiaban tan excelente herida, una de las mejores que cupiera imaginar, grave eso sí, e invalidante, pero bien mirado no mas que tantas otras, anhelada por todos ellos, pues era las que garantizan a uno alejarlo para siempre del frente.”
“Pero no se abandona una guerra así como así. No hay vuelta de hoja, está uno atrapado: el enemigo delante, las ratas y los piojos encima y detrás lo gendarmes. La única solución es dejar de ser útil para el servicio, lo que esperamos por supuesto a falta de otra cosa, lo que terminamos deseando, es una buena herida, la que (caso de Anthime) garantiza liar el petate, pero el problema reside en que eso no depende de nosotros.”

“Arcenel daría con una tercera solución, sin haberla elegido en realidad, sin premeditación, sino por obra de un impulso: un simple estado anímico que le produjo en cadena un momento de desasosiego y una reacción… Arcenel salió a dar una vuelta…avanzando maquinalmente por la campiña sin verdadero propósito de alejarse…”

Otros salieron de otras formas. Arcenel se despistó y encontró su final. Fue juzgado allí mismo y de manera rápida  condenado a muerte.

“Tras el tiro de gracia al final de la ceremonia, la tropa desfiló ante su cuerpo, con el fin de que el veredicto llamara a meditar a los soldados.”

Finalmente, de los cuatro amigos y el hermano solo regresaron dos. Los otros tres fallecieron en distintas circunstancias, pero cada uno de los personajes es un arquetipo de las posibilidades que encontraron los soldados, en esa guerra atroz, de regresar con vida y en que condiciones o las distintas posibilidades de fallecer.

Echenoz declaró que la idea de este libro partió de unos papeles que encontró de un familiar y que su idea no era escribir un libro histórico.

«no trataba de hacer un volumen proporcional a las dimensiones e ese ‘suicidio europeo’, que fue una contienda plenamente industrial, en donde se produjo un armamento gigantesco; sólo he querido ser alusivo de la magnitud del fenómeno». 

Realmente, Echenoz consigue su propósito. No hay mucho más que decir.

7 de mayo de 2018

¿Quién es Blasco Ibáñez?

Vicente Blasco Ibáñez nació en Valencia el 29 de enero de 1867. Sus padres procedían de Aragón y se instalaron en Valencia, buscando una vida mejor. 
Blasco Ibáñez se crió en el ambiente comercial al que pertenecía su familia. 
Desde niño, el autor vivió le toco vivir una tensa situación política. Esto le llevo a un intenso interés por la política producido por esta especial situación.  Blasco vivió en 1871 la llegada de Amadeo I y  en 1873 la proclamación de la República, siendo aun un niño. 
Todo esto condujo a Blasco a ser una persona muy comprometida con la sociedad de su época.
Este autor dedicó gran parte de su vida a escribir ensayos, cuentos cortos, novelas históricas, costumbristas y psicológicas. 
Estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Valencia, obteniendo la licenciatura a los 20 años. 
Entró a formar parte de la Masonería en 1887 con el nombre de Danton. 
Colaboró con la revista Lo Rat-Penat y fundó el diario Pueblo en Valencia, su ciudad natal. También, dirigió varias editoriales como Sempere y Prometeo. 
Estuvo en París por primera en 1890 donde se instaló durante dos años. A su regreso desde 1892 a 1905 se dedicó a la política. Fue diputado por el Partido Unión Republicana durante siete años, de 1898 a 1907. 
Blasco Ibáñez consiguió ser un escritor de éxito y cuando estaba en los más alto de su fama se dedicó a viajar y recorrió Estados Unidos, donde tuvo también un gran éxito, siendo investido en 1920 doctor Honoris Causa por la Universidad de Washington.
Durante la Primera Guerra Mundial se posicionó al lado de los aliados, en contra de Alemania, como refleja en sus novelas de guerra Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Mare Nostrum y Los enemigos de la mujer. 
Se casó dos veces. Su primera esposa María Blasco del Cacho fue la madre de sus cuatro hijos y la conoció en las tertulias de intelectuales del momento, a las que también asistía su amigo Joaquín Sorolla. 
María Blasco falleció en 1925 en Valencia, mientras él estaba viviendo exiliado en Menton, Francia, con Elena Ortuzar. 
El mismo años del fallecimiento de María Blasco, se casó en segundas nupcias con Elena Ortuzar, de nacionalidad chilena, con la que llevaba años de convivencia y tres años más tarde, el 28 de enero de 1928 moría a los sesenta años en su casa de Menton, a causa de los problemas que agravaron su neumonía. 
En la actualidad, podemos ver los recuerdos de su vida, dedicada a la escritura y a la política, en la actual Casa-Museo de Blasco Ibáñez, situada en su villa de la playa de la Malvarrosa, en Valencia. Allé se pueden ver fotografías de Blasco en el frente, su cuaderno de la guerra, el manuscrito de una de sus crónicas, las primeras ediciones de sus novelas y su propio diario como viajero cuando dio la vuelta al mundo.

5 de mayo de 2018

Oriente – Breve apunte


Oriente es una obra del escritor español Vicente Blasco Ibáñez. Algunos de sus capítulos fueron publicados, tras su viaje a Oriente, en periódicos como El Liberal de Madrid, La Nación de Buenos Aires y El Imparcial de Méjico. En su edición definitiva, como libro, fue publicado por primera vez, en Valencia, en 1907 por el editor Francisco Sempere.

En esta obra, Blasco narra su viaje desde Vichy hasta Constantinopla. Lo más destacable de esta narración es la manera en la que el autor combina hechos históricos sucedidos en cada lugar por el que pasa, con la descripción del lugar, además de sus siempre agudas valoraciones personales. 

Vicente Blasco Ibáñez era de naturaleza curiosa y disfrutaba viajando y descubriendo otras culturas, otras formas de vida y otras concepciones estéticas. 

El autor plasmó algunos de estos viajes en sus obras literarias. Una de las obras de viajes más completa es La Vuelta al Mundo de un Novelista. En el otoño de 1921 se embarcó en un transatlántico americano, el Franconia, cruzando el canal de Panamá, que estaba recién inaugurado. En este viaje cruzó el Pacífico, Japón, China, India, Egipto y terminó en la Costa Azul, durante los felices años veinte. El viaje duró seis meses. El libro se publicó en 1924 en tres tomos.

Oriente es una obra que atrae al lector por el entusiasmo que imprimió a su pluma en las descripciones de todos los lugares donde estuvo, especialmente de Constantinopla. La obra resulta, asimismo, atractiva por la variedad de temas que toca y las descripciones casi pictóricas de los ambientes que desea mostrar al lector. 

En estas descripciones el autor hace constantes referencias a Las mil y una noches, donde muestra la fascinación que le producen los ambientes orientales.

Aunque en ningún momento se deja ver que el entusiasmo del autor se debía, también, a una causa que nada tenía que ver con lo literario. En todo momento, durante este periplo, tenemos la sensación de que el autor viaja sólo, pero no es así. Este fue el primer viaje que realizó con Elena Ortúzar, millonaria Chilena que el autor había conocido en 1906 y que pasaría a ser una de las personas más importantes de su vida. Elena Ortúzar fue el modelo de mujer para algunas de las obras del autor, pero lo más importante fue que se convirtió en su segunda esposa.

La obra está dividida en dos partes. La primera, titulada Camino al Oriente, está compuesta por catorce capítulos, donde el autor viaja desde Vichy, a Ginebra, Berna, Zurich, Munich, Salzburgo, Viena hasta llegar a Budapest, donde Blasco Ibáñez considera que comienza la verdadera puerta al Oriente.

A continuación, comienza la segunda parte titulada En Oriente, formada por diecinueve capítulos, donde describirá  su llegada a los Balcanes, a Belgrado y finalmente a Constantinopla, que como a otros grandes artistas, le impactará profundamente.

En este recorrido, el autor nos ofrece una aguda y detallada visión de la Europa de comienzos del siglo XX. 

El viaje, aunque duró seis meses, fue absolutamente improvisado. El libro es el tercero que escribió el autor de este género. Anteriormente, había publicado París, impresiones de un emigrado publicado en 1893 y En el país del arte de 1896.

Este viaje comienza en la ciudad  francesa de Vichy, donde Blasco describe la vida de la alta sociedad europea de principios del XX, que disfrutaba de las aguas curativas de Vichy, además de disfrutar de sus conciertos, jardines y concurridos cafés y kioscos de música. El autor realiza, también, de cada ciudad que visita, algún comentario humorístico o irónico

“A muchos les parecerá un sacrilegio lo que voy a decir, pero no por esto es menos cierto. La música de La Gran Vía la tocan más en el mundo y es más conocida que la de El anillo del Nibelungo. Ya sabemos que Chueca no es Wagner. Pero la inmensa mayoría de los que escuchan conciertos en el extranjero, aunque fingen por esnobismo una admiración de personas correctas hacia las obras consagradas, prefieren en su interior el Caballero de Gracia a todos los caballeros del Santo Grial.”

A continuación Blasco viajará a Ginebra. Como toda Suiza le parecerá una ciudad bonita pero sin gracia, carente de atractivos.

“Viendo de cerca a Suiza, hay que decir: “¡Benditos los pueblos que carecen de imaginación! ¡De ellos serán la tranquilidad y las virtudes vulgares!” La falta de individualidad permite mantener a los hombres en el goce de sus completas libertades sin miedo a que abusen de ellas saliéndose del nivel común. La carencia de imaginación evita el peligro de que los más inquietos y audaces tiren impacientes de las riendas de la ley, turbando la marcha lenta, ordenada y mecánica de este pueblo, que por su carácter monótono ha hecho de la relojería una arte nacional.”

“En Ginebra he comido todos los días en un modesto restaurante, donde entré casualmente al llegar a la ciudad. Una irresistible simpatía me atrajo a este establecimiento. El reloj, una soberbia pieza con la hora de París, la hora de la Europa Central y todas las horas del mundo, estaba siempre parado. ¡Un reloj parado en Ginebra, la Salamanca del muelle real, La Sorbona de la rueda catalina!… ¡Un suizo a quien no importa saber qué hora es, ni se preocupa del buen orden de su vida! 

Me he ido de Ginebra sin conocer al dueño del restaurante, pero estoy convencido de que es un poeta que se pierde Suiza.”

El autor hace una diferenciación entre la mujer francesa y la suiza.

“Las diferencias entre ambos países, con ser de poca monta, resultan de gran interés. en la orilla francesa se ven mujeres hermosas y elegantes, rodeadas de hombres que las siguen y las envuelven en las más respetuosas atenciones, como sagradas vestales. Son cocottes que poseen el chic, ese espíritu indefinible y misteriosos que nadie sabe en qué consiste, santo tabou que hace caer de rodillas a los salvajes de la imbecilidad elegante. En la orilla suiza se ven mujeres solas, de ademanes sueltos y aire decidido, que van de un lado a otro con la más tranquila audacia. son señoras decentes, que pueden moverse con entera libertad, sin miedo a verse confundidas con una clase que no existe, o acaso de existir, excepcionalmente, se ve repelida por la hostilidad del ambiente protestante.”

A su paso por Berna Blasco Ibáñez escribe:

“Así como en la vida individual los seres más felices y satisfechos son los que piensan menos y sólo se inquietan de lo que toca directa e inmediatamente a sus apetitos y necesidades, en la vida de los pueblos los que alcanzan existencia más tranquila y ordenada son los que carecen de imaginación.”

Sobre Constanza dice:

“Hoy es un resto de aquella Alemania anterior a los triunfos militares, pacífica alegre y poética, con sus costumbres patriarcales y su tranquila libertad.”

“Es una ciudad vieja, en la que la vida se desliza sin sentir, falta de intensas alegrías, pero limpia de grandes dolores.”

Desde Suiza llega Blasco Ibáñez a la ciudad de Munich.

“¡Pobre Atenas germánica! De sus monumentos nada malo puede decirse.

Son notables reproducciones del arte griego: la sabiduría artística luce en ellos, pero son fríos y repelentes como cuerpos sin alma. Es Atenas sin atenienses y sin el cielo de la Ática. En verano, el espacio se muestra azul y brilla un hermoso sol. Pero el invierno germánico, duro y cruel en Baviera, muerde con sus dientes negros estos monumentos que nacieron en la tibia atmósfera del archipiélago, favorable a la desnudez. El mármol en el país del sol se dora en el curso de los siglos, tomando el majestuoso matiz anaranjado del otro viejo. Aquí, en unos cuantos años, se ennegrece, con una opacidad antipática de ceniza de carbón.”

“El rojo griego del interior de las columnatas se destiñe con las lluvias.  Los frescos se esfuman y desaparecen. Todo se vuelve gris y opaco.

Sí; esta ciudad es una Atenas… Pero pasada por cerveza.”

Desde la ciudad de Munich Blasco se dirige directamente hacia Austria. En Austria visita Salzburgo y Viena y describe, en diversos pasajes de esta obra, la importante afición de los austriacos por la música.

“En Viena, la música es algo nacional, que constituye el orgullo del pueblo.”

Asimismo, comenta el ambiente de Viena y su elegancia.

“Si fuera posible colocar juntos a París y Viena, para abarcarlos en una sola ojeada, es segura que la capital austriaca saldría vencida de la comparación.

Pero Viena está muy lejos, y para llegar a ella hay que atravesar las ciudades alemanas, con sus mujeres vestidas como institutrices pobres, de malfachada gordura, y que para colmo de desdicha, por un patriótico orgullo de su exuberante maternidad, raramente usan corsé. Por eso la elegancia de Viena causa mayor impresión, desde el primer momento, que la que se siente en París cuando se llega a éste procedente de España o de Italia. 

Hay que confesar también que las vienesas son físicamente superiores a a las parisienses, y su fama universal de belleza no es usurpada.” 

“Austria es la verdadera frontera de la Europa central… y europea. Más allá, hacia el Oriente, están acampados pueblos que, aunque de aspecto semejante al nuestro, son de origen asiáticos y han sido depositados en el lugar que ocupan por el oleaje de las invasiones.”

De Viena pasa a Budapest y escribe:

“Budapest es sencillamente la ciudad más hermosa de Europa al primer golpe de vista. No lo digo yo: lo afirman todas las guías y todos los viajeros.”

“Esta huella de la dominación turca me hace recordar que estoy ya en las puertas del imperio de Oriente.”

Múnich, Viena y Budapest son las tres ciudades que visita el autor antes de llegar a Belgrado, puerta del imperio otomano. 

En estas ciudades centroeuropeas Blasco Ibáñez admira el arte y el lujo, aunque muy distinto de la calidez del arte y el lujo mediterráneos. 

Aquí comienza ya la segunda parte de esta obra: En Oriente.

Blasco entra en Oriente a través de los Balcanes por la ciudad de Adrianopolis, segunda capital de la Turquía europea. 

Describe la diferencia que encuentra entre la parte occidental de Europa y la Oriental. Minuciosamente, describe también la personalidad de los turcos e insiste en su bondad y tolerancia  distinta a la de otros países musulmanes.  

“Yo soy de los que aman a Turquía y no se indigna, por un prejuicio de reza o religión, de que este pueblo bueno y sufrido viva todavía en Europa”

“Yo amo al turco, como lo han amado, con especial predilección, todos los escritores y artistas que le vieron de cerca.”

“Existe una concepción imaginaria del turco, que es la que acepta el vulgo en toda Europa. Según ella, el turco es un bárbaro, sensual, capaz de las mayores ferocidades, que pasa la vida entre cabezas cortadas o esclavas que danzan desplegando sus voluptuosidades de odalisca.  Con igual exactitud piensan sobre nosotros los viejos de Holanda o los Países Bajos, los cuales no pueden oír hablar de España sin imaginarse un país de implacables inquisidores capaces de quemar por una simple errata en una oración y donde todos los ciudadanos somos duros e inexorables como el antiguo duque de Alba.”

“Todos los escritores que han viajado por Turquía, se irritan contra la injusticia con que es apreciado este pueblo. El turco es bueno y franco. Su dulzura se manifiesta por un gran respeto a los animales. Jamás se le ve maltratarlos.  La injusticia y la traición son los dos resortes que disparan su cólera. Esto hace que aunque el turco oculte, bajo las formas de una exquisita cortesía, su pena por las injurias o las humillaciones sufridas, aproveche la primera ocasión para saciar su resentimiento.

La hospitalidad es la más visible de sus virtudes.”

“Podrá creerse superior a los demás por ser musulmán y tener su religión como la única verdadera; peor no hace el menor esfuerzo por imponerla a nadie. El fanatismo mahometano del moro de África no lo conoce el turco.”

“La Europa Occidental sueña con arrojar a los turcos al otro lado del Bósforo arrebatándoles los territorios que poseen en el continente, enormes todavía, pero insignificantes comparados con sus dominios del asado. algunos ven en esto una gran victoria histórica, un desquite de la vieja Europa, que devuelve el territorio asiático a los invasores que tanto miedo la hicieron sufrir.”

“Los turcos del imperio otomano, los que todos conocemos son ya caucásicos como nosotros. Sus incesantes cruzamientos con la raza blanca y los azares de la guerra con sus alborotadas mezcolanza, han fundido y hecho desaparecer el primitivo elemento étnico.”

A continuación, se dedica a narrar y describir con detalle Constantinopla, la suma de tres ciudades: Pera y Gaiata,  que forman una misma ciudad, Estambul y Scutari en la parte asiática.

Blasco llega a Constantinopla, La ciudad que hizo de puente entre el mundo antiguo y el moderno.

“Constantinopla, centro del imperio de Oriente, tuvo su grandeza y sirvió noblemente a la civilización. Ella guardó las tradiciones del arte griego, la legislación romana, los monumentos literarios, toda la antigüedad”

“Además, durante la Edad Media fue Constantinopla la gran muralla que contuvo el empuje de las invasiones asiáticas.”

“…tuve una visión exacta de lo que es la Turquía moderna: europea exteriormente, pero cuando escucha la voz del Profeta, siente despertarse en ella la misma alma de los que llegaron tras el caballo de Mahomed II a la conquista de Constantinopla.”

También, resultan impresionantes sus descripciones del Gran puente, Santa Sofía y El Palacio de la Estrella; Así como sus encuentros con altas personalidades como el Gran Visir, el Gran Eunuco o el Patriarca griego. Además, Blasco Ibáñez deja ver en esta obra el impacto que le causaron ceremonias como la de los derviches giróvagos y la de los derviches aulladores. De esta manera, Blasco Ibáñez consigue introducir al lector en el mundo oriental.

El autor hace unas magníficas descripciones sobre El Gran Puente y todas las personas que lo transitan. La descripción de los gorros rojos es absolutamente pictórica. 

“No hay en las grandes calles de Londres ni en los bulevares de París lugar alguno tan concurrido como el Gran Puente. La plataforma de madera tiembla bajo el rodar de los carruajes y el paso de millares de transeúntes. Aturde y ensordece el vocear de este pueblo políglota donde el que menos habla cinco idiomas, y son mayorría los que poseen más de doce. Asombra y deslumbra la carnavalesca variedad de los trajes.”

“Al entrar en el puente, parece éste un campo interminable de rojos geranios. Miles de gorros oscilan al marchar, sirviendo de remate lo mimo a tocados puramente turcos que a trajes europeos.”

A continuación, describe la visita al Gran Visir Ferid-Pachá, ante quien pudo acceder a presentarse gracias a un amigo que hablaba y escribía doce idiomas. Blasco queda asombrado por la poca orientalidad del palacio y la sencillez y amabilidad del Visir.

“El palacio no tiene nada de oriental. Es una gran casa, con amplias escaleras de mármol.”

“Otro hombre, también de levita, avanza hacia nosotros, sonriendo, con una mano tendida. Creo estar en una antesala, desde la cual van a anunciarnos al poderoso personaje… Pero no: estoy en el gabinete del primer ministro de Turquía, y el hombre que sonríe y nos tiende la mano es el propio Gran Visir. 

Me siento desconcertado por esta sencillez. El gabinete es una pieza de paredes blancas y desnudas, sin otro adorno que una fotografía del Sultán.”

Después, describe el Palacio de la Estrella. Lo que le causa mayor impacto es su enorme extensión. 

“El sultán vive más allá de los arrabales de Constantinopla, en Yildiz Kiosk o “Palacio de la Estrella”, extensión amurallada, como diez o doce veces Madrid, en la que hay un lago donde pesca y navega a vapor, caminos por los que corre en automóvil, bosques plagados de caza y unos cincuenta palacios, que habita y abandona a su capricho mudando su residencia varias veces en una misma semana.”

Más tarde, narra como se desarrolla la semanal ceremonia diplomática en el Sélamlik. Una ceremonia impresionante donde se muestra la total sumisión de todos los estamentos sociales. El Sultán se presenta como todo poderoso y así lo acogen también sus súbditos.

“Los soldados, silenciosos antes como estatuas, rugen al presentar las armas y ver de cerca a su emperador: ¡Larga vida al Padichá!. No son los fríos vivas de ordenanza de otros países. las aclamaciones del turco vienen de adentro, de lo más hondo.”

“El Padichá es algo más que un rey de la tierra: es representante de los poderes del cielo. Cuando él hace, bueno o malo, lo hace Dios, y el turco es el más religioso y resignado de los hombres.”

La ceremonia de los derviches danzantes, atrajo su atención. Esta ceremonia se celebraba dos veces por semana y Blasco la narra de manera casi cinematográfica. El lector puede ver, incluso casi sentir las emociones de la celebración. Esto lleva al autor a reflexionar sobre la convivencia de los dos mundos, Oriente y Occidente en el pueblo turco.

“¿Qué ven en sus ensueños? Huéspedes nada más del continente civilizado, europeos de paso, obligados a soportar una vida moderna extraña a sus costumbres y su tradición, su pensamiento va al más viejo de los mundos, a la venerable y misteriosa Asia, cuyas montañas casi pueden contemplarse desde los ventanales de la mezquita.”

“Aquel marino era la personificación de la Turquía europea que se apropia los inventos modernos, copia la organización alemana, habla todos los idiomas de los pueblos civilizados, y adopta las modas de París… pero guardando bajo este exterior su alma islámica”

A continuación, Blasco entra en Santa Sofía después de esperar casi quince días para que le diesen un permiso para la visita.

“Por fin, entramos… ¡Inolvidable impresión! No todos los días puede pisarse un pavimento fabricado por hombres que vivieron hace mil cuatrocientos años; no se respira con frecuencia bajo unas bóvedas que cuentan catorce siglos de antigüedad.”

También, el autor piensa que cuando uno visita Turquía, entra en otra cultura y tiene la curiosidad de saber cómo viven sus mujeres o cómo es la vida en los harenes y la de los eunucos.

“Gozan de más libertad que las europeas; salen a la calle tanto como éstas, y sin embargo, no hay en Constantinopla nada tan misteriosos e inabordable como las mujeres.” 

“Viven libres, sin ver al esposo más que de tarde en tarde; pueden entrar y salir de su casa sin otra vigilancia que la del eunuco, fácil de sobornar; disponen de su tiempo mejor que una europea, y sin embargo, la intriga amorosa es dificilísima para ellas, por no decir imposible.”

“Es un error generalizado en Europa creer que la mujer turca, porque se compra las más de las veces, es una esclava, un objeto, un ser sin derechos y sin libertad, fuera de la leyes. La religión del Profeta nunca habló con desprecio de la mujer, ni vio en ella un ser impuro, un aborto del demonio, como los Padres de la Iglesia cristiana. El hombre tiene sin disputa un alma superior, porque es el guerrero y pesan sobre él los más rudos deberes de la vida, pero la mujer es igual a él en toda clase de derechos. La ley musulmana sólo es implacable y feroz en caso de infidelidad conyugal. Conoce la escasa solidez de estos seres adorables y sin seso, y presiente que si abriese la mano y no se impusiera por el terror, ningún musulmán podría llevar su turbante sobe la frente con entera comodidad.”

A continuación, el viajero visita otra mezquita, la del Roufat. Esta era una mezquita pequeña y sombría donde se celebra el rito de los derviches aulladores.

“Esta mezquita no es grande y luminosa como la de Eyoub, donde los derviches danzantes voltean, como flores sus pesadas faldas. La secta de los aulladores es sombría y feroz y parece guardar en sus extraños ritos el alma fanática e implacable del antiguo turco, terror de Europa.”

En esta visita a Constantinopla Blasco Ibáñez se ve sorprendido  por la cantidad de cultos distintos que se celebran con total libertad.

“En Constantinopla viven todos los cultos con entera libertad y todos sus ministros gozan de igual respeto. El patriarca griego, el patriarca armenio, el gran rabino, el  arzobispo armenio católico y el arzobispo católico romano, todos son funcionarios del imperio, iguales en respeto al gran imán y retribuidos por el emperador con generosa largueza según el número de adeptos que cada religión cuenta en sus Estados.”

“Lo que ellos aman es el poder político, la dominación conquistadora, y les basta con que los hombres se sometan a su autoriadad y sus leyes, sin importarles el secreto de su conciencia.”

El autor se despide de Constantinopla con pesar. 

“Hace ma´s de un mes que vivo en estos lugares a los que nada me une, ni el nacimiento, ni la raza, ni la historia, y sin embargo, la partida es melancólica y penosa.

Cuando se viaja se abandonan las ciudades, por gratas que sean, con un sentimiento de alegría. Es la curiosidad que se despierta de nuevo, el instinto ancestral de cambio y movimiento, que llevamos en nosotros como herencia de nuestros remotísimos abuelos, nómadas incansables del mundo prehistórico.”

“Pero al partir de Constantinopla, este sentimiento alegre y curioso se amortigua y desvanece. Por interesante que sea lo futuro, no llegará a serlo tanto como el presente.”

“La Europa occidental, con sus ciudades cómodas y uniformes, seguramente que no puede borrar el recuerdo de esta aglomeración de razas, lenguas colores, libertades inauditas y despotismos irresistibles, que ofrece la metrópoli del Bósforo,”

El libro finaliza con el viaje de vuelta y la narración del accidente ferroviario que sufrió el propio escritor en las afueras de Budapest.

“Una catástrofe estúpida. En la estación de Budapest han dejado salir un tren de mercancías a la hora en que diariamente llega el tren de Constantinopla. Esto pasa en la Europa central, la de los grandes ferrocarriles organizados militarmente, y nadie parece indignado… ¡Y después hablamos de las cosas de España!…”


“Y así entro en la verdadera Europa, a pie, al través  los campos, llevando mi hato al hombro, lo mismo que un invasor oriental de hace siglos, atraído por los esplendores de Occidente.”

Quería reseñar también, algunos comentarios que a lo largo de la obra, realiza Blasco Ibáñez en relación a España:

“Los violines bohemios suenan tras los verdes arbustos de las terrazas, y las canciones melancólicas de Rumanía sorprenden con sus palabras de origen latino, que hacen recordar al glorioso español Trajano, fundador y civilizador de dicho pueblo”

“Puede correrse Europa entera sin que la condición de español despierte en hoteles y ferrocarriles otro interés que la vaga curiosidad que inspira un país novelesco y lejano. Pero allí donde se tropieza con un fraile, bien sea italiano, francés, alemán o austriaco, la nacionalidad española atrae inmediatamente la más graciosa de las sonrisas, como si España fuese el pueblo feliz elegido de Dios, algo así como las doce tribus depositarias del Arca Santa, que no tenían otro quehacer que alabar al Señor y engullirse el maná caído del cielo.”

“La española hermosa es muy superior a la vienesa; pero en las calles de Viena se encuentra mayor número de mujeres guapas que el las calles de Madrid, las nuestras las vencen por la calidad, pero ellas son superiores por la variedad y el número.”

“De todos los pueblos con los que vive Turquía en excelentes relaciones de amistad, España es uno de los que amanece más sinceramente. Ningún mal hemos recibido de ella; siempre la amistad y el cariño guiaron nuestras relaciones;sus desgracias las sentimos como nuestras; pues aunque vivimos alejados, existe algo inexplicable entre los dos pueblos que los une con sincera amistad.”

“¡Ah, España! ¡Qué tenacidad para vivir! ¡Qué fuerza par levantarse cuanto tropieza! Admiro a vuestra nación, más aún por la enérgica voluntad en tiempos de paz que por su valor en la guerra. todo un siglo de calamidades ha pesado sobre su historia: guerras civiles, revoluciones, pérdidas de territorios, y sin embargo, se ha levantado de tantas caídas, y sigue su camino, y resucita cuando la creen muerta, y desarrolla sus riquezas naturales. ¡Ah, España noble pueblo de la firme voluntad de vivir!…”

Finalmente, comentar que Blasco supo describir a la perfección la Europa de la época y sus posibles conflictos, vaticinando en sus lúcidas observaciones muchos de los cambios que sucederían poco después, como preludio de la Primera Guerra Mundial.