23 de mayo de 2017

Mi amigo Fernando Iwasaki me conminó a que leyera Soldados de Salamina, de Javier Cercas, y, como me fío de su gusto literario, le hice caso. He quedado feliz con su recomendación: el libro es magnífico, en efecto, uno de los mejores que he leído en mucho tiempo y merecería tener innumerables lectores, en esta época en que se ha puesto de moda la literatura ligera, llamada de entretenimiento, porque así aquellos comprobarían que la literatura seria, la que se atreve a encarar los grandes temas y rehuye la facilidad, no tiene nada de aburrida, y, al contrario, es capaz también de encandilar a sus lectores, además de afectarlos de otras maneras.

El narrador de Soldados de Salamina insiste mucho en que lo que cuenta no es una novela sino ‘una historia real’ y seguramente se lo cree, igual que muchos que han celebrado el libro como una rigurosa reconstrucción de un hecho fidedigno, ocurrido en las postrimerías de la guerra civil española, cuyo protagonista fue Rafael Sánchez Mazas, escritor y fascista, fundador de la Falange Española, íntimo amigo de José Antonio Primo de Rivera y futuro ministro en el primer gobierno de Franco. Pero esto no es cierto; si lo fuera, el libro no valdría más que por los datos que contiene y su existencia -su valor-, como en el caso de un reportaje periodístico, dependería por completo de una realidad ajena y exterior a él, que la investigación de que da cuenta el texto habría contribuido a esclarecer. La verdad es otra: Soldados de Salamina es más importante que Rafael Sánchez Mazas y el fusilamiento del que escapó de milagro (cráter de la historia), porque en sus páginas lo literario termina prevaleciendo sobre lo histórico, la invención y la palabra manipulando la memoria de lo vivido para construir otra historia, de estirpe esencialmente literaria, es decir ficticia.


La fantasía de un escritor no se vuelca siempre en lo anecdótico; a veces, como en este caso, se centra en la disposición de los materiales que constituyen el relato, en la manera de organizar el tiempo, el espacio, la revelación y la ocultación de los datos, las entradas y las salidas de los personajes. Aun cuando todo lo que Soldados de Salamina cuenta fuera verdad, y los protagonistas que en la historia aparecen hubieran sido en la realidad tal como allí se los describe, el libro no sería menos novelesco, fantasioso y creativo, debido a la astuta manera como está edificado, al sutil artificio de su construcción. Y, también, claro, a la fuerza persuasiva de su palabra, a la eficacia de su estilo, una realidad más consistente e imperecedera que la realidad histórica que finge evocar. Aunque sean muy distintos de contenido, a mí me ha recordado un libro que leí hace siglos, The Quest for Corvo, de A. J. A. Symons, en apariencia una biografía del interesante novelista británico autor de Adriano VII pero, en verdad, una detectivesca descripción de las mil y una aventuras que vivió el propio Symons para escribir su biografía. Como en aquella historia, en la de Javier Cercas la estrategia del narrador es más inusitada y fascinante que lo que aparenta narrar.

Los personajes de Soldados de Salamina y sus peripecias tienen una vida relevante por la destreza con que son evocados y comentados por el inteligente narrador, un narrador que se las arregla, a la vez que nos cuenta cómo Rafael Sánchez Mazas escapó dos veces de la muerte, primero del pelotón de fusilamiento y luego de un compasivo soldado republicano que le perdonó la vida, y cómo sobrevivió en los bosques de Cataluña gracias a la conmiseración de una familia campesina y a dos desertores, para contarnos cómo consiguió él contarnos esta historia, cómo nació la idea, qué problemas enfrentó mientras la escribía, qué ayudas tuvo, las depresiones que debió vencer, y la misteriosa manera como la tumultuosa vida real compareció para ayudarlo a llenar los blancos e inyectarle confianza cada vez que su empresa literaria parecía hacer agua. Siento mucho tener que afirmar que esta otra historia -la de las oscuras frustraciones, ambiciones y empeños de un joven escritor que, escribiendo estas páginas, luchaba a muerte contra la amenaza del fracaso de su vocación- es más rica y conmovedora que la del polígrafo falangista y sus desventuras en la guerra civil, y la que ha contagiado a esta última su vitalidad y poderío. Sin esta intrusión exhibicionista del propio narrador, relatando la desesperada apuesta que hace con este libro para resucitar una vocación que hasta ahora siente frustrada, los percances que hace sesenta años padeció Sánchez Mazas en el santuario del Collell y la comarca circundante tendrían escaso interés, no mayor que el de los miles y miles de episodios que atosigan las bibliotecas, ilustrando el caos, la crueldad, la estupidez, y a veces también la generosidad y el heroísmo -todo mezclado- que caracterizan todas las guerras. Lo que les imprime un carácter singular y apasionante es la obsesión que ellos inspiran al narrador y su voluntad de investigarlos y contarlos hasta su último resquicio, con un encarnizamiento de fanático. En verdad, lo que sin proponérselo nos cuenta Soldados de Salamina es la naturaleza de la vocación de un escritor, y cómo nace, deshaciendo y rehaciendo la realidad de lo vivido, la buena literatura.

Este libro, que se jacta tanto de no fantasear, de ceñirse a lo estrictamente comprobado, en verdad transpira literatura por todos sus poros. Los literatos ocupan en él un puesto clave, aunque no figuren en el libro como literatos, sino en forma de circunstanciales peones que, de manera casual, disparan en la mente del narrador la idea de contar esta historia, de hacerla avanzar, o la manera de cerrarla. La inicia Sánchez Ferlosio, revelándole el episodio del fusilamiento de su padre, y, cuando está detenida y a punto de naufragar, la relanza Roberto Bolaño, hablando a Javier Cercas del fabuloso Antoni Miralles, en quien aquél cree identificar, por un pálpito que todo su talento narrativo está a punto de convertir en verdad fehaciente en las últimas páginas del libro, al miliciano anónimo que perdonó la vida a Sánchez Mazas. Este dato escondido queda allí, flotando en el vacío, a ver si el lector se atreve a ir más allá de lo que fue el narrador, y decide que, efectivamente, la milagrosa coincidencia tuvo lugar, y fue Miralles, combatiente de mil batallas, miliciano republicano en España, héroe anónimo de la columna Leclerc en los desiertos africanos y compañero de la liberación en Francia, el oscuro soldadito que, en un gesto de humanidad, salvó la vida al señorito escribidor falangista convencido de que, a lo largo de la historia, siempre un pelotón de soldados ‘había salvado la civilización’.

Javier Cercas maneja con soltura los diálogos y sabe aligerar con chispazos de humor -atribuidos casi siempre a la deliciosa malhablada que se llama Conchi- las páginas excesivamente densas del relato. Pero no incurre nunca en la pirotecnia, en el mero efectismo. Y es capaz de reflexionar sobre asuntos peligrosamente truculentos, como el heroísmo, la moral de la historia, el bien y el mal en el contexto de una guerra civil, sin caer en el estereotipo ni la sensiblería, con una transparente claridad de ideas y una refrescante limpieza moral. Por eso, aunque las historias que nos cuenta su libro, deban más a la invención y a la magia verbal de que está hecha la buena literatura que a un rastreo de testimonios y datos verdaderos, Soldados de Salamina tiene sus raíces muy hundidas en una realidad histórica sin la cual esta hermosa ficción no hubiera sido posible.
La realidad que el libro saca a la luz y pone en primer plano, modelándola con formas de gran nitidez y emocionante autenticidad, es la de los pobres diablos que, a diferencia de los Rafael Sánchez Mazas de que está plagada la historia, no glorifican la guerra ni la proponen como panacea de las miserias sociales, ni creen que la verdad de la filosofía está en la boca de un fusil o en el ejercicio del terror, sino padecen en carne propia estos apocalipsis que otros, más cultos, más inteligentes y más poderosos que ellos, conciben, planifican y desatan, para materializar un sueño que, a la postre, resulta siempre un sueño infernal. El gran personaje del libro de Cercas, el más novelesco y el más logrado, no es el inteligente y culto Sánchez Mazas; es el pobre Miralles, guerrero de las buenas causas por pura casualidad, héroe sin quererlo ni saberlo, que, desfigurado por una mina después de pasarse media vida batallando, sobrevive como un discreto, invisible desgraciado, sin parientes, sin amigos, recluido en una residencia de ancianos de mala muerte, a donde va a sacudirlo de su inercia y su aburrida espera del fin, un novelista empeñado en ver épicas grandezas, gestos caballerescos -pura literatura- donde el viejo guerrero sólo recuerda rutina, hambre, inseguridad, y la imbécil vecindad de la muerte.

Luego de entrevistar a Miralles, en Dijon, el narrador regresa a Barcelona, y, en el tren, se siente primero eufórico porque esa entrevista le permitirá terminar su libro. Luego, recordando lo que acaba de oír y de ver, fantasea y llora, condolido hasta los huesos por la maldad, la estupidez y el absurdo que delata, en la vida de los humanos, la vida del pobre Miralles. Esta escena peligrosísima, donde el libro se acerca a las orillas mismas de la sensiblería, es en verdad el gran triunfo de Soldados de Salamina: una conclusión a la que da fuerza y legitimidad todo lo que hasta ahora el libro ha contado.

Quienes creían que la llamada literatura comprometida había muerto deben leerlo para saber qué viva está, qué original y enriquecedora es en manos de un novelista como Javier Cercas.

© Mario Vargas Llosa, 2001. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, SL, 2001.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de septiembre de 2001
1 de mayo de 2017

Capítulos del 24 al 27

Capítulo vigésimo cuarto

 La historia de Cardenio que aparece inacabada en este capítulo es el segundo de los relatos intercalados de la obra. 

El relato de esta historia queda interrumpido porque Cardenio habla de la reina Madásima, personaje de Amadís de Gaula y don Quijote no puede evitar salir en su defensa. Este defiende con el mismo ardor a los personajes de los libros de caballerías que a las personas reales. 

En cuanto el Quijote oyó mencionar los libros de caballerías no pudo callar:

“–Con que me dijera vuestra merced, al principio de su historia, que su merced de la señora Luscinda era aficionada a libros de caballerías, no fuera menester otra exageración para darme a entender la alteza de su entendimiento; porque no le tuviera tan bueno como vos señor le habéis pintado, si careciera del gusto de tan sabrosa leyenda: Así que para conmigo, no es menester gastar más palabras en declararme su hermosura, valor y entendimiento; que, con sólo haber entendido su afición la confirmo por la más hermosa y más discreta mujer del mundo.”

Cardenio había advertido que si alguien interrumpía su relato el dejaría la historia en el lugar de dicha interrupción, como así será.

Además, Cardenio interviene de nuevo y dice: 

“ –No se me puede quitar del pensamiento ni habrá quien me lo quite en el mundo, ni quien me dé a entender otra cosa, y sería un majadero el que lo contrario entendiese o creyese sino que aquel ballaconazo del maestro Elisabat estaba amancebado con la reina Madásima.”

A esto don Quijote responde con cólera:

 “–Eso no, ¡voto tal! –respondió con mucha cólera don Quijote, y arrojóle, como tenía de costumbre–; y ésa es una muy gran malicia, o bellaquería, por mejor decir: La reina Madásima fue muy principal señora…”.

En este capítulo Cervantes hace una distinción entre el amor carnal o apetito erótico y el amor verdadero. El primero está encarnado por don Fernando, amigo de Cardenio y segundo hijo de un poderoso conde. Fernando es un hombre frívolo y mujeriego. Este seduce a una bella labradora prometiéndole casarse con ella y después de conseguirla huirá a casa de Cardenio para olvidar aquel capricho y poner tierra de por medio. 

Asimismo, Fernando le pide a Cardenio que le hable de Luscinda. Cardenio le cuenta sobre las cualidades de esta y sobre su hermosura, incluso le dejará verla. 

Cuando Fernando ve a aquella hermosa dama se encenderá su apetito carnal de nuevo. 

Cardenio notando este apetito en Fernando empezará a sentir celos de este.

Cardenio encarna el amor puro y sincero, que defiende por encima de todo a su dama y la respeta.

El relato quedará aquí interrumpido y no sólo interrumpido, sino que se monta una terrible trifulca en la que don Quijote, Sancho y el cabrero saldrán los tres malparados, al encenderse la locura de Cardenio.

Don Quijote comprende que esto ha sido un arrebato de locura y querrá encontrar a Cardenio para que le cuente el final de la historia.

La obra de don Quijote es una obra dinámica y fluida. A esto contribuyen los diálogos para esto Cervantes utiliza constantes encadenamientos entre pregunta y respuesta. La respuesta de don Quijote utiliza en sus primeras palabras los mismos términos que su interlocutor utiliza en su intervención anterior. Esto produce una sensación de fluidez. 

Además, al dinamismo de la obra contribuyen la acumulación de verbos. Vemos, también, que Cervantes utiliza un mismo verbo en distintos tiempos para enfatizar lo que se quiere decir:

“El Caballero del Bosque, que de tal manera oyó hablar al de la Triste Figura, no hacía sino mirarle, u remirarle, y tornarle a mirar de arriba abajo; y después que lo hubo bien mirado, le dijo…”

En este episodio vemos también que Cardenio utiliza la  misma razón que Sancho había utilizado anteriormente para interrumpir una narración. Este recurso le da a la obra una sensación de continuidad estructural.



Capítulo vigésimo quinto

En el título de este capítulo se hace mención a Beltenebros que es el nombre que adopta Amadís de Gaula durante su penitencia en la Peña del Pobre y que se lo puso aconsejado por el ermitaño que vivía allí. El significado de esta palabra es Bel Ténébreux que deriva del francés.

Este capítulo es un receso en la sucesión de aventuras de la obra y podríamos decir que casi hace una función de distribuidor de las mismas. En el aparecen alusiones a episodios pasados y anticipos a episodios futuros, aunque realmente el capítulo está centrado en la penitencia del caballero.

Don Quijote se dispone a hacer penitencia una costumbre muy frecuente entre los caballeros y que él tantas veces había leído en los libros de caballerías.

Asimismo, Sancho ruega a don Quijote que le levante el castigo de silencio que le había impuesto desde la aventura de los batanes. 

Aquí también comenzará el uso constante de refranes por parte de Sancho:

“Muchos piensan que hay tocinos y no hay siquiera las estacas de donde estos cuelgan.”

“Poner puertas al campo.”

“Digan, que de Dios dijeron.”

Don Quijote decide hacer penitencia en la Sierra impulsado por la actitud de Cardenio. En un principio duda si tomar la actitud de Roldán o de Amadís, decantándose finalmente por la de este último, con lo que queda mucho más definida la personalidad que él quiere adquirir.

Como nos dice Riquer, la penitencia en los caballeros era algo frecuente desde Li chevaliers au lion de Chrétien de Troyes de finales del siglo XII y Tristán de Leonís, Lisuarte de Grecia, el caballero del Febo y Rosicler entre otros.

Es verdad, que la inspiración más próxima es Cardenio con su penitencia pero no es menos cierto que toma como modelo a otros caballeros de la literatura que tomaron la misma actitud.

En una Lúcida conversación con Sancho, este se asombra de conocer la auténtica identidad de Dulcinea, Aldonza Lorenzo. Al revelar el nombre de su amada don Quijote la hace vulnerable y Sancho queda sorprendido de que esa dama fuera digna de la admiración y amor de don Quijote, pero este de una forma bastante cuerda reconoce que no le importa como es Dulcinea en realidad porque él en su imaginación la tiene guardada como la desea y para él en su imaginación vale tanto como cualquier dama noble.

Aquí Sancho muestra también su escepticismo a aceptar la bacía de barbero como el yelmo de Mambrino y don Quijote mostrará su idea del perspectivismo, diciendo que lo que a unos les parece una cosa a otros les parecerá otra.

En este episodio, Sancho adapta también algunos nombres a su lenguaje vulgar convirtiendo a Madásima en Magimasa y Elisabat en aquel abad de la misma manera que anteriormente había convertido a Esopo en Guisopete. Esto muestra el contraste lingüístico que existe entre el habla de Sancho que además estará, como ya hemos mencionado anteriormente, llena de refranes y expresiones vulgares con el de don Quijote y su utilización de palabras caballerescas que en muchas ocasiones son arcaicas.

Además, don Quijote revela su intención de convertir su vida en arte. Quiere imitar a Amadís que es un producto de lo artístico. Don Quijote quiere convertir su conducta en la imitación de una obra de arte y diserta sobre esto delante del pobre Sancho que está muerto de hambre, cansancio y miedo y con ganas de volver a su casa. La escena resulta cómica por el contraste que se produce entre los dos personajes.

Don Quijote va a realizar esta penitencia por voluntad propia y por coherencia con la vida que ha decidido seguir pero sin ninguna coherencia con el hilo argumental de la historia. No hay en este caso una relación de causa y efecto. Realmente no llegamos a saber el motivo por el que don Quijote decide hacer la penitencia, más allá de la voluntad del personaje y enmarcada en un contexto que en muchas ocasiones resulta un sin sentido para Sancho y una coherencia con su vida de caballero para don Quijote.

En el capítulo encontramos también una parte del texto escrita entre corchetes y en letra cursiva. Es la narración del robo del rucio de Sancho. El texto está también escrito por Cervantes pero se sabe que lo intercaló el impresor en la segunda edición de 1605 en el capítulo XXIII. En la edición de Hartzenbusch del XIX intercaló el texto en el capítulo XXV, corrigiendo así algunas incoherencias temporales. 

De lo que no se tiene constancia es de si Cervantes contemplaba la posibilidad de incluir este texto en la obra o no. Cervantes realizó múltiples cambios en la obra, cambiando algunos episodios de sitio, lo que podía producir alguna incoherencia. Por lo tanto, el mencionado texto se incluyo en este capítulo, simplemente por no crear problemas en la coherencia textual.



Capítulo vigésimo sexto


El capítulo comienza con don Quijote reflexionando sobre el caballero al que le gustaría emular. Roldán o Amadís. El caballero parece tenderse hacia Amadís.

“…y allí torno a pensar lo que otras muchas veces había pensado, sin haberse jamás resuelto en ello y era que cuál sería mejor y le estaría más a cuento: imitar a Roldán en las locuras desaforadas que hizo, o Amadís en las malencónicas…”

Después de esto se dispone a rezar pero no tenía rosario. Aquí se produce una hipérbole y una ironía sarcástica de las que esta llena la obra. El caballero se dispone a rezar y debe rezar un millón de avemarías y en esta ocasión lo hace tomando una tira de las faldas de la camisa, que no sabemos en que estado estaría y haciendo 12 nudos para componer un rosario improvisado. 

“Mas ya sé que lo más que él hizo fue rezar y encomendarse a Dios; pero, ¿qué haré de rosario, que no le tengo? En esto le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos , el uno más gordo que los demás , y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de avemarías.”

En el capítulo se intercalan tres pares de quintillas. La primera parece tener cierta seriedad pero en la segunda va tomando un tono cómico.

Aquí se producen dos historias que Cervantes nos las quiere presentar en un tiempo simultáneo. Don Quijote se queda en Sierra Morena haciendo su penitencia mientras Sancho emprende su viaje.

“ y será bien dejalle envuelto entre sus suspiros y versos por contar lo que le avino a Sancho panza en su mandadería.”

En el viaje de Sancho continúan las hipérboles humorísticas cuando Sancho se arranca las barbas y cuando compara a los pollinos con castillos.

“Cuando Sancho vio que no hallaba el libro, fuésele parando mortal el rostro; y tornándose a tentar todo el cuerpo muy apriesa, tornó a echar de ver que no le hallaba, y, sin más ni más, se echó entrambos puños a las barbas, y se arrancó la mitad dellas, y luego, apriesa y sin cesar, se dio media docena de puñadas en el rostro y en las narices, que se las bañó todas en sangre. Visto lo cual por el cura y el barbero, le dijeron que qué le había sucedido, que tan mal se paraba.”

En este capítulo se produce el encuentro de Sancho con el barbero y el cura que habían conocido en la venta en la que Sancho había sido manteado.

La comicidad continúa cuando Sancho comienza a recordar la carta de don Quijote a Dulcinea. Lo que recuerda Sancho, no la carta de don Quijote, está lleno de distorsiones idiomáticas y expresiones rústicas. Creando un episodio de gran comicidad.

“Alta y sobajada (sobada, manoseada) señora.
–No diría –dijo el barbero– sobajada, sino sobrehumana o soberana señora”

“Luego, si mal no me acuerdo, proseguía…, si mal no me acuerdo: “El llego y falto de sueó, y el ferido besa a vuestr merced las anos, ingrata y muy desconocida hermosa”, y no sé qué decía de salud y de enfermedad que le enviaba, y por aquí iba escurriendo, hasta que acababa en “Vuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste Figura”.”

Según dice Salinas, Sancho es un mensajero absurdo, un mensajero que no lleva nada , un sin mensaje. Y en el torpe recuerdo de Sancho, la carta es el esperpento de la de don Quijote.

En este episodio, Sancho sufre en importante proceso de quijotización que se utiliza como recurso de comicidad así como expresiones como arzobispo andante o sin ínsulos ni ínsulas. 

“Dijo también cómo su señor, en trayendo que le trujese buen despacho de la señora Dulcinea del Toboso, se había se poner en camino a procurar cómo ser emperador, o, por lo menos, monarca, que así lo tenían concertado entre los dos; y era cosa muy fácil venir a serlo, según era el valor de su persona y la fuerza de su brazo; y que en siéndolo, le había de casar a él, porque ya sería viudo, que no podía ser menos, y le había de dar por mujer a una doncella de la emperatriz, heredera de un rico y grande estado de tierra firme, sin ínsulos ni ínsulas, que ya no las quería.” 

“Decía esto Sancho con tanto reposo, limpiándose de cuando en cuando las narices, y con tan poco juicio, que los dos se admiraron de nuevo, considerando cuán vehemente había sido la locura de don Quijote, pues había llevado tras sí el juicio de aquel pobre hombre”

El plan del cura y el barbero para sacar a don Quijote de Sierra Morena está lleno de arcaísmos lo que significa que la historia se encuadra en la misma que la de don Quijote, es su mundo y es el mundo en el que se meten los que quieren sacarle de su lugar de penitencia.

“…y que así irían adonde don Quijote estaba, fingiendo ser ella una doncella afligida y menesterosa, y le pediría un don, el cual él no podría dejársele otorgar, como valeroso caballero andante, Y que el don que le pensaba pedir era que se viniese con ella donde ella le llevase, a desfacelle un agravio que un mal caballero le tenía fecho…”



Capítulo vigésimo séptimo



En este capítulo Sancho encuentra al cura y al barbero en las inmediaciones de la venta de Juan Palomeque, donde él había sido manteado. Esta venta será un espacio fundamental en la narración.  En ella estuvieron don Quijote y Sancho, al lado de la misma pasará Sancho de camino al Toboso donde se encontrará con el cura y el barbero y más adelante veremos como vuelven a pasar con don Quijote en su regreso y más adelante pasarán de nuevo.

La venta tiene en la primera parte del Quijote la misma función que realizará el castillo de los duques en la segunda parte.

 El cura y el barbero acompañarán a Sancho y entrarán en Sierra Morena en la zona indicada por este, con el fin de encontrar a don Quijote y poner en marcha la simulación que habían preparado para sacarle de aquella situación. Esta simulación preparada por el cura y el barbero irá cambiando sobre la marcha. El primer cambio será el de los papeles a seguir, haciendo referencia el cura, de forma irónica,  a la dignidad de su cargo eclesiástico.

De la misma forma que en la aventura de los batanes se le daba a la historia un halo de misterio, aquí sucede lo mismo cuando comienza a oírse la voz cantando de Cardenio, que en un principio no se sabe de quien es. 

Pero cuando acceden a la zona de Sierra Morena indicada por Sancho, lo primero que encuentran es a Cardenio que termina de contar su historia de la que Sancho ya les había hablado. 

Cardenio narra como a consecuencia de la indecisión de los dos enamorados la historia termina en desgracia, ya que su enamorada termina casándose con don Fernando, amigo de Cardenio que con la excusa de ayudarle le había traicionado. 

Aquí Cervantes critica a las personas indecisas. Alude en este momento a la base de toda la historia. Don Quijote fue decidido y cambio una vida que no le gustaba por otra que le apasionaba. Cardenio, sin embargo, no consiguió casarse con su enamorada a causa de su indecisión.

Cuando Cardenio habla de la traición que sufre por parte de su amigo don Fernando nombra una lista de traidores de la historia.

habla de Mario que fue un cónsul romano; Catilina, fue un conocido conspirador político en Roma, contra el que Cicerón dirigió sus Catilinarias; Sila, cónsul romano que se vengó cuando Mario asesinó a sus amigos; Galalón, uno de los doce Pares de Francia y legendario traidor en Ronces Valles; Vellido Dolfos, caballero de Zamora que mató a traición al rey Sancho III de Castilla; el conde don Julián, gobernador de Ceuta, que según la leyenda, ayudó a los moros a entrar en la Península Ibérica y Judas Iscariote, que traicionó a Cristo. 
En este capítulo se habla también del matrimonio disoluble ya que Luscinda se había casado con don Fernando contra su voluntad y esto lo afirma el papel que ella había escrito y donde declaraba haber elegido como esposo a Cardenio. El contenido de este papel se conocerá en el capítulo siguiente. 

Al final de este capítulo, concluye la narración de Cardenio, que había quedado interrumpida en al capítulo veinticuatro. Aunque esta se irá complementando en capítulos posteriores.

Cuando concluye el capítulo se utiliza el mismo recurso de la voz que cuando el cura y el barbero encuentran a Cardenio. Se escuchan unos lamentos que dejan la historia en suspenso y le vuelven a dar un halo misterioso que en el siguiente capítulo quedará resuelto.

Asimismo, se volverá a citar al historiador Cide Hamete Benengeli.

“Aquí dio fin Cardenio a su larga plática y tan desdichada como amorosa historia; y al tiempo que el cura se precenía para decirle algunas razones de consuelo le suspendió una voz que llegó a sus oídos, que en lastimados acentos oyeron que decía lo que se dirá en la cuarta parte desta narración, que en este punto dio fin a la tercera el sabio y atentado (prudente) historiador Cide Hamete Benengeli.”









26 de abril de 2017

¿Quién es Graham Greene?

Graham Greene nació el 2 de octubre de 1904, en Berkhamsted, Condado de Hertfordshire, Inglaterra.

Era Hijo de Charles Henry Greene, director de la escuela local donde él cursó sus estudios y posteriormente pasó a la Universidad de Oxford, donde colaboró en la revista Saturday Westminster, que dirigía Naomi Royde-Smith (novelista y editora británica). 

En 1925, publicó su primer libro, un volumen de versos titulado Babbling April.

Desde 1926 hasta 1929 escribió para el periódico The Times del que más tarde llegó a ser subdirector. 

En 1935 trabajó como crítico de cine para la revista The Spectator, donde llegó a ser en 1940 director literario. También trabajó como crítico de cine para la revista Night and Day, que  tuvo que cerrar a causa de la critica que Greene realizó de la película Wee Willie Winkie, en la que actuaba Shirley Temple. Su artículo criticaba que Shirley Temple, que por aquel entonces, tenía nueve años, actuaba como si quisiera coquetear con hombres de mediana edad. Esto trajo como consecuencia una demanda por difamación que les llevó a los tribunales y la revista perdió. 

Hoy en día, se piensa que la crítica de Greene hacia la película fue la primera crítica a la utilización sexual de los niños en el mundo del espectáculo. 

De 1942 a 1943 trabajó para el Ministerio de Asuntos Exteriores Británico en África Occidental.

Sus primeras novelas fueron: Historia de una cobardía (1929), El nombre de la acción (1930) y Rumor al caer la noche (1931). Pero la fama la consiguió en 1932 con El tren de Estambul, novela de espionaje que también se editó con el título de Orient Express

Más adelante escribió Inglaterra me ha hecho así, El ministerio del miedo, Brighton parque de atracciones, El poder y la gloria, El revés de la trama y El fin de la aventura.

Como él mismo dijo, algunas de sus novelas fueron novelas de  entretenimiento. Pero la mayoría fueron obras serias y bien construidas, escritas con un estilo moderno y fluido.  

Sus ultimas creaciones fueron El americano impasible, Nuestro hombre en La Habana, Un caso acabado, Los comediantes, El cónsul honorario, El factor humano y El décimo hombre.

Muchas de sus novelas han sido adaptadas al cine como El tercer hombre

Asimismo, Greene escribió ensayos como La infancia perdida y Otros ensayos y Ensayos completos

También escribió libros para niños y obras de teatro entre las que destacan El cuarto de estar, El establo y El amante complaciente

Además, escribió su autobiografía en dos partes: Una especie de vida publicada en 1971 y su continuación Vías de escape publicada en 1980. 

Greene fue un viajero incansable y un agudo observador de la realidad que después volcaba en sus novelas dotadas de ambientaciones minuciosas, así como de espléndidos diálogos. Todo en sus novelas parecía listo para ser filmado. 

En enero de 1957 vio en Nueva York, la película La vuelta al mundo en 80 días y pensó que era la mejor que había visto en su vida. 

Graham Greene falleció el 3 de abril de 1991 en Vevey, Suiza

Norman Sherry, profesor de la Universidad de San Antonio en Texas, le ha dedicado una biografía de tres mil páginas a Graham Greene, dividida en tres volúmenes: 1904-1939, 1939-1955, 1955-1991. 

Sherry que ha sido su biógrafo oficial, declara haber seguido el rastro de Greene durante veintiséis años, desde octubre de 1976 a octubre de 2002, y no sólo el rastro de Greene, sino también el de la gente de su entorno.  

Sherry entiende que, detrás de cada uno de los principales personajes de Greene, existe un individuo real y tiene el convencimiento de que la historia íntima, privada, de Graham Greene está en sus novelas.

Greene fue un periodista de grandes sucesos, México y España antes de 1939, las guerras mundiales, las guerras de la Guerra Fría en África, Asia y América, el espionaje internacional. 

Además, contó en Una especie de vida (la primera parte de su autobiografía) cómo, ya en el colegio, era habilísimo en escaparse y desaparecer. Su gusto extremo por los viajes y contar de forma novelada lo que observaba en ellos le llevó a tener ciertos contactos en 1924 con el servicio secreto alemán en un viaje que hizo a la zona del Ruhr ocupada, en aquella época, por tropas francesas. 

A Greene se le ha considerado un escritor católico, aunque difiere de otros escritores catalogados de católicos en su falta de ortodoxia. En 1957 viajó a China con una delegación británica invitada por el gobierno de aquel país y pidió a las autoridades católicas de Irlanda e Inglaterra que le dieran instrucciones sobre cómo servir a la causa católica en China, enemiga del catolicismo. 

También, sabemos que intentó oír misa en China y que consiguió celebrar el Domingo de Resurrección en la catedral de Chungking.
Asimismo, sabemos que Green mantuvo diversos contactos con los servicios secretos británicos. 

En su obra Una especie de vida dijo: 

“Todo novelista tiene algo en común con un espía: vigila, escucha, busca motivaciones, analiza a los individuos, y en su afán por servir a la literatura carece de escrúpulos.”

Greene se convirtió a la religión católica para poder casarse con Vivien Dayrell-Browning, muy devota. Se apasionó por ella y le escribió dos mil cartas en treinta meses. Se bautizó y se casaron en 1927.

Al terminar la guerra, en 1946, recibió una carta de su mujer que le comunicaba que una señora muy rica, casada, se había convertido al catolicismo bajo la influencia de sus novelas. Esta era Catherine Walston, doce años más joven que él y que se convertiría en su amante y la gran pasión de su vida. 

A finales de 1956, la situación amorosa se complicó, porque Greene se encaprichó de la actriz sueca Anita Björk, viuda del escritor Stig Dagerman.  Lo que Greene compartía con Anita, según las propias palabras del escritor, era la soledad. En esta relación había más ternura que sexo, y los amantes, por edad, podían ser padre e hija. 

Green escribió :

”Cuando alguien te quiere, siempre es difícil no corresponder, a menos que sea alguien aburrido o repugnante.”

En junio de 1969 Graham Greene recibió el Premio Shakespeare, de la Universidad de Hamburgo. Este aprovechó la ocasión para hablar según sus palabras “ante la autoridad contra la autoridad” y, efectivamente, habló contra Shakespeare, poeta del orden en una Inglaterra de conspiraciones y persecuciones sin haber movido un dedo por defender las causas justas. Tenía que haber defendido a sus amigos torturados a causa de sus ideas, ya que según Greene: 

“No es posible querer a la humanidad, sólo se quiere a las personas”.

Este autor dedicó su vida a la escritura porque como él mismo declaraba tenía una insaciable curiosidad por las cosas y un deseo irrefrenable de poner orden en el caos de la experiencia. 

Greene decía: 

“No se cómo pueden vivir los que no escriben, cómo no se vuelven locos sin la terapia de escribir.”

25 de abril de 2017

El factor humano – Breve apunte


El factor humano es una novela escrita por Graham Greene en 1978. En ella el autor combina las técnicas de la narrativa de espionaje con un hábil tratamiento de la psicología de los personajes. La obra presenta unos personajes presionados por el factor ambiental que intentan luchar por su liberación y su afirmación. Por esta razón, no podemos decir que El factor humano sea estrictamente una novela de espías. 

En la obra trata diversos temas como el amor y el miedo a perderlo, la soledad, el dolor que causa el silencio impuesto, los compromisos que implica el amor y el miedo a no poder cumplir con ellos o a cumplir con ellos y asumir sus consecuencias, la lealtad, la batalla entre el bien y el mal, etc.

El estudio psicológico de los personajes constituye una de sus elementos fundamentales.

Uno de sus temas principales es el peso que el silencio ejerce sobre los personajes y lo que supone esta obligación estricta de sigilo y la neurosis  que produce en las vidas de las personas que están en el servicio secreto. El autor nos habla del poder destructivo del silencio. 

Castle es el único que tiene el problema del silencio parcialmente resuelto,  Marañón decía que la mujer libera al hombre de su soledad cósmica.

Maruice Castle, el protagonista, es un hombre sencillo que se ve abocado por las circunstancias a convertirse en un agente doble: agente de su Majestad la Reina de Inglaterra y a la vez agente del KGB de Leonidas Brezhnev. 

Maurice Castle no teme ser descubierto como un traidor a su patria sino que lo que él verdaderamente teme es perder a su mujer y a su hijo, a los que el considera su verdadera patria. Castle trabaja en una oficina del Servicio Secreto británico. Tiene un único compañero, Davis. Los dos compañeros se dedican a transcribir y descifrar la información que consiguen los diferentes espías y agencias de información en África.

Los jefes han sido informados de una filtración de ese departamento, por lo que el traidor solo puede ser Davis o Castle. Son las circunstancias humanas de la vida de cada uno lo que decanta la culpa de la filtración del lado de Davis, que es eliminado.

El trabajo que realizan Davis y Castle es un trabajo monótono y sin emoción. Lo peor de todo es que siendo un trabajo que no reporta satisfacciones y que podría haber sido el de un oficinista cualquiera en cualquier empresa, sin embargo exige silencio y llevar una vida sin aristas aparentes. A consecuencia de estas pequeñas aristas Davis pierde su vida de manera injusta.

En un primer momento nadie sospecha de Maurice Castle. Este es un funcionario intachable con una vida aparentemente sin problemas especiales, con una vida ordenada, casado y con un hijo. 

Pero la realidad es que el Servicio es solo una parte de la vida, la otra parte la constituye la vida privada de cada funcionario. Este es el peligroso factor humano que da título a la novela.

¿Es Castle realmente un traidor? A veces la traición es sólo lealtad. Castle traiciona a su patria pero la traiciona para ser leal a su amor y corresponder con su agradecimiento a los que habían ayudado a su mujer, negra, a escapar de Sudáfrica. 

Otro tema fundamental para Greene, en esta obra, es la tragedia humana más esencial representada por la distancia existente entre lo que el hombre desea y lo que por sus limitaciones personales es capaz de alcanzar.  Estamos aquí, nuevamente, ante el sentimiento trágico de la vida de Unamuno y que vimos también reflejado en Las noches blancas. La tragedia es: darse cuenta y no poder hacer nada, el que no se da cuenta no sufre.  Sus personajes sufren conflictos interiores semejantes a los personajes de Dostoyevski, en una visión pesimista de la condición humana.

Al final de la novela, todo se trunca. El amor se convierte en el inmenso dolor que sienten Maurice y su mujer Sarah, al verse él en Moscu y ella en Londres, sin posibilidad inmediata de volverse a ver, separados por “el telón de acero” que entonces nadie sabía que iba a estar en pié, más o menos, diez años más.

Al principio del libro hay una dedicatoria a su hermana que puede resultar incomprensible cuando habla de su responsabilidad. Sencillamente, se refiere a que fue su hermana el contacto que le introdujo en el Servicio de Inteligencia británico, cuyos jefes le llamaron como colaborador en 1941. Por esto, considera que su hermana tiene cierta responsabilidad en que él escribiera libros de espionaje, con cierto conocimiento de causa.

El ejercicio de la profesión de periodista durante varios años marcó profundamente el estilo y la temática de las obras de Greene. Es un autor que tiene una importante visión de la realidad que le ha tocado vivir a consecuencia de su trabajo como corresponsal de del Sunday Times, Le Figaro o la revista Life, que le permitió ver, desde la primera fila, numerosos acontecimientos históricos de su época que le enriquecieron como hombre y como escritor.

García Márquez, en un artículo publicado en el diario El País, el 10 de febrero de 1982, con el título de “Graham Greene: la ruleta rusa de la literatura” decía: 

“Es difícil encontrar en este siglo un escritor que sea víctima de tantos prejuicios apresurados como le es Graham Greene. El más grave de ellos es la tendencia a que se le considere como un simple escritor de novelas de misterio, y que, aún si así fuera, se olvide con tanta facilidad que muchas novelas de misterio circulan por los cielos más altos de la literatura. Pero el más injusto de esos juicios es el de que Graham Greene no se interesa por la política. Nada más falso. a partir de 1933, dice él mismo: “la política fue ocupando un lugar mayor en mis novelas”. Tal y como se reflejará en la trama de El americano impasible, El poder y la gloria, Nuestro hombre en la Habana, El factor humano, etc…”

El título de esta obra de Greene resume uno de los objetivos de toda su obra: descubrir el factor humano en todas las situaciones de la vida.

En los libros de Greene podemos encontrar todo tipo de personajes y escenarios de la vida real en el siglo XX. Encontramos espías aficionados y profesionales, vietnamitas, curas mejicanos, guerrilleros latinoamericanos, revolucionarios balcánicos, periodistas de todo tipo, la Francia ocupada por los alemanes y hasta la España de la transición en Monseñor Quijote.

En la obra de Greene subyace siempre el tema religioso y la idea del bien y el mal. Charles Moeller en Literatura del siglo XX y cristianismo afirma: 

“El lector menos atento de Greene vislumbra, que más allá del drama aparente, se desarrolla otro. Una especie de contrapunto muy oculto de extraña resonancia a los gestos más insignificantes, a las menores palabras. Se percibe en seguida que la atmósfera está habitada por otra presencia: la presencia del mal y del pecado”. 

También Frederick R. Karl en su libro La novel inglesa contemporánea destaca:

 “Los personajes de Greene buscan a Dios en lo que tiene todas las trazas de ser un universo manejado por el diablo. Es esto, en cierto modo, en lo que consiste su heroísmo”.
7 de marzo de 2017

¿Quién es Philippe Claudel?



Philippe Claudel es un escritor y guionista francés nacido en Nancy el dos de febrero de 1962.

Ha sido profesor y guionista de cine y televisión. 

Durante su época como profesor dio clases en liceos y en la Universidad de Nancy II, donde fue profesor de Antropología Cultural y Literatura. 

Philippe Claudel trabajó como profesor voluntario, de manera altruista, en la cárcel a donde iba varias veces por semana, a lo largo diez años. También acudía con periodicidad a un hospital en donde daba clases a niños enfermos. Asimismo, daba clase en un instituto especial para niños discapacitados físicos. Todo esto le proporcionó un abundante número de experiencias que ha podido aprovechar para escribir sus libros y guiones.

Como el mismo ha declarado es un gran admirador de dos escritores compatriotas suyos: Simenon y Jean Giono.

Philippe Claudel publicó su primer libro, Meuse l’oubli, cuando tenía treinta y siete años. 

Sus obras han sido galardonados con diversos premios literarios de importancia: la novela J’abandonne recibió el premio Francia Televisión 2000, el libro de relatos Petites mécaniques obtuvo el premio Goncourt de Novela 2003; Almas grises, su quinta novela, fue galardonada con el prestigioso premio Renaudot, también en 2003, y El informe de Brodeck fue premio Goncourt de 2007.

En 2008 fue director y guionista de la película Il y a longtemps que je t´aime (Hace mucho que te quiero) que consiguió, entre otros premios, el César a la mejor ópera prima. Su segunda película, de 2011, lleva por título Tous les soleils (Silencio de amor).



Estas son algunas citas que muestran como es Philippe Claudel:

«Me fascinan las vidas secretas que convierten a los conocidos en desconocidos».

«Las almas perdidas se reconocen».

«Me he nutrido de lo que me rodea, de lo que siento, de lo que vivo, de lo que imagino».

– «No busco el éxito. El éxito siempre es una sorpresa. El cine es otra forma para expresar sentimientos y percepciones profundas con otros medios que los que ofrecen la literatura. Por eso me interesa».


– «Creo que el cine permite tocar personas que quizá no leerían novelas. Es un arte más inmediato, más fácil que la literatura. Gracias al cine, sin por eso traicionarme, espero tener la posibilidad de sembrar preguntas en la mente de hombres y mujeres que nunca me leerían».



6 de marzo de 2017

La nieta del señor Linh – Breve apunte

La nieta del señor Linh podemos decir que es un «pequeño gran libro».  Se trata de una historia tierna y conmovedora de desarraigo, amistad y soledad. 

El desarraigo se da  como consecuencia de un conflicto bélico y el traslado de refugiados a un país de acogida.

“Por fin, un día de noviembre, el barco llega a su destino. Pero el anciano no quiere bajar. Abandonar el barco es como abandonar definitivamente lo que todavía lo une a su tierra”. 
“El señor Linh aspira el olor del nuevo país. No huele a nada. No hay ningún olor. Es un país sin olor”.
“En el muelle hay centenares de personas como ellos. Viejos y jóvenes esperando dócilmente, junto a su escaso equipaje, a que les digan adónde ir y pasando un frío como nunca han pasado. Nadie habla. Son frágiles estatuas de rostro triste que tiritan en absoluto silencio”.
En ese país es donde dos personas que no hablan el mismo idioma logran tener un nivel importante de comunicación a través de la expresión de su cara y sus ojos, así como del tono de la voz y la expresión corporal.

Lo más emocionante de esta obra es esta relación de profunda amistad entre dos desconocidos que no hablan el mismo idioma. Son dos personas que se encuentran de una forma absolutamente casual y que son capaces de crear un vínculo irrompible. Los dos personajes se reconocen como dos personas solitarias con ganas de confiar en alguien. 

Tanto el señor Linh como el señor Bark han perdido su “mundo”. Aunque el señor Bark tiene la ventaja de encontrarse en su terreno. Por eso, encontramos también el tema del desarraigo.  

“El señor Linh se deja mecer de nuevo por la voz del desconocido, que no obstante es un poco menos desconocido que ayer, y al que escucha sin entender una sola palabra”.
“Cuando el señor Bark habla, el señor Linh lo mira y escucha con mucha atención, como si lo comprendiera todo y no quisiera perderse nada del sentido de sus palabras. Lo que comprende el anciano es que el tono del señor Bark trasluce tristeza, una profunda melancolía, una especie de herida que la voz subraya, acompaña más allá de las palabras y el lenguaje, algo que la recorre como la savia recorre el árbol sin ser vista”.

Así que, podríamos decir, que esta obra trata sobre la amistad pero también del drama de la guerra y de los refugiados y de la fuerza de voluntad y la superación. Es una historia emocionante y triste al mismo tiempo.

En la narración Phillipe Claudel utiliza un lenguaje sencillo y escueto. Con pocas palabras consigue que el lector sea capaz de visualizar la situación. El autor sugiere más que cuenta. Es una historia de gestos y silencios. 

El autor deja abiertos muchos elementos. ¿En qué país se encuentran? ¿De qué país procede el señor Linh? ¿De qué conflicto bélico hablan?

Claudel consigue imprimir de forma muy vívida una sensación claramente oriental al comportamiento del señor Linh. Este personaje transmite dulzura, tranquilidad, discreción, y mucha fuerza de voluntad. 

Asimismo, consigue con su lenguaje mostrar los dos mundos a los que pertenece cada uno de los protagonistas. El comportamiento es claramente oriental en uno y occidental en el otro. Pero esto no impide la absoluta comprensión entre ellos ante su soledad y la pérdida de su mundo. Son dos seres humanos que viven la soledad.

Como ya hemos anticipado, la historia tiene dos personajes principales. El señor Linh y el señor Bark.

El señor Linh es un anciano, que al llegar a lo que parece ser un país occidental, que podría ser europeo, en particular Francia, o americano, se muestra desconfiado por su desconocimiento del país y por el miedo a que le separen de su nieta. Por eso, el señor Linh intentará protegerla de cualquier peligro. Ella es el único miembro de su familia que ha sobrevivido. Le cantará constantemente una canción popular de su país, como símbolo de conservación de su identidad y para transmitirle el pasado, que pasa a través de él, hacia la esperanza en el futuro, representada por la nieta.

El señor Linh es un hombre solo, que ha sufrido los desastres de una guerra por la que se ha visto obligado a abandonar su casa y su país. Además, a consecuencia de la guerra ha perdido a toda su familia menos a su nieta. 

«Y comprende que está solo en el mundo con su nieta. Solos los dos. Que su país está lejos. Que su país, en cierto modo ya no existe. Ya no es mas que fragmentos de recuerdos y sueños que solo sobreviven en su cabeza de hombre viejo y cansado»

El señor Bark es un hombre bueno que se encuentra en su propio país y en su ciudad y que le encanta fumar. Además, se encuentra en una situación parecida de soledad, debido a la muerte de su mujer.

El narrador de esta obra es omnisciente y el tiempo y el espacio quedan sin determinar, como si el autor quisiera presentar un problema universal de dos soledades que se encuentran y son capaces con gran generosidad de entablar una amistad. 

En cierto modo, podría recordar a la historia de Marguerite Duras El parque, que como esta obra, trata de dos soledades que se encuentran en un banco en un parque. 

Ante este texto se pueden plantear interpretaciones opuestas y contradictorias.  ya que los símbolos y las metáforas da un amplio margen de libertad al lector. 
La obra presenta un conjunto de supuestos que están relacionados también con las vivencias del lector, con su entorno, en definitiva con su posibilidad de extraer diversos sentidos al texto.
Al analizar la obra desde situaciones posibles creamos una  hipótesis posibles basadas en los hechos mismos de la obra, en sus personajes, en su localización geográfica, en sus situaciones.
El autor ha elegido qué narrar y qué dejar a la imaginación del lector, lo que le permite a este jugar con distintas posibilidades. 
Este tipo de estructura permite la construcción de distintos mundos. Las posibilidades quedan abiertas. Esto se contrapone a la literatura del diecinueve que creaba mundos cerrados dónde el relato da todo al lector y no queda la posibilidad de imaginar distintos mundos dependiendo de las experiencias del lector. 
Lo que sabemos seguro es que Linh es un refugiado que ha sido víctima de una guerra y que no le queda nada más que un poco de tierra en una maleta y por supuesto su “nieta”. No le queda nada. Está a miles de kilómetros de su aldea que ya no existe. Está a miles de días de una vida que fue hermosa y feliz pero que solo es un recuerdo.
También sabemos que aunque la nieta no tiene un papel activo debido a su edad juega un papel importantísimo en el desarrollo de la historia. Incluso el título de la novela se refiere a la nieta como elemento principal de la obra. Después de haberlo perdido todo, su mujer, su hijo, su hogar y su aldea, no tiene nada más que aquella niña. De esta manera Linh se aferra a ella para no ser un desarraigado completo.
Hacia el final de la obra cuando Linh va andando por la ciudad con su nieta en brazos, como si fuera un tesoro, buscando a su amigo y lo ve sentado en el mismo banco donde lo esperaba todos los días. Linh no puede contener su emoción y se lanza a cruzar la calle en el momento en el que un coche se le acerca corriendo y lo atropella. 

El señor Bark es testigo de la desgraciada escena y se apresura a recoger a la “niña” que ha quedado intacta. La historia se detiene así bruscamente y todo se precipitará hacia el final de la obra. En ese momento tenemos la certeza de que el señor Linh a venido solo desde su país pero la amistad abre una nueva esperanza
5 de marzo de 2017

El viaje del héroe

El viaje del héroe
El protagonista de la obra, el señor Linh, emprenden un viaje. Este viaje está provocado por una experiencia traumática como consecuencia del horror producido por causas externas imposibles de asimilar y que producen en él una perdida de la realidad. El señor Linh no puede asimilar que ha perdido a toda su familia y se aferra a la muñeca de su nieta que es lo único que se ha conservado intacto. El señor Linh intenta recuperar su vida agarrándose a una nieta irreal. 
Durante este “viaje” existen momentos de alucinación. El señor Linh visita, en un sueño, su antigua aldea, junto con su amigo el señor Bark. 
Durante su largo y difícil viaje el personaje vive una irrealidad y una constante desazón.
El señor Lihn parece recuperar la tranquilidad gracias a su amistad con el señor Bark. Pero no sabemos si terminará por recuperar la razón. Quizá el golpe en la cabeza y la estancia en el hospital junto a los cuidados del señor Bark le permitan asumir su situación y volver a la realidad.
El señor Linh emprende lo que se ha llamado “el viaje del héroe”
El viaje del héroe es un arquetipo. Es un Modelo que se presenta constantemente en nuestra historia como humanidad, nos une a todos los seres humanos, superando cualquier límite de tiempo y espacio, porque está siempre vivo y presente en nuestra memoria Individual y Colectiva. Es un Arquetipo o Patrón de Autosuperación, una importante herramienta para el Desarrollo Personal, atemporal y de probada eficacia. De él podemos extraer lecciones útiles para poner en práctica en nuestra vida cotidiana.
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Existen al menos 4 modelos diferentes que desarrollan el Arquetipo, y el más utilizado es el propuesto originalmente por el ejecutivo de la Walt Disney Company Christopher Vogler, como argumento para la redacción de guiones, para la literatura y el cine basados en el Viaje del Héroe.
Los estudios psicológicos de Carl Jung y los mitológicos de Joseph Campbell, en especial su obra El héroe de las mil caras: Psicoanálisis del mito, han sentado las bases de los manuales actuales sobre narrativa. Algunos autores y ejecutivos de Hollywood como Chris Vogler o James Bonett han simplificado y adaptado el mensaje de aquellos, haciéndolo más fácil para el público actual.

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El viaje del héroe en Citas
El desarraigo
El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas.
Por fin, un día de noviembre, el barco llega a su destino. Pero el anciano no quiere bajar. Abandonar el barco es como abandonar definitivamente lo que todavía lo une a su tierra. 
El señor Linh aspira el olor del nuevo país. No huele a nada. No hay ningún olor. Es un país sin olor.
En el muelle hay centenares de personas como ellos. Viejos y jóvenes esperando dócilmente, junto a su escaso equipaje, a que les digan adónde ir y pasando un frío como nunca han pasado. Nadie habla. Son frágiles estatuas de rostro triste que tiritan en absoluto silencio.
El padre de la niña era su hijo. Murieron durante la guerra que asola el país desde hace años.
También vio el cuerpo de su hijo y el de su nuera, y un poco más lejos a la niña, envuelta en sus pañales, con lo ojos muy abiertos e ilesa, y a su lado una muñeca, su muñeca, tan grande como ella, pero decapitada por un trozo de metralla.
Nunca olvidará el mudo sabor de aquella primera sopa que toma sin gana, recién desembarcado, pensando en el frío que hace fuera, pensando que lo de fuera no es su país sino un país extranjero y extraño, que siempre lo será por mucho tiempo que pase, por mucho que aumente la distancia entre sus recuerdos y el presente.
La amistad reconforta
El anciano sonríe. No esperaba volver a verlo. Se alegra. Es como encontrar un letrero en un camino cuando uno se ha perdido en el bosque y lleva días dando vueltas sin reconocer nada. Se aparta un poco para darle a entender que puede sentarse, y el hombre lo hace, se sienta.
 El señor Linh se deja mecer de nuevo por la voz del desconocido, que no obstante es un poco menos desconocido que ayer, y al que escucha sin entender una sola palabra.
Cuando el señor Bark habla, el señor Linh lo mira y escucha con mucha atención, como si lo comprendiera todo y no quisiera perderse nada del sentido de sus palabras. Lo que comprende el anciano es que el tono del señor Bark trasluce tristeza, una profunda melancolía, una especie de herida que la voz subraya, acompaña más allá de las palabras y el lenguaje, algo que la recorre como la savia recorre el árbol sin ser vista.
Y, de pronto sin pararse a pensarlo, sorprendido de su propio gesto, el señor Linh posa la mano izquierda en el hombro del señor Bark, como había hecho éste el día anterior, y al mismo tiempo lo mira sonriendo. El otro le devuelve la sonrisa.
El señor Linh se inclina tres veces a modo de despedida y el señor Bark, como no puede estrecharle la mano porque el otro tiene a la pequeña en brazos posa la suya en el hombro del anciano pesadamente, con afecto.  El señor Linh sonríe. Era todo lo que deseaba.
El señor Linh sonríe. Es como si el sol hubiera desgarrado el gris del cielo. En pocos segundos, el señor Bark llega a su lado, casi sin aliento pero con una ancha sonrisa en el rostro. El anciano cierra los ojos, busca en su memoria las palabras que le enseñó la joven intérprete y, mirando al señor Bark, exclama: ¡Buenos días!
–¡No sabe usted cuánto me alegro de verlo! Pero venga, si nos quedamos aquí con esta lluvia vamos a coger una pulmonía. Y, sin pedirle opinión, lo arrastra hacia algún lugar desconocido, El señor Linh se deja llevar. Está contento. Iría a cualquier parte que el hombre gordo quisiera llevarlo. Nota los paquetes de tabaco en el bolsillo y eso le hace sonreír todavía más. Ya no tiene frío. Se olvida del dormitorio, de la mezquindad de las mujeres y las trifulcas de los hombre… Está allí caminando con su nieta en brazos, al lado de un hombre que le saca dos cabezas, que debe de pesar el doble que él y que fuma sin parar.
Los coge y los sostiene en la mano, emocionado por esos dos simples paquetes de cigarrillos, que por otra parte son de una marca que no le gusta, que nunca fuma, porque tienen un sabor mentolado que no soporta pero eso es lo de menos. Mira los paquetes. mira al anciano sentado frente a él… Siente el impulso de darle un abrazo. No encuentra las palabras, que se le atascan en la garganta. Carraspea y dice simplemente: –Gracias… Gracias, señor Taolai, no hacía falta pero es un detalle muy bonito, de verdad, muy bonito… El señor Linh se siente feliz, porque comprende que el hombre gordo también se siente así.
Cuando salen del café el señor Bark lo coge del hombro y lo acompaña hasta la puerta del edificio en que se encuentra el dormitorio común como todos los días desde hace tiempo. Una vez allí los dos se despiden sin prisa diciendo “buenos días”.
Le pido perdón, señor Taolai, perdón… por todo lo que le hice a su país, a su gente. No era más que un crío, un crío estúpido y cobarde que disparó, que destruyó, que seguramente mató… Soy un canalla, un auténtico canalla… El señor Linh mira a su amigo. Un sollozo enorme, interminable, como surgido de la última palabra que acaba de pronunciar, sacude al hombre gordo. No se tranquiliza. Tiembla como un barco zarandeado por la tempestad. El señor Linh intenta rodearle los hombros con el brazo, pero no lo consigue, porque su brazo es demasiado pequeño para las anchas espaldas de su amigo. Le sonríe. Se esfuerza en transmitir muchas cosas en esa sonrisa, más cosas de las que ninguna palabra podrá contener jamás. Luego se vuelve hacia el mar, dándole a entender que también debe mirar allí a lo lejos, y a continuación, con una voz que no es triste sino completamente alegre, repite el nombre de su país, que de pronto suena como una esperanza y no como un dolor, y rodea a su amigo con los brazos, sintiendo el cuerpo de Sang Diu protegido y no aplastado entre los suyos.
El camarero vuelve con los platos. El señor Bark ha pedido lo mejor. Todo le parece poco. Se acuerda de la tarde del puerto, de todo lo que le salió del corazón y todo lo que dijo, y también del gesto del anciano cuando él se quedó callado, sufriendo y avergonzado. Eso no tiene precio.
Cuando contempla la ciudad, siempre piensa en su amigo el hombre gordo. y cuando mira el mar, siempre piensa en su lejano país. De modo que tanto ver el mar como ver la ciudad lo ponen triste. el tiempo pasa y va creando un doloroso vacío en su interior. Por supuesto tiene a su nieta y debe ser fuerte por ella, poner buena cara y cantarle la canción como si tal cosa. Tiene que mostrarse alegre, sonreírle, hacerle comer, procurar que duerma bien, que crezca, que se convierta en una hermosa niña. Pero el tiempo pasa y hiere el alma del anciano, le roe el corazón y le acorta el aliento. Le gustaría tanto volver a ver a su amigo… Tendría que preguntarle a la intérprete qué hacer para volver a verlo, pero ni la joven ni la mujer del muelle han regresado. Así que, después de pensarlo mucho, decide apañárselas solo, volver a la ciudad, buscar la calle del dormitorio común, del banco y el parque, y quedarse en el banco el tiempo que haga falta hasta volver a ver a su amigo.
El quiere ver florecer a su nieta. Quiere vivir para ver eso, y no le importa que vivir signifique vivir lejos de su país, vivir allí, en aquella mansión rodeada de muros. No, no quiere que sea allí. En aquel moridero, Quiere que Sang Diu se convierta en un hermosos loto, quiere estar presente para admirarla pero a la luz del día, al aire libre, no en un asilo, no en una prisión como aquélla. Su amigo podría ayudarlo. Sólo él puede ayudarlo. Se lo explicará, por señas. Y él lo comprenderá, seguro. Quiere volver a ver al hombre gordo, a su amigo. Lo echa mucho de menos. Quiere oír su voz, su risa. Quiere percibir el aroma de los cigarrillos que fuma sin pausa. Quiere ver sus grandes manos maltratadas por el trabajo. Quiere sentir su presencia, su calor y su fuerza.
Buscando la felicidad
El anciano trepa por la improvisada escalera. Al llegar a lo alto del muro, sube el tronco, recupera el aliento, echa un vistazo al parque y comprueba que nada se mueve y que nadie lo observa. Pasa el tronco al otro lado y lo apoya contra el muro. Baja rápidamente y se encuentra en la acera de una calle desierta. Es libre. En total han sido unos minutos. Es libre y está en pijama, con una criatura en una bata atada a la espalda. Feliz, le falta poco para gritar de alegría. Con pasitos rápidos, se aleja de la mansión. Se siente como si tuviera veinte años.

La desesperanza
Pasan las horas. La tarde está ya muy avanzada. Lleva todo el día caminando, todo el día aferrándose a la esperanza de encontrar la calle, el banco, a su amigo en el banco. Sus ideas se vuelven confusas. Se dice que se ha equivocado yéndose de este modo. Se dice que la ciudad es demasiado grande, un monstruo que va a devorarlo o hacer que se pierda. Se dice que nunca encontrará nada, ni su país ni a su amigo ni el asilo del que ha huido. Se arrepiente. No porque esté agotado, desesperado o vencido. No, no piensa en sí mismo. Se arrepiente por su nieta. Le ha impuesto el cansancio, la marcha a trompicones, el polvo de las calles, el ruido, las burlas de la gente. ¿Qué clase de abuelo es? La vergüenza lo invade como un veneno.
La cabeza del señor Linh está llena de cansancio, de sufrimiento, de desilusiones. Le pesa demasiado. Demasiadas derrotas y demasiadas huidas. ¿Qué es la vida sino un collar de heridas que cada hombre se cuelga del cuello? ¿De qué sirve ir de ese modo por los días, los meses, los años, cada vez más débil, cada vez más hundido?¿Por qué ha de ser cada día más amargo que el anterior, que ya lo era bastante?
Llegando a su objetivo
El señor Linh se recupera y mira alrededor. Hay cientos de personas, hombres, mujeres, niños, familias enteras que cruzan, alegres, una verja abierta de par en par. Al otro lado de la verja, se ven grandes árboles, macizos, senderos, jaulas… Jaulas.
El corazón se le acelera. Jaulas. Con animales. Los ve. Leones. Monos. Osos. De pronto tiene la sensación de estar dentro de una imagen que ha contemplado a distancia muchas veces. ¡El parque! ¡Está ante la entrada del parque! ¡El parque de los caballitos de madera! Pero entonces, si el parque está ahí, enfrente, enfrente… ¡Claro que sí! Allí, al otro lado de la calle por la que pasan centenares de coches, está el banco. Y en el banco como una aparición, como una aparición maciza, sólida, sumamente real, está el hombre gordo, su amigo. Su amigo, esperándolo.
El sol nunca ha brillado tanto. El cielo nunca ha sido tan puro al acercarse el atardecer. El anciano no experimenta una alegría tan intensa desde hace mucho tiempo.
Un frío brutal inunda por completo al señor Bark. Se queda paralizado unos segundos, durante los cuales vuelve a ver el accidente, la sonrisa del señor Taolai, el coche abalanzándose hacia él, golpeándolo con violencia pese al frenazo, el impacto, el anciano volando por los aires y aterrizando pesadamente en el suelo con un ruido de madera partida.
El señor Bark abre los ojos. Junto a él, el anciano lo mira y sonríe. Rodea con los brazos a Sang Diu, la acaricia el pelo con una mano mientras tiende la otra ansiosamente hacia su amigo.

El hombre gordo le coge la mano. El calor que le llega a través de ella es maravilloso, Al señor Bark le dan ganas de abrazar a todo el mundo… Su amigo está vivo. ¡Vivo! Sí, se dice, puede que la vida sea también esto. De vez en cuando un milagro, oro y risas y de nuevo la esperanza cuando crees que a tu alrededor todo es destrucción y silencio.
4 de marzo de 2017

Poemas de viaje

El viaje, tanto interior como exterior, se han utilizado en la literatura universal como instrumento para el desarrollo de los personajes.
Poemas de viaje
“Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.”
                                                                              Antonio Machado
Asimismo, el viaje del héroe se describe en el poema de Konstantin Kavafis
“Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Más no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
más no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.”

                                                                                Konstantin Kavafis
1 de marzo de 2017

Capítulos del 20 al 23

Capítulo vigésimo

En este capítulo, Sancho toma confianza con su señor e incluso se atreve a engañarle y a burlarse de él.

Primero ata las patas del caballo para que don Quijote no se pueda aventurar a entrar en conflicto con aquello que produce un ruido infernal pero que no saben lo que es. Además le engaña sirviéndose de la tendencia de don Quijote a creer en encantamientos y magias.

Durante la noche y a la espera de que amanezca Sancho cuenta un cuento a su señor que no satisface a este. Don Quijote le alabará el ingenio pero de forma irónica: 

“–Dígote de verdad –respondió don Quijote – que tu has contado una de las más nuevas consejas, cuento o historia, que nadie pudo pensar en el mundo, y que tal modo de contarla ni dejarla, jamás se podrá ver ni habrá visto en toda la vida, aunque no esperaba yo otra cosa de tu buen discurso; mas no me maravillo, pues quizá estos golpes que no cesan, te deben de tener turbado el entendimiento

El elogio es irónico porque este cuento era muy conocido en la tradición oral de la época y se podía encontrar en distintas colecciones de cuentos literarios.

Otro elemento de la narración que demuestra el acercamiento entre Quijote y Sancho es que este último se atreve a defecar en presencia de su señor aunque,  si bien es verdad, intentaba disimularlo: 

En esto parece ser, o que el frío de la mañana, que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural –que es lo que más se debe creer–, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no hacer lo que tenía gana, tampoco era posible; y así, lo que hizo…

En este fragmento del texto queda patente de forma clara el carácter más prosaico del escudero frente a los ideales caballerescos de don Quijote.

La manera de tratar la situación por parte de Cervantes es la de la perífrasis y la atenuación:

 “Huele y no a ámbar

Finalmente, tenemos constancia de la cercanía de Sancho a don Quijote en el momento en el que descubren el origen del terrorífico ruido. Sancho se burla de don Quijote y de la aventura y gloria que este deseaba obtener de la situación, al ver que el ruido estaba producido por unos batanes, es decir, unos palos de madera que estaban en una rueda movida por una corriente de agua para golpear paños y hacerlos más dúctiles: 

“Miró también don Quijote a Sancho, y viole que tenía los carrillos hinchados, y la boca llena de risa, con evidentes señales de querer reventar con ella, y no pudo su melancolía tanto con él, que a la vista de Sancho pudiese dejar de reírse; y como vio Sancho que su amo había comenzado, soltó la presa de manera que tuvo necesidad de apretarse las ijadas con los puños, por no reventar riendo.”

Sancho se burla de don Quijote. Cuando se descubre el origen del temible ruido este se propasa con sus palabras jocosas y declama burlonamente las mismas palabras que don Quijote había expresado el día anterior cuando estuvo a punto de lanzarse a la aventura. Don Quijote descarga su ira con violencia y Sancho finalmente acata la autoridad. A partir de este momento el escudero irá aprendiendo a actuar según su voluntad siempre bajo cuerda. Sancho tendrá el poder de la ironía, desencadenándose así una lucha de ironías que tendrá consecuencias importantes al final de la obra.

Esta aventura podríamos decir que es una “no aventura”. En ella Cervantes nos ofrece grandes expectativas. La aventura comienza con un gran suspense. El ruido es terrorífico, infernal. Gracias, a la habilidad de Sancho esperarán hasta el amanecer y a la luz del día descubrirán que realmente no había nada de lo que asustarse. 

Todas las situaciones aquí planteadas muestran con claridad el cambio de actitud en la relación entre escudero y caballero. El primer engaño que realiza Sancho abre la puerta o otros engaños que sucederán en la obra con posterioridad. Esto surgirá por la necesidad de Sancho de no quedarse sólo, en una situación que a él se le representa como pavorosa. El miedo le conduce a atreverse a engañar a su señor. Sancho encuentra la clave para conseguir convencer a don Quijote de cualquier cosa, le habla con su mismo lenguaje y de esta manera consigue lo que quiere. Asimismo, vemos que Sancho asciende de importancia en la obra, ya no es un mero escudero que se asombra de todas las situaciones y se deja dirigir por su señor. 



Capítulo vigésimo primero

Aquí aparece de nuevo el yelmo de Mambrino como elemento principal de la aventura que se desarrolla.

Don Quijote en esta aventura se deja llevar de las apariencias una vez más. Al ver algo brillar decide que tiene que ser el yelmo de Mambrino y no da oportunidad a la duda. todo lo arregla en su imaginación para que así sea: 

“De allí a poco, descubrió don Quijote un hombre a caballo, que traía en la cabeza una cosa que relumbraba como si fuera de otro, y aun él apenas le hubo visto, cuando se volvió a Sancho y le dijo: Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: Donde una puerta se cierra, otra se abre… “ 

“Digo esto, porque, si no me engaño, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramente que sabes.” 

“–respondió Sancho–; mas a fe que si yo pudiera hablar tanto como solía, que quizá diera tales razones que vuestra merced viera que se engañaba en lo que dice. 
-¿Cómo me puedo engañar en lo que digo traidor escrupuloso? –dijo don Quijote–. Dime, ¿No ves aquel caballero que hacia nosotros viene, sobre un caballo rucio rodado, que trae puesto en la cabeza un yelmo de oro? 
–Lo que yo veo y columbro –respondió Sancho– no es sino un hombre sobre un asno, pardo como el mío, que trae sobre la cabeza una cosa que relumbra.
–Pues ése es el yelmo de Mambrino –dijo don Quijote–”

Don Quijote consigue en esta aventura obtener el yelmo de Mambrino. Esto es una aventura caballeresca de gran alcance. Este “trofeo” de la aventura caballeresca tendrá una importante repercusión hasta muchos capítulos después, hasta el momento en que Sancho hace una de sus adaptaciones lingüísticas y le cambia de nombre llamándolo yelmo de Malino.

El yelmo de Mambrino, ya había sido presentado anteriormente en la obra, donde se contaba lo que le había costado a Sacripante conseguirlo. 

Como en otras ocasiones don Quijote adapta la realidad a su fantasía a pesar de las evidencias: 

“–¿Sabes qué imagino, Sancho? Que esta famosa pieza deste encantado yelmo, por algún extraño accidente debió de venir a manos de quien no supo conocer ni estimar su valor, y, sin saber lo que hacía, viéndola de oro purísimo, debió de fundir la otra mitad para aprovecharse del precio y de la otra mitad hizo ésta, que parece bacía de barbero, como tú dices.”

Así que, esta victoria compensa a don Quijote de todas sus desventuras anteriores. Incluso, Sancho, aunque de forma irónica, lo quiere presentar de esta manera diciendo: 

“–De qué ríes, Sancho? –dijo don Quijote. –Ríome  –respondió él– de considerar la gran cabeza que tenía el pagano dueño deste almete, que no semeja sino una bacía de barbero pintiparada.”

El yelmo de Mambrino pertenece a la literatura de Orlando, donde se cuenta la historia de este yelmo. Por este motivo resulta disparatado la identificación de don Quijote de una bacía de barbero con el importante yelmo.

Sin embargo, Sancho al recoger la bacía del suelo comenta: 

“Por Dios que la bacía es buena, y que vale un real de a ocho como un maravedí”. “Cuando Sancho oyó llamar a la bacía celada, no pudo tener la risa; mas vínosele a las mientes la cólera de su amo, y calló en a mitad della.”

Esta victoria le da al capítulo un aire victorioso. Desde este momento, ya no habrá más aventura en él. El desarrollo del capítulo a partir del momento de la obtención del yelmo será un diálogo entre caballero y escudero.

Sancho hará mención al ilustre historiador que pondrá por escrito las victorias de don Quijote.

Don Quijote contará una historia en la que a consecuencia de su valía como caballero se le terminará recompensado con la mano de una infanta y contará también las recompensas que conseguirá Sancho, concretándose en la ínsula Barataria.

En esta historia imaginaria, don Quijote narra una serie de situaciones muy frecuentes en los libros de caballerías. Esta narración está llena de arcaísmos y nombres cómicos.

La historia comienza con los verbos en tiempo futuro como si fuera algo que va a pasar. Más adelante, encontramos los verbos en presente y terminará  la narración con los verbos en pretérito como si fuera algo ya realizado. Este recurso del cambio de tiempo verbal imprime velocidad, brevedad y sensación de inmediatez. Asimismo, utiliza el asíndeton con la misma finalidad.

Al final, don Quijote habla del linaje. El está preocupado por el suyo  y dice a Sancho: 

“Porque te hago saber, Sancho que hay dos maneras de linajes en el mundo: unos que traen y derriban su descendencia de príncipes y monarcas, a quien poco a poco el tiempo ha deshecho y han acabado en punta, como pirámide puesta al revés; otros tuvieron principio de gente baja, y van subiendo de grado en grado, hasta llegar a ser grandes señores. De manera que está la diferencia en que unos fueron, que ya no son y otros son que ya no fueron; y podría ser yo déstos, que después famoso, con lo cual se debía de contentar el rey mi suegro…”

En la última parte hablan don Quijote y Sancho de títulos y Grandes de España también con cierta ironía:

”Los años pasados estuve un mes en la corte, y allí vi que, paseándose un señor muy pequeño, que decían que era muy grande, un hombre le seguía a caballo a todas las vueltas de daba, que no parecía sino que era su rabo. Pregunté que cómo aquel hombre no se juntaba con el otro, sino que siempre andaba tras dél. Respondiéronme que era su caballerizo, y que era uso de grandes llevar tras sí a los tales.”



Capítulo vigésimo segundo

El capítulo vigésimo segundo, comienza con un comentario humorístico, cuando llama autor arábigo y manchego a Cide Hamete Benengeli. Asimismo,  Cervantes consigue un tono jocoso cuando habla de una historia gravísima, altisonante, mínima, dulce e imaginada. Contrapone lo ligero y lo importante, lo humilde y lo presuntuoso.

A continuación, se narra el encuentro de don Quijote y Sancho con los galeotes. Don Quijote está siempre dispuesto a salvar a los débiles y a los oprimidos y por supuesto a arreglar las injusticias. 

En esta aventura, es advertido por Sancho, ya que don Quijote al ver a los encadenados quiere una explicación de aquella situación y Sancho le dice:

 “–Ésta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras.” “–No digo eso –respondió Sancho–, sino que es gente que por sus delitos va condenada a servir al rey en las galeras, de por fuerza.”

Pero don Quijote se empeña y contesta a Sancho: 

“–En resolución –replicó don Quijote–, como quiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan an de por fuerza, y no de su voluntad”

Así que, don Quijote exige una explicación por parte de los guardas. Estos le dicen al caballero que los propios galeotes le explicarán sus delitos. A través de estas explicaciones se expondrá la situación social de la época.

En este fragmento, se contraponen la justicia del rey que condena por sus delitos a esos jóvenes a servir en galeras con la justicia social y la misión de caballero que debe cumplir don Quijote. En el interrogatorio se establece una confusión lingüística ya que los galeotes se expresan en un registro y don Quijote lo interpreta en otro, lo que agrava su indignación, dejando clara su postura de oposición contra el maltrato hacia los humanos.

Cada uno le da su versión del delito que ha cometido, que el interpreta de tal manera que no consigue entender la situación. El momento más confuso para llega cuando interroga a un hombre de buen aspecto que dice llamarse Ginés de Pasamonte. Este hombre había sido condenado por estar “escribiendo su vida”. 

Don Quijote se siente, ante aquellos hombres, en la obligación de salir en su defensa pero en primera instancia quiere hacer las cosas de buena manera convenciendo a los guardas:

 “De todo cuanto me habéis dicho, hermanos carísimos, he sacado en limpio que, aunque os han castigado por vuestras culpas, las penas que vais a padecer no os dan mucho gusto, y que vais a ellas muy de mala gana y muy contra vuestra voluntad…” 

“Todo lo cual se me representa a mí ahora en la memoria, de manera que me está diciendo, persuadiendo y aun forzando, que muestre con vosotros el efecto para que el cielo me arrojó al mundo, y me hizo profesar en él la orden de caballería que profeso, y el voto que en ella hice de favorecer a los menesterosos y opresos de los mayores.”

 “porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres…” “ Pido esto con esta mansedumbre y sosiego, porque tenga, si lo cumplís, algo que agradeceros; y cuando de grado no lo hagáis, esta lanza y esta espada, con el valor de mi brazo, harán que lo hagáis por fuerza.”

El criminal escritor de su autobiografía tiene el mismo apellido que Gerónimo de Pasamonte. Este era un aragonés que fue soldado en Italia en el mismo tercio donde sirvió Miguel de Cervantes. Además, luchó en Lepanto y tuvo experiencias similares a las de Cervantes, ya que Pasamonte terminó también preso de los turcos en Argel y escribió su autobiografía Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte. 

Algunos estudiosos (Riquer) han identificado este personaje con Alonso Fernández de Avellaneda, defendiendo que este Jerónimo de Pasamonte fue realmente Alonso Fernández de Avellaneda, autor del Quijote apócrifo.

Esta aventura contrasta con la del capítulo anterior. En esta se intenta hacer una descripción de la realidad social de la época por medio de las historias que cuentan los galeotes a don Quijote, frente a la fantasía caballeresca del capítulo anterior. 

Podemos considerar este episodio como un cuadro satírico. Cervantes aquí habla de la justicia, de la picaresca y de la corrupción. El diálogo es ingenioso y esta lleno de equívocos.

Serrano Plaja explica que don Quijote impulsado por la “virtud entusiasta” al contemplar las cadenas y grilletes de los condenados, cree que “eso sólo es justicia, y, por lo tanto, injusto”(son ideas que Dostoievski recreará siglos después en sus novelas. Esta es la justificación de que el caballero se tome la justicia por su mano al margen de la ley.

Finalmente, don Quijote, en este capítulo libera a los galeotes haciendo alarde de los fines de la caballería medieval: luchar por la justicia y ayudar a los débiles y oprimidos. Aunque aquí, realmente, don Quijote tergiversa la situación y se extralimita en su función de justiciero llevado por su ofuscación mental.

Con esta aventura termina la serie de aventuras anteriores a la entrada de Sierra Morena.




Capítulo vigésimo tercero

Terminadas las aventuras anteriores don Quijote y Sancho entran en Sierra Morena. 

En este episodio comienza la aventura de Cardenio, que está incluida en las aventuras de don Quijote en Sierra Morena. Esta terminará cuando don Quijote y sus acompañantes regresen a la venta de Palomeque el Zurdo.

La aventura en Sierra Morena comienza cuando don Quijote y Sancho deciden retirarse para no ser capturados por la Santa Hermandad, después de haber liberado a los galeotes condenados por el rey.

Por consejo de Sancho, pero de acuerdo caballero y escudero decidirán retirarse a este agreste sitio, donde no les podrán encontrar.

A don Quijote le gusta la idea de adentrarse en esta Sierra, ya que le parece el lugar adecuado para que le sucedan emocionantes aventuras.

La primera aventura comienza con el hallazgo de una maleta de la que obtendrán algo de ropa para ponerse y también algún dinero que don Quijote permite que se lo quede Sancho. Asimismo, aparecerá un librito de memorias, donde están escritos poemas y cartas amorosas de algún enamorado.

Al poco tiempo, encontrarán en su camino un extraño hombre que casi desnudo y con el pelo largo y revuelto saltaba sobre unas rocas. Don Quijote piensa que la maleta debía de pertenecer a aquel sujeto. Como así será.

También encontrarán a la mula de Cardenio, muerta y destrozada por los animales carroñeros. 

En ese momento, ven a un cabrero que se acerca hacia ellos y les cuenta algunas cosas que sabía sobre aquella situación. Eran un joven de buen aspecto que llegó allí hace medio año para cumplir una penitencia. Con el pasar del tiempo, el joven se fue degradando y entrando en un estado de locura amorosa. 

En algunas ocasiones, Cardenio actuaba de forma razonable pero en otras se volvía agresivo. El joven solía mencionar a un tal Fernando que seguramente debía ser su oponente amoroso.

El capítulo termina con el encuentro y abrazo de don Quijote y Cardenio, los dos están presos de una locura amorosa. Los dos se observan y se contemplan con admiración. El caballero de la Triste Figura y el Roto de la Mala Figura.

En este capítulo, como en otras muchas ocasiones, se hacen recapitulaciones de hechos pasados o episodios futuros con el fin de fortalecer la unidad de la novela. En este caso se hace referencia a Marcela y Grisóstomo
22 de enero de 2017

Capítulos del 14 al 19


Capítulo decimocuarto

En este capítulo se cuentan los versos desesperados del difunto y otros sucesos. Esta parte del Quijote comenzó siendo la narración de una trágica historia de amor, que después pasa a ser un proceso contra Marcela, ya que muchos de los asistentes al entierro de Grisóstomo la veían como culpable de su muerte.

Aquí, se establece un contraste entre el lenguaje rústico y popular de los pastores cabreros que pudimos leer en el capítulo undécimo y el tono culto y pastoril del romance que leemos en este capítulo.

La canción está estructurada según el patrón métrico petrarquista, que consta de ocho estancias de dieciséis endecasílabos cada una y termina con cinco versos con un apóstrofe del poeta.

Asimismo, en la canción aparecen figuras mitológicas como Tántalo, castigado a no poder beber, estando rodeado de agua, y a no poder comer, estando rodeado de ramas de frutales llenos de fruta. Además, aparece también Sísifo, condenado a subir una enorme piedra a la cima de una montaña, que no podía sujetar y cada vez que estaba a punto de llegar a la cima se deslizaba montaña abajo.  

Aparece, también, la figura de Ticio, condenado a que su buitre le urge en las entrañas, así como Egión, castigado a permanecer atado a una rueda que gira eternamente, etc.

Parece ser que Cervantes ya tenía esta canción escrita con anterioridad al Quijote y por eso se vio en la obligación de hacer algunas aclaraciones a las contradicciones que presenta en cuanto a la virtud de Marcela.

“-Para que, señor, os satisfagáis desa duda, es bien que sepáis que cuando este desdichado escribió esta canción estaba ausente de Marcela, de quien él se había ausentado por su voluntad, por ver si usaba con él la ausencia de sus ordinarios fueros; y como al enamorado ausente no hay cosa que no le fatigue ni temor que no le dé alcance, así le fatigaban a Grisóstomo los celos imaginados y las sospechas temidas como si fueran verdaderas. Y con esto queda en su punto la verdad que la fama pregona de la bondad de Marcela; la cual, fuera de ser cruel, y un poco arrogante, y un mucho desdeñosa, la mesma envidia ni debe ni puede ponerle falta alguna.”

Continuando con nuestra lectura, encontramos que Ambrosio hace referencia a una tradición germánica por la que el muerto, en presencia del culpable de su muerte, vuelve a sangrar de sus heridas. A continuación hace alusión a Nerón y el incendio de Roma y a Tulia, esposa de Tarquinio, que hizo matar a su padre para que su esposo pudiera reinar. Aunque Cervantes dice de Tulia que es hija y no esposa como era en realidad.

–Vienes a ver, por ventura, ¡oh fiero basilisco destas montañas!, si con tu presencia vierten sangre las heridas deste miserable a quien tu crueldad quitó la vida? ¿O vienes a ufanarte en las crueles hazañas de tu condición, o a ver desde esa altura, como otro despiadado Nerón, el incendio de su abrasada Roma, o pisar arrogante este desdichado cadáver, como la ingrata hija el de su padre Tarquinio?.”

El parlamento que hace Marcela después de la canción de Ambrosio, es un canto a la concepción platónica del amor y de los conceptos de honestidad y, sobretodo, de la libertad de la mujer para elegir a su esposo. Además, Marcela transmite la idea renacentista de la naturaleza y la vida campestre.

Tanto del discurso de Marcela, como el de don Quijote, así como el epitafio de Ambrosio, se contraponen al lenguaje rústico del relato narrado por Pedro. 

Con la disertación de Marcela, esta contesta de forma casi inmediata a los versos leídos de Grisóstomo y el episodio al final termina con la ficción bucólica para pasar a dar importancia a la libertad de la mujer y la libertad en el amor.

En este capítulo, se juzga de una forma encubierta cuestiones como el matrimonio, la virginidad, el papel de la mujer en la pareja, la elección de vivir en soledad, etc.

El episodio terminará con don Quijote haciendo de juez, absolviendo a Marcela de toda culpa en relación con la muerte de Grisóstomo. Aunque, al final queda la causa abierta con el epitafio que Ambrosio manda grabar sobre la tumba.

Yace aquí de un amador
el mísero cuerpo helado, 
que fue pastor de ganado, 
perdido por desamor.

Murió a manos del rigor
de una esquiva hermosa ingrata, 
con quien su imperio dilata
la tiranía de amor.



Capítulo decimoquinto 

Uno de los rasgos principales de este capítulo es el diálogo. Elemento que ya  hemos visto que está presente desde la aparición de Sancho en la novela.

Cuando se encuentran escudero y caballero, apaleados en el suelo sin poderse mover, lo que les consuela es hablar y hablan largo y tendido a lo largo de casi seis páginas.

El afecto entre don Quijote y Sancho comienza a fortalecerse. Sancho empieza aquí su lento proceso de quijotización. En el diálogo utilizara el arcaísmo ‘feridas’ y además querrá el bálsamo de “feo Blas”

“El primero que se sintió fue Sancho Panza; y hallándose junto a su señor, con voz enferma y lastimada, dijo: 
–¡Señor don Quijote! 
–¿Qué quieres, Sancho hermano? –respondió don Quijote con el mesmo tono afeminado y doliente que Sancho.
–Querría, si fuese posible –respondió Sancho Panza–, que vuestra merced me diese dos tragos de aquella bebida del feo Blas, si es que la tiene vuestra merced aquí a mano. Quizá será de provecho para los quebrantamientos de huesos como lo es para las feridas.”

Asimismo, don Quijote comienza de forma afectuosa a aleccionar a Sancho para que este pueda evolucionar.

“–Con todo eso, te hago saber, hermano Panza  –replicó don Quijote–, que  no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma.”

“–Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas, para dar remedio a ellas –dijo don Quijote–. “

“–las feridas que se reciben en las batallas antes dan honra que la quitan”

En este capítulo, también se hace patente el optimismo de don Quijote, que quiere transmitir a Sancho la idea de que aunque hayan sido apaleados no lo han sido por otros caballero con lo que no tienen que sentirse ofendidos por ello.

Porque quiero hacerte sabidor, Sancho, que no afrentan las heridas que se dan con los instrumentos que acaso se hallan en las manos, Y esto está en la ley de duelo escrito por palabras expresas; que si el zapatero da a otro con la horma que tiene en la mano, puesto que verdaderamente es de palo, no por eso se dirá que queda apaleado aquel a quien dio con ella. Digo esto porque no pienses que, puesto que quedamos desta pendencia molidos, quedamos afrentados, porque la armas que aquellos hombres traían, con que nos machacaron, no eran otras que sus estacas, y ninguno dellos, a lo que se me acuerda, tenía estoque, espada ni puñal.

Aquí aparecerá de nuevo Cide Hamete Benengeli. Cervantes volverá a utilizar este elemento para relatar los hechos escudándose detrás de este narrador.

“Cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli que, así como don Quijote se despidió de sus huéspedes y de todos los que se hallaron al entierro del pastor Grisóstomo, él y su escudero entraron por el memos bosque donde vieron que se había entrado la pastora Marcela…”

También utiliza al narrador para hablar sobre el arte de la literatura y elogiar a los libros de caballerías, haciendo referencias a estos.

“Porque el valeroso Amadís de Gaula se vio en poder de su mortal enemigo Arcalaus el encantador, de quien se tiene por averiguado que le dio, teniéndole preso, más de docientos azotes con las riendas de su caballo, atado a una columna de un patio…”

“Y uno déstos fue Amadís, cuando, llamándose Beltenebros, se alojó en la Peña Pobre, ni sé si ocho años o ocho meses, que no estoy muy bien en la cuenta: basta que él estuvo allí haciendo penitencia por no sé qué sinsabor que le hizo la señora 
Oriana.”

Como consecuencia de esta aventura Rocinante se ve humanizado, incluso Sancho dice: 

“Mire vuestra merced si se puede levantar, y ayudaremos a Rocinante, aunque no lo merece, porque él fue la causa principal de todo este molimiento. Jamás tal creí de Rocinante, que le tenía por persona casta y tan pacífica como yo, En fin, bien dicen que es menester mucho tiempo para venir a conocer las personas, y que no hay cosa segura en esta vida.”

Cervantes había estructurado su obra en partes. La primera estaba formada por los capítulos iniciales hasta el capítulo noveno donde comienza la segunda parte, historia del vizcaíno. Entre el final de la aventura del vizcaíno y la de los yangüeses, Cervantes intercala el episodio de los cabreros. Esta historia rompía la continuidad del hilo narrativo. En la historia de los cabreros se hablaba del amor en un marco pastoril, el suicidio, la elección de la soledad, la independencia de la mujer, etc. En este capítulo decimoquinto Cervantes trata el amor caballeresco de una forma burlesca, comenzando el capítulo con Rocinante persiguiendo a las yeguas. Se trata del deseo animal, carnal.



Capítulo decimosexto

En este capítulo volvemos a ver a un don Quijote optimista que todo lo que ve le parece bello y bueno. Además, la dignidad es uno de los valores principales para él.

Convierte a Maritornes, muchacha ruda y casquivana en una bella princesa enamorada a la que no puede aceptar a causa de su amor y fidelidad hacia su Dulcinea.

“–Quisiera hallarme en términos, fermosa y alta señora, de poder pagar tamaña merced como la que con la vista de vuestra gran fermosura me habedes fecho; pero ha querido la fortuna, que no se cansa de perseguir a los buenos, ponerme en este lecho, donde yago tan molido y quebrantado, que, aunque de mi voluntad quisiera satisfacer a la vuestra, fuera imposible. Y más, que se añade a esta imposibilidad otra mayor, que es la prometida fe que tengo dada a la sin par Dulcinea del Toboso…”

Aquí vuelve a adaptar la realidad a su fantasía convirtiéndolo todo en un cuento maravilloso

“Esta maravillosa quietud, y los pensamientos que siempre nuestro caballero traía de los sucesos que a cada paso se cuentan en los libros autores de su desgracia, le trujo a la imaginación una de las extrañas locuras que buenamente imaginarse pueden; y fue que él se imaginó haber llegado a un famoso castillo –que, como se ha dicho, castillos eran a su parecer todas las ventas donde alojaba–, y que la hija del ventero lo era del señor del castillo, la cual, vencida de su gentileza, se había enamorado dél y prometido que aquella noche a futuro de sus padres, vendría a yacer con él una buena pieza; y teniendo toda esta quimera que él se había fabricado, por firme y valedera, se comenzó a acuitar y a pensar en el peligroso trance en que su honestidad se había de ver, y propuso en su corazón de no cometer alevosía a su señora Dulcinea del Toboso aunque la mesma reina Ginebra con su dama Quintañona se le pusiera delante.”

En este fragmento vemos también el cuidado con el que Cervantes prepara sus escenas: maravillosa quietud, famoso castillo, la hija del señor del castillo. Con estos elementos se desata su imaginación. Esto podría ser también una parodia de situaciones similares en las clásicas novelas de caballerías.

La escena en la que don Quijote tiene agarrada fuertemente a Maritornes es la expresión de deseo sexual más clara de toda la novela. Cervantes le da a la escena un tono burlesco de entremés con una serie de sucesos y personajes encadenados, en los que unos personajes se desean y se persiguen y apalean unos a otros, obteniendo así la escena una gran comicidad. 

En el capítulo anterior hablábamos ya de la quijotización de Sancho que aquí también se hace patente. Sancho habla de que hace un mes que salieron de su aldea cuando en realidad sólo han pasado tres días. También habla del tipo de caballero que es su señor y de las aventuras que tendrán que correr y los beneficios que sacarán de ellas. 

“–¿Cómo se llama este caballero? –preguntó la asturiana Maritornes.
–Don Quijote de la Mancha –respondió Sancho Panza–; y es caballero aventurero, y de los mejores y más fuertes que de luengos tiempos acá se ham visto en el mundo.”

“–Pues ¿cómo vos, siéndolo deste tan buen señor –dijo la ventera–, no tenéis, a lo que parece, siquiera algún condado?
–Aún es temprano –respondió Sancho–, porque no ha sino un mes que andamos buscando las aventuras, y hasta ahora no hemos topado con ninguna que lo sea.”

En este fragmento además de la quijotización de Sancho, podemos observar un juego de palabras. Don Quijote y Sancho no han encontrado ninguna aventura real hasta el momento y tampoco han encontrado aún ningún suceso venturoso en el camino.


Capítulo decimoséptimo

En este capítulo don Quijote confecciona por primera vez el Bálsamo de Fierabrás.  Don Quijote trás vivir una noche desastrosa llena de incidentes de todo tipo, toma el bálsamo y después de vomitar y dormir durante tres horas, se despertará absolutamente restablecido. Sin embargo, al pobre Sancho no le sucede lo mismo. Los dos, caballero y escudero, llegan a la conclusión de que el bálsamo sólo funciona si el que lo toma ya ha sido armado caballero.

Los hechos ocurridos en este capítulo llevan a Sancho a una situación desastrosa; vapuleado, manteado y casi envenenado por el bálsamo de fierabrás. 

Cuando llegan a la venta, Sancho advierte a don Quijote de que el lugar en el que se quieren alojar no es un castillo como el caballero pretende sino una venta. Don Quijote no tiene en cuenta la advertencia de Sancho, pero cuando al final del capítulo se despide del ventero y este le hace saber que debe abonar la cuenta y que aquello es una venta, lo admite sin problema y declara haber estado engañado durante todo el tiempo que allí había permanecido. Así, podemos ver que don Quijote admite la realidad dependiendo de la autoridad que ejerza la persona que se comunique con él.

Esta diferencia entre fantasía y realidad se refleja en el lenguaje que utiliza don Quijote. Podemos tomar como ejemplo, cuando don Quijote se despide del ventero con la idea de que es el señor del castillo se dirige a él y le ofrece sus servicios como caballero, utilizando arcaísmos caballerescos. Pero, cuando el ventero le exige el pago de su estancia en la venta, don Quijote cambia su registro y se dirige al ventero con un lenguaje llano y corriente.

Aquí, termina la narración de la obra como pretexto para criticar otras obras, como los libros de caballerías y dará comienzo las aventuras del Quijote según la imaginación del propio autor que utiliza la figura de Quijote y Sancho para ejemplificar de forma cómica.

El lenguaje de Sancho, en proceso de quijotización, se va transformando y utiliza arcaísmos que le dan un tono más culto, un mayor contraste con la realidad (Maritormes tenía una fealdad real que contrasta con la hermosura imaginaria que le otorga don Quijote)  y al mismo tiempo aumentan su comicidad: 

“Pero dígame, señor, ¿cómo llama a ésta buena y rara aventura, habiendo quedado della cual quedamos? Aun vuestra merced menos mal, pues tuvo en sus manos aquella incomparable fermosura que ha dicho, pero yo ¿qué tuve sino los mayores porrazos que pienso recebir en toda mi vida?.”

En este mismo capítulo, aparece otro ejemplo de la quijotización de Sancho cuando le pide al cuadrillero los ingredientes para realizar el bálsamo de fierabrás y utiliza algún arcaísmo caballeresco: 

“–Señor, quien quiera que seáis, hacednos merced y beneficio de darnos un poco de romero, aceite, sal y vino, que es menester para curar uno de los mejores caballeros andantes que hay en la tierra, el cual yace en aquella cama malferido por las manos del encantado moro que está en esta venta.”

Así que el tono cómico, en ocasiones, arcaizante y la forma en que Sancho va adquiriendo algunos rasgos del habla de don Quijote en la conversación tanto entre Quijote y Sancho, así como con otros personajes que se encuentran en la venta, será uno de los rasgos más relevantes de este capítulo.


Capítulo decimoctavo

En este capítulo podemos observar el talento artístico de Cervantes que le concede a don Quijote el talento de describir a los ejércitos con todas sus armas y escudos llenos de fantasía y color.

La descripción es tan real y convincente que en un primer momento Sancho cree que es cierto lo que don Quijote le describe y piensa que es el que no ve la realidad.  Por otra parte, don Quijote ve la realidad cuando se ve derribado por los pastores. Aunque le dice a Sancho que si va detrás de los rebaños verá cómo se convierten en ejércitos, la realidad es que le entretiene para que en vez de ir detrás le ayude y se olvide del asunto.

Quijote y Sancho salen de nuevo a los caminos en busca de nuevas aventuras y por supuesto, es imposible no encontrarlas. A pesar de la recomendación de Sancho, que en un primer momento, después del manteo sufrido en la venta, pide a su caballero que retornen a la tranquilidad de su casa.

Don Quijote no quiere ver el mundo según su realidad, el quiere que el mundo sea otro, más emocionante y lleno de color. Por este motivo, no ve la realidad de los rebaños sino que prefiere seguir lo dictado en los libros de caballerías, que es mucho más emocionante. No se trata de alucinaciones consecuencia de su locura, sino de imaginación literaria. 

Cualquier asunto que encuentren en el camino, que a don Quijote le recuerde algún hecho literario de los libros de caballerías, hará que su imaginación comience a desbordarse. Cuando esto sucede no hay nadie que pueda quitarle de la cabeza su fantasía y esto Sancho lo conoce muy bien. 

Además, siempre hay alguna magia o fantasma que pueda justificar sus derrotas. Nunca admitirá su equivocación, incluso llega a decirle a Sancho que es él el que no ve la realidad cegado por su miedo, haciendo con esto alusión al perspectivismo, otro de los temas principales de la obra.

Como es posible que en esta aventura pudiera don Quijote describir con tanto detalle las armas y los escudos con todas sus formas y colores entre tanta polvareda.: 

“Pero estáme atento y mira, que te quiero dar cuenta de los caballeros más principales que en estos dos ejércitos vienen. Y para que mejor los veas y note, retirémonos a aquel altillo que allí se hace, de donde se deben de descubrir los dos ejércitos”.
Hiciéronlo ansí, y pusiéronse sobre una loma, desde la cual se vieran bien las dos manadas que a don Quijote se lo hicieron ejército, si las nubes de polvo que levantaban no les turbara y cegara la vista; pero, con todo esto, viendo en su imaginación lo que no veía ni había, con voz levantada comenzó a decir: …”

Sin embargo, Cervantes después de narrar un episodio lleno de fantasía siempre vuelve a la realidad más prosaica. En esta aventura de los rebaños el contraste es enorme. La narración de los ejércitos está llena de poesía y colorido pero al final del capítulo esta magia y fantasía desaparecen cuando don Quijote vomita como efecto del bálsamo y Sancho hace lo mismo, en su caso movido por el asco que le produce el vómito del caballero sobre sus propias barbas.

Para terminar el capítulo imprime al texto de un dulce patetismo entre Señor y escudero. Asimismo utiliza otro de sus tópicos: el caballero tiene que sufrir.



Capítulo decimonoveno 

En este capítulo aparece por primera vez don Quijote como el Caballero de la Triste Figura. Este apelativo es fruto de la admiración que siente Sancho por don Quijote. Don Quijote se sentirá muy satisfecho de este nombre que le introduce en la lista de famosos caballeros y que el propio don Quijote enumera. 

La tradición de otorgar un nombre al caballero se remonta al siglo XII en las novelas artúricas francesas de Chrétien de Troyes, que fueron el origen de la tradición literaria de los libros de caballerías en Europa.

En estos libros de caballeros se concedía un nombre al caballero una vez que este había llevado a cabo algunas aventuras con éxito. Este nombre que se le concedía al caballero funcionaba como una seña de identidad propia y pública. Es decir, les otorgaba la fama de caballero heroico conocido por sus hazañas. 

Cuando Sancho le otorga el título de Caballero de la Triste Figura, para don Quijote es un honor que se le concede tras la victoria con los encamisados.

Este sobrenombre remite al príncipe Deocliano, de la novela Don Clarián de Landanís de 1518, al que llaman el Caballero de la Triste Figura, debido al rostro de una doncella triste y llorosa que llevaba pintada en su escudo.

El título de Caballero de la Triste Figura es ambiguo en cuanto a su significado. La triste figura no sabemos si se refiere a un estado anímico o al aspecto de don Quijote, delgado, apaleado y con la falta de muelas que le había dejado la pedrada de los pastores en la anterior aventura. Así que este título que don Quijote siente como un honor lleva también una parte patética en cuanto a su aspecto y una parte cómica referida también a su aspecto así como a lo que representa.

Don Quijote acepta el título de Caballero de la Triste Figura como si en cierto modo reconociera la gran diferencia que había entre los grandes caballeros, héroes de los libros de caballería y él que a duras penas conseguía llevar a buen término alguna de sus aventuras.

El tratamiento del narrador en este capítulo es también interesante. El narrador aparece como un todopoderoso que puede hacer lo que quiera con los personajes. Los personajes terminarán diciendo lo que el narrador quiera. Al final de esta aventura Cervantes hace decir a Sancho cosas que realmente él quiere decir y don Quijote es consciente de este poder y achaca lo que le pasa a ese poder del narrador. Cervantes pone en boca de don Quijote que el autor hace decir a Sancho algo que en realidad es el propio autor el que lo quiere decir. 

En cuanto al lenguaje vemos que Sancho sigue confundiendo las palabras debido a su adaptación a la etimología de palabras populares. Sancho cambia el nombre de Mambrino por el de malandrín con su significado de bellaco. 

Aparece la expresión ‘modos hay de composición’ que se refiere a las bulas de composición que las concedía la iglesia a los que deseaban restituir bienes ajenos pero sin dueño conocido.

Una de las partes de esta aventura que también llama la atención es la conversación de don Quijote con el bachiller. Los grados universitarios de la época eran bachiller, licenciado y doctor. Alonso López, en un principio, se presenta como licenciado aunque más adelante se corrige y dice que es bachiller y don Quijote lo tratará como tal. Pero lo que más llama la atención y resulta incoherente en esta conversación es la coherencia, la agilidad, el ingenio y el humor que muestra el bachiller que con la pierna quebrada, como el dice, es capaz de seguir la conversación con don Quijote con toda tranquilidad.

La diferencia entre la aventura narrada en este capítulo y las anteriores es que realmente la escena parecía tener algo fantasmagórico e irreal no sólo producto de la imaginación de don Quijote. Esa procesión nocturna de encamisados con hachas encendidas en la soledad nocturna del bosque parecía, realmente, una imagen del otro mundo.  En esta aventura la realidad está a la misma altura que la imaginación de don Quijote. 

A consecuencia de la extraña realidad que se presenta ante sus ojos Sancho no discute con don Quijote intentándole convencer de la irrealidad de la aventura. Todo lo contrario, aquí el escudero siente una profunda admiración por su señor que sin pensarlo arremete contra aquello que realmente parecía algo maligno.

La aventura en el bosque con la comitiva nocturna tiene algo de  relato maravilloso, que son relatos breves de origen popular y en los que intervienen seres sobrenaturales y suceden situaciones mágicas.